"Nos está matando lentamente": Christina Applegate rompe el silencio sobre su enfermedad y un pasado oscuro

La actriz de "Married... with Children" revela en sus memorias los abusos sufridos desde los cinco años y la cruda realidad de la esclerosis múltiple: "Estamos agotadas de una manera que no entenderán".

Christina Applegate.
Christina Applegate.
Foto: AFP.

Christina Applegate no iba a reunirse en persona, por más veces que yo le prometiera ser flexible si tenía que cancelar por un brote de su esclerosis múltiple. Era por Zoom o nada, lo cual estuvo bien, porque Applegate, de 54 años, ganadora de un Emmy y estrella de Married... with Children (Casados con hijos) y Dead to Me, entre muchas otras series y películas desde su debut en 1972 en Days of Our Lives, resultó ser una anfitriona virtual impecable.

Antes de que empezáramos a hablar de sus memorias, You With the Sad Eyes, Applegate describió la escena desde su dormitorio, en el barrio de Laurel Canyon, en Los Ángeles, donde estaba recostada contra un alto respaldo de cama. “En este momento mi mesa de luz es un desastre”, dijo. Levantó una botella tamaño familiar y un bowl de papitas sabor barbacoa. Después sacó de entre el desorden un dilatador nasal y mostró cómo funcionaba, y señaló fotos de su padre, tulipanes que le había mandado su madre y todos los tatuajes visibles que tiene la cintura para arriba: el nombre de su hija, el de su gato fallecido y uno que decía: “And so it is” (“Y así es”).

Finalmente presentó a Jake Ryan, su almohadilla térmica (bautizada así por el interés amoroso de la película Se busca novio), y a un muñeco azul, blando, de apoyo emocional, cuyos brazos se coloca sobre los hombros cuando está estresada.

—Tengo miedo —dijo cuando la charla derivó hacia el libro que acaba de salir—. Seguro voy a llorar.

Durante años, Applegate fue conocida como una actriz rápida para hablar y para hacer reír, pero, como anticipa el título inspirado en Cyndi Lauper, You With the Sad Eyes —que aún no llega a Uruguay— difícilmente venga con risas grabadas. El libro se concentra sobre todo en sus primeras tres décadas de vida e incluye múltiples relatos de abuso que inician cuando tenía cinco años.

Está la vecina que oficiaba de “cuidadora” y la obligó a practicarle sexo oral. (“Acá es donde la historia se oscurece casi hasta el negro”, escribe Applegate). Está el novio de su madre, que la levantaba del pelo y la arrojaba contra una pared. Y finalmente está su propio novio, que le golpeó la cabeza contra el piso con tanta fuerza que la peluquera de Married... with Children tuvo que ingeniárselas para disimular la hinchazón.

Como resume ella misma: “Yo iba a trabajar y era gracioso. Pero volvía a casa y… nada de gracioso”.

Más allá de la violencia —y es un “más allá” enorme—, el libro logra ser jugoso, frontal y hasta divertido, como ella misma. Ya retirada de la actuación, hoy conduce el pódcast MeSsy junto a Jamie-Lynn Sigler, donde hablan de los desafíos de vivir con esclerosis múltiple.

Esta conversación fue editada por extensión, claridad y por el lenguaje colorido —hay que decirlo— que Applegate usa con frecuencia y con notable precisión.

—¿Cómo te sentís hoy?

—Estoy teniendo problemas para caminar porque el clima está rarísimo. Hace un rato estaba vomitando. Ya descubrimos que no puedo comer penne alla vodka. Pero si como papaya con lima y cerezas, al otro día no vomito. Si como cualquier otra cosa, soy un desastre.

—Pasaron cuatro años desde que terminaste la última temporada de Dead to Me. ¿Por qué decidiste escribir unas memorias?

—Trabajé todos los días durante 50 años y de pronto estaba acá, como frenada en seco. Un agente me preguntó si quería escribir un libro. Le dije: “Supongo que ahora es el momento porque estoy tremendamente aburrida. Se me terminaron los episodios de The Real Housewives, así que mejor escribo uno”. Dos años y medio después, acá estamos.

Christina Applegate y Linda Cardellini en "Dead to Me". Foto. Netflix

—Antes del libro, ¿cada cuánto volvías a leer esos diarios?

—Nunca, querida. Estaban guardados en una caja de acero ignífuga y mi asistente, que también es mi mejor amiga, tenía instrucciones de quemarlos cuando yo muriera. Pero hace poco mi hija estaba atravesando algunas cosas y quise que viera que no estaba sola. Encontré un diario de cuando yo tenía unos 15 años y le dije: “Llevate esto a tu cuarto”. Y ella me dijo: “Mamá, estabas muy mal”. Y yo le contesté: “Sí, pero estoy acá para vos. Te entiendo”.

—¿Qué fue lo que más te costó volver a atravesar?

—Tener cinco años y haber sido abusada. Ni siquiera puedo decirlo sin llorar. Quise contar lo que pasó porque sé que muchísima gente pasó cosas así. Estoy acá para ellos. Escríbanme, hablemos, armemos comunidad. Porque eso es todo lo que tengo.

—Volvamos a Laurel Canyon en los años 70 y 80. ¿Cómo era?

—Ese olor de las hojas en el suelo después de la lluvia era incomparable. Llegar a casa y que tu mamá estuviera ahí, con el fuego prendido en la chimenea y sahumerios encendidos. Los chicos corriendo cuesta abajo de una casa a otra. Éramos todos hijos de madres solteras; confiaban en nosotros. Esas son las cosas que todavía me dan belleza, amor. Pero también era rarísimo, sobre todo cuando apareció la cocaína. Y detrás de nuestra puerta cerrada había algo tan aterrador, con ese hombre y mi mamá. Lo veo con total claridad. Puedo oler el whisky en su aliento; ver esos ojos clavados; el sándwich de atún en la mano, el cigarrillo en la boca mientras cabeceaba vencido.

Christina Applegate en "Dead to Me". Foto: Netflix
Dead To Me
Saeed Adyani / Netflix/Saeed Adyani / Netflix

—Después de volver a entrar en ese mundo, ¿qué le dirías ahora a tu yo más joven?

—Que él no valía la pena. Muchísimo tiempo de mi vida y de mi cabeza estuvo tomado por la idea de que el corazón roto me iba a matar. Y vaya si esa chica no tenía idea de todo lo demás que se le venía encima. Tuve cáncer, tengo esclerosis múltiple. Siento ganas de abrazarla, aunque probablemente me apagaría un cigarrillo en la cara. Y además le diría: tonta, no fumes a los 13.

—¿Qué sentiste al tener el libro en tus manos?

—Definitivamente no sentí catarsis ni cierre. No podés simplemente decir “ya está” y dejar de pensar en eso. No necesito cerrar el libro de golpe; esta es mi vida y forma parte de mi fibra, de mi ser, de mi ADN, de mi nivel celular. Para mí es más bien: todo esto pasó. ¿Cómo puedo ayudar a otros?

—¿Qué te gustaría que la gente entendiera sobre lo que significa tener esclerosis múltiple?

—Que se siente como empujar una roca enorme cuesta arriba. Mi amiga Cindy y yo queremos escribir un folleto que se llame “Esclerosis múltiple para idiotas”. Vamos a repartirlo para que la gente entienda: esto nos está matando lentamente, gente. Punto final. Sea en 20 años o en 30, la enfermedad nos va quitando funciones. No quiero escuchar nada sobre tu tintura milagrosa de aceite de soja con agua. Gracias, no. Estamos agotadas. Agotadas de una manera que ustedes jamás van a entender. Jamás. Me despierto y tengo las manos acalambradas. No puedo mover la cabeza, no puedo caminar hasta el baño. Así que no me digan: “Qué bien te ves hoy”. No quiero escucharlo. Solo ayúdenme a levantarme. Eso es todo.

Elisabet Egan / The New York Times

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar