Mateo Piaggio es periodista de profesión y poeta en sus tiempos libres, pero El baño de Whitney, su primer libro, reúne cinco cuentos policiales.
Algunos de ellos están basados en noticias de la vida real algo que Piaggio adjudica a su trabajo en prensa. Integra la sección Nacional de El País, y fue periodista de El Observador.
Participó, además, en talleres de escritura con Ramiro Sanchiz y Mercedes Estramil y publica su poesía en redes sociales.
Publicado por Estuario, El baño de Whitney está marcado profundamente por lo uruguayo ya sea por sus personajes o su contexto. La estructura del género, le contó a El País, le permitió jugar con personajes y experimentar con historias que le gustaran.
Este martes Piaggio presentará El baño de Whitney en Alianza Francesa a las 19.00. Participarán Emmanuel Bremerman y Cecilia Ríos.
Este es un resumen de la charla de Piaggio con El País.
—El libro explora distintos estratos socioeconómicos. ¿Fue un desafío entender los deseos, necesidades e impulsos de cada uno?
—Escribo muchos diálogos, más allá de que me gusta leerlos, porque con ellos voy conociendo a los personajes. Aparecen solos, hay que dejarlos hablar teniendo en cuenta algunas nociones de dónde vienen y el rol que tienen.
—Venís del mundo de la poesía. ¿Qué te pareció atractivo de escribir en prosa?
—Sería divertido vender este libro como un libro de cuentos policiales escrito por un poeta. A mí siempre me gustó escribir narrativas. Empecé los 15 y la poesía entró a los 20. Me gusta crear historias porque es lo que hacía de niño cuando jugaba. No importa qué hice durante el día, si no escribí, siento que perdí el tiempo. Todo lo que me pasa lo llevo para el lado de pensar si puedo sacarle algo para escribir. Lo que sí me pensé cuando empecé a crear historias es que no necesitás plata o recursos para hacerlo. Lo podés hacer gratis.
—Sos periodista, ¿la realidad es un combustible para crear ficción?
—Saqué muchas cosas de la realidad porque cuando estaba escribiendo este libro trabajaba en breaking news. Trato de escribir sin pensar demasiado. Si ese día había leído una nota de que habían matado a una mujer en la Noche de la nostalgia, capaz lo metía en un cuento. El complejo de viviendas policial que aparece en el último cuento surgió porque un policía del sindicato me había contado sobre uno abandonado por el Estado y me quedó en la cabeza. Cuando traes algo de una experiencia personal, eludís todo peligro de caer en clichés.
—¿Qué vínculo tenías con el género antes de escribir El baño de Whitney?
—No más fuerte que con otros géneros como la ciencia ficción. Quiero escribir cosas que cualquier persona pueda disfrutar. Si queremos que se lea más la literatura uruguaya, tenemos que hacer cosas que no tengan ritmo de oficina pública. No digo que toda la literatura uruguaya sea así, pero si querés que lean más autores uruguayos, tenés que actuar de acuerdo con eso. Creo que podés engañar a alguien haciéndolo creer que estás leyendo algo simplemente que es divertido sin que se dé cuenta de que le inyectás algo de veneno literario.
El policial me daba eso. Sabía que escribir una historia sobre la investigación de un homicidio me permitía decorarla como quisiera y ponerle todo lo que me gusta. Al lector promedio le va a entretener y va a querer saber quién es asesino. Fui descubriendo el género a través de pensar qué podía hacer que sea atractivo para la mayoría de las personas y que a la vez me permitiera crear como me gusta.
—¿Influye el país en el que se escribe el género policial?
—Creo que sí. Me gusta que el arte en general esté hiperlocalizado, porque eso es lo que te distingue. Creo que tiene que ser lo más específico posible y delimitarlo a tu país, eso te saca la posibilidad de hacer literatura que puedan estar escribiendo otros millones de personas. Igual tuve que empaparme del género policial uruguayo.
—¿Y qué tiene de particular el género en Uruguay?
—Hay dimensiones sociales que influyen mucho en las historias policiales que leemos en las noticias. Por ejemplo, la desigualdad o el quiebre que hay con ciertos barrios. Entonces, cuando hacés un policial uruguayo, debe tener esos elementos propios. Lo que me inspira es lo que tengo alrededor y yo vivo en Uruguay.
—¿Se escribe para uno o para los demás?
—Como artista podés hacer muchísimas cosas. Vos sos una herramienta para crear. Hoy me interesa escribir algo que no le dé la espalda a la gente. No me gustan los escritores que escriben sin importarle si la gente los va a leer, eso de “voy a usar cuatro páginas para describir mi cuarto y si te aburre, dejá de leer, andá a ver Netflix”. Quiero hacer algo que a mí me guste, pero también quiero sentir que es algo nuevo.
Como periodista, te enfrentás todo el tiempo a que la gente te está leyendo. Eso hizo que quiera escribir cosas que cualquier persona pudiera entender. Podés encargarte de que la gente entienda la historia que estás narrando, pero también sumar cosas que solo van a ser apreciadas por aquellos que aman la literatura.