Rebar
Por primera vez en muchos años, ayer he discutido con mi médico. El diálogo se deslizaba con absoluta calma, hasta que me dio su diagnóstico con una convicción un tanto insolente:
—Decididamente, lo suyo no es estrés...
—¿Cómo que no es estréss?... (salté indignado) ¡¿De dónde saca Ud. ese disparate?! ¡Toda la gente importante y actualizada lo tiene... y Ud. me dice que yo no lo tengo!
Salí del consultorio irritado como nunca y con una firme decisión: me conseguiré un estrés a cualquier costo. Hay psicólogos que los brindan en oferta, pero si fallo con ellos iré a un psiquiatra cueste lo que cueste. Yo sin estrés no me quedo. Quiero estar al día con todos los males de la última zafra: prefiero estar estresado y no atrasado; porque ya se sabe que en la próxima edición del Diccionario de la Real Academia Española, la palabra "atrasado" aparecerá con una nueva acepción: "dícese del individuo que no tiene estrés".
Y hay otra moda, que avanza CADA NOCHE: la sexología. Yo estoy en una edad en que puedo prescindir del sexólogo; pero hay ciudadanos comunes que como ahora no tienen FUNCION DE TRASNOCHE, lo consultan a menudo por DISFUNCIONES.
Tan importante se ha puesto el asunto, que muchos ejemplares de ambos sexos (hace tiempo que se viene hablando de los tres sexos, de tan evolucionados que estamos) que no hay cumbre de ex presidentes en que —luego de preocuparse los países ricos por la seguridad de que los países pobres seguirán siéndolo— se deje de tratar el temita del sexo... registrándolo en las conclusiones finales con un CONSIDERANDO: "que el ex presidente y ex colega nuestro Bill Clinton, lo exaltó (el sexo) en sus sucesivos períodos, etc., etc.
En Londres, por ejemplo, el estratega económico James Montier, después de reflexionar y filosofar sobre el dinero y su influencia en la felicidad, resolvió aconsejar a sus clientes que no pierdan el SESO buscando ingresos mayores, y en cambio dediquen más tiempo al SEXO (Y el hombre debe saber algo de balances).
A escala animal, la apatía sexual también preocupa. Aquí no intervienen los sexólogos, sino los veterinarios chinos que cuidan de Hua Mei, la osa panda que nació en cautiverio, y en materia de apareamientos entre pandas es la nieta de la pavota. Es muy linda, graciosa y juguetona... pero, en aquello otro, a la hora de los postres todavía está poniéndose la servilleta.
Los chinos viven obsesionados por la amenaza de la extinción de los osos panda, convertidos en símbolo nacional: para salvar la especie, es imprescindible la reproducción; y una de las candidatas para aliviarles el susto es, justamente, Hua Mei. En vista de la ignorancia sexual de la hembrita, resolvieron poner MANOS A LA OSA; y le prepararon UNA CITA A CIEGAS mediante la proyección de un video de educación sexual, en varias sesiones. Hua Mei acusó el impacto: en setiembre habrá oseznos. El autor de la idea se jacta de su acierto, y lo explica en verso:
Para salvar a los osos panda hay que pasarles videos sin tanda.