Guillermo Zapiola
No hay nada más exitoso que el éxito, y aquel Hombre Araña que Sam Raimi dirigió hace dos años con Tobey Maguire en el papel protagónico iba inevitablemente a generar el Hombre Araña 2 que se estrena mundialmente el próximo miércoles 30 de junio, incluyendo una función trasnoche en el Uruguay. Arañita vuelve al ataque con el respaldo de una parte del mismo equipo creativo, con Maguire nuevamente en el papel central, Kirsten Dunst en el de su enamorada Mary Jane y varios de los secundarios.
Quien se abrió del proyecto es el guionista David Koepp, lo que acaso sea una ventaja. La historia de este regreso del Hombre Araña ha corrido por cuenta del talentoso dúo Alfred Gough y Miles Millar, los responsables de la serie televisiva Smallville (una de las pocas relecturas inteligentes que se conozcan de Superman, el superhéroe cuadrado por excelencia), y la redacción final del guión quedó a cargo del veterano Alvin Sargent (Julia de Fred Zinneman y otras), un hombre que conoce el oficio.
Nuestro héroe sigue siendo un ‘loser’, al principio se lo ve trabajando sin mucha suerte como repartidor de pizza, y soporta la prepotencia del señor Jameson, el director del diario para el cual trabaja como fotógrafo ‘free lance’. Para peor se niega a declararle su amor a Mary Jane porque teme involucrarla en los peligros derivados de su doble personalidad, y arriesga perderla para siempre. Por si todo eso fuera poco, entra en cuadro un nuevo villano, el Dr. Octopus (Alfred Molina), a quien un accidente de laboratorio ha convertido en un monstruo dotado de poderes excepcionales.
Todo ello genera por supuesto una aventura poblada de acción y efectos especiales, aunque el director Raimi ha tenido el buen criterio de no jugarse únicamente a ella. Cineasta y guionistas se toman su tiempo para trabajar sobre los personajes y sus reacciones, perfilando psicologías de cierta consistencia y dotando a la historia de una dosis de profundidad y capacidad de emoción. Al final quedan algunos deliberados cabos sueltos para habilitar la existencia de un Hombre Araña 3 y los que probablemente vendrán después.
ANTECEDENTES. Es curioso. Los dos superhéroes más famosos del ‘comic’, Superman y Batman, pertenecen a una empresa rival, la D.C. Comics. Sin embargo, la principal productora del género y la asdf que ha aportado más personajes perdurables a lo largo de las últimas seis décadas es seguramente la empresa Marvel Group, cuya filial cinematográfica está tras la versión fílmica de El Hombre Araña dirigida por Sam Raimi.
No es difícil entender como muy consciente la vocación de Marvel por proporcionar héroes más ambiguos, más complejos, menos maniqueos que los de D.C., o por lo menos que el arquetípico Superman, ese "modelo de conciencia cívica totalmente carente de conciencia política", según lo definiera alguna vez Umberto Eco (menos poderoso y más sombrío, Batman encierra sin embargo alguna complejidad interesante). Pero sería sobre todo Marvel quien ofrecería los personajes más elaborados: el propio Hombre Araña, la Cosa del Pantano (ese monstruo de buen corazón capaz de viajar hasta literalmente el mismo infierno para rescatar, como Orfeo, a su enamorada), los Cuatro Fantásticos, los Hombres X, el mucho menos interesante Hulk (realmente, ¿qué se puede hacer con un tipo que se vuelve verde, crece y rompe todo cada vez que se enoja?). Más allá de diferencias individuales, casi todos esos personajes experimentan una relación conflictiva con sus superpoderes, sienten a menudo la tentación de usarlos en provecho propio o abandonar su cruzada por la justicia, se encuentran a menudo al borde de la neurosis o más allá. Encarnan, más naturalmente que el monocorde Superman, las necesidades, aspiraciones y hasta inseguridades de un lector que por un lado envidia sus capacidades extraordinarias pero que por otro no está del todo seguro de que constituyan una bendición.
La violencia tampoco es la apuesta esencial de la serie, aunque por supuesto el personaje deba apelar a ella en más de un momento para llevar adelante su cruzada justiciera: al igual que los efectos especiales, el director Raimi la utiliza funcionalmente, al servicio de la historia y no como un objetivo en sí mismo. Buenos conocedores de la tradición del ‘comic’ y en particular de la compleja personalidad de Arañita, el director Raimi y sus libretistas dedican toda una franja de su relato a las relaciones entre los personajes, las inseguridades de su adolescente protagonista que además de todos los problemas habituales de su edad se encuentra sin saber muy bien qué hacer con sus inesperados superpoderes, más los otros problemas de un romance no resuelto con la encantadora vecina. Ni siquiera los villanos (el Duende Verde de Willem Dafoe en el film anterior, el Dr. Octopus ahora) son pérfidos de una sola pieza: ambos tienen sus propios conflictos con su lado oscuro.
APOGEO. Decididamente, es un período de auge para los superhéroes. Marvel llegó a un acuerdo con la empresa Columbia para el traslado a la pantalla de una docena de sus casi 4.700 personajes de historieta. El director chino Ang Lee (el de El banquete de bodas y El tigre y el dragón) rodó para la empresa Universal una versión de El increíble Hulk, y Ben Affleck interpretó al abogado ciego y superpoderoso Daredevil en una película de la Fox, los X-Men han aparecido ya en dos películas, ya hay una Catwoman con Halle Berry y se anuncia el inminente estreno local de Hellboy y The Punisher, otros dos justicieros provenientes de las historietas. También Warner retiene los derechos de los principales personajes de la rival de Marvel, D. C. Comics, y está estudiando seriamente la posibilidad de relanzar a Superman y Batman. Y la televisión está acompañando el movimiento: la producción televisiva Smallville (que actualmente puede verse en el Uruguay por Warner Channel, los martes a las 22) se ocupa de las andanzas de un Superman adolescente. Ya se ha señalado que sus creadores Gough y Millar hayan sido reclutados para escribir este nuevo Hombre Araña que se estrena ahora.