En muchos sentidos, Tim Burton es el modelo mismo de un cineasta independiente modelo. De hecho, si combináramos a Woody Allen con Wes Craven, y le agregáramos una pizca de David Lynch, obtendríamos algo parecido a Tim Burton.
Realiza películas muy personales que expresan su sensibilidad artística, mezcla de melancolía sardónica y un romanticismo mordaz que no es nada típico del Hollywood convencional. Trabaja repetidamente con los mismos actores, a veces con su compañera del momento, y le encanta cruzar las fronteras entre géneros, yendo de las películas de acción a las musicales, de biografías poco convencionales a la animación.
Lo curioso es que Burton no es un cineasta independiente. Prácticamente todas sus películas han sido producidas por grandes estudios y muchas han alcanzado alturas de grandes éxitos de taquilla. Sin embargo, el éxito no ha hecho que Burton se adapte a Hollywood sino, más bien, que Hollywood se adapte a Burton.
El estreno de su película animada más reciente Frankenweenie, es una ocasión especialmente adecuada para analizar la obra de este cineasta de 54 años de edad, pues en cierto modo cierra un círculo: es la versión en largometraje de un corto del mismo nombre, de 1984, que le sirvió de tarjeta de presentación a Burton en Hollywood. Sin ese Frankenweenie de 29 minutos, el Tim Burton que conocemos quizá nunca habría existido.
Burton inició su carrera en la animación, trabajando en Disney. Sin embargo, aunque sus habilidades eran evidentes, no encajaba bien allí. Su macabra sensibilidad chocaba con el ambiente familiar de la empresa y su interés en la animación cuadro por cuadro, entonces moribunda, le dejaba poco margen para crecer en una compañía todavía comprometida con la animación de caricaturas dibujadas a mano. Su corto Vincent (1982) fue un homenaje animado al ídolo de su infancia, el veterano de las películas de terror Vincent Price, que le dio voz a la narración. El corto dura seis minutos y es en blanco y negro. Pero estaba muy lejos de los animalitos tiernos que hablan y el estudio no supo qué hacer con él.
Cuando terminó Franken-weenie (1984), su versión de Frankenstein en 29 minutos, en la que un chico revive a su perro muerto, los ejecutivos de Disney -que habían planeado presentarla junto con el reestreno en cines de Pinocchio (1940)- decidieron que perturbaría y asustaría a los niños. No sería vista en los cines hasta que Burton se volviera famoso y, aun así, solo en una versión censurada. La versión sin cortes quedó guardada hasta que fue incluida en el DVD de El extraño mundo de Jack.
Sin embargo, la película recorrió Hollywood extraoficialmente y llamó la atención de Paul Reubens, que entonces era muy conocido como Pee-wee Herman, estrella de la serie infantil Pee-wee`s Playhouse (1986-1990). Contrató a Burton, entonces de 27 años, para que dirigiera su debut en la pantalla grande, Pee-wee`s Big Adventure (1985). La fusión de las sensibilidades anticonvencionales de ambos artistas resultó ser muy fértil y tuvo un sorpresivo éxito.
Después dirigió la comedia de horror Beetlejuice (1988) y luego el enorme éxito comercial de Batman (1989). Cuando El joven manos de tijera (1990) y Batman regresa (1992) tuvieron enorme éxito en taquilla, Burton se convirtió, menos de diez años después de haber sido botado sin miramientos por Disney, en uno de los directores más buscados de Hollywood.
Desde entonces, Burton no ha dejado de seguir su propia estrella. Algunas de sus películas -en especial ¡Marcianos al ataque! (1996) y El planeta de los simios (2001)- han sido notorios fracasos, pero la mayoría han ganado dinero. Y Charlie y la fábrica de chocolate (2005) y especialmente Alicia en el país de las maravillas (2010) fueron grandes éxitos. No es una máquina de éxitos, en el sentido en que lo es Steven Spielberg, por ejemplo, pero a muchas de sus películas les va tan bien que le permiten estar entre el puñado de cineastas holywoodenses que, básicamente, pueden hacer cualquier film que deseen.
En sus películas hay romanticismo, muy visible en El gran pez (2003), film atípicamente luminoso, un romanticismo que raya en la ingenuidad. Las películas de Burton no son un desafío a la sociedad convencional, sino más bien una argumentación de que lo seguro y lo normal se extiende mucho más allá de los límites convencionales. Abarca a los excéntricos, a los inadaptados y a los monstruos que, aunque parezcan ser el otro, en realidad son sorprendentemente parecidos a todos nosotros. Quizá sea por esto que Burton no sólo haya florecido como individuo en una industria que tiende a ser muy dura con la individualidad, sino que además su sensibilidad característica se haya infiltrado en la corriente general.
Que el nuevo largometraje animado vaya a ser distribuido por Disney, que le dio la espalda al Frankenweenie original hace treinta años, es un reconocimiento claro de que el joven animador, otrora rechazado por la Casa del Ratón por ser raro y truculento, ahora es tan convencional como el pop y los chocolates confitados.
Disney ha cambiado tanto desde 1984 que ya no se reconoce. Burton sigue siendo básicamente el mismo pero Hollywood le ha seguido el paso. Aunque todavía no haya ganado un Oscar, él tiene dinero, admiradores y el respeto de todo el mundo en la industria del cine. Este paria particular llegó para quedarse adentro.
Influencia en los cómics y en la animación
Cuando Burton hizo Batman inspirándose en el trabajo pionero de las historietas de Neal Adams y Frank Miller para lograr su textura oscura y valiente, los críticos tuvieron sus dudas. El Batman de Burton fue un film noir de alta tecnología y, cuando inundó las arcas ganando más de 400 millones de dólares en todo el mundo, cambió la idea que tenía Hollywood acerca de los libros de historietas. Las tres películas de Batman de Christopher Nolan hubieran sido inconcebibles sin las dos de Burton. Lo mismo puede decirse de Darkman (1990), Daredevil (2003), Watchmen (2009) y X-Men (2000) y sus cuatro continuaciones a la fecha. Si las historietas conquistaron la industria del cine en el decenio pasado, fue la visión de Burton, más que la de cualquier otra persona, lo que lo hizo posible.
También en materia de animación, la perspectiva única de Burton ha irrumpido en la corriente convencional. La animación, otrora reducto de princesas, hadas y animales que hablan, ahora tiene lugar para vampiros, zombis, cadáveres y todo tipo de criaturas sobrenaturales.
Una cruza de lo macabro con lo más inocente en Tim Burton
En sus filmes hay una combinación característica de un tema macabro -fantasmas, cadáveres animados, brujas, asesinos seriales y cosas por el estilo - y una sensación de inocencia en contrapunto. El héroe de Burton, por lo general interpretado por Johnny Depp suele ser un joven aislado, lastrado por un pasado oscuro pero, no obstante, casi infantil en su reacción al mundo en que se encuentra. Ya sean personajes originales o -con mayor frecuencia- adaptados de otros materiales,Eduardo Manos de Tijeras, Ed Wood, Jack Skellington, Ichabod Crane, Willy Wonka, Victor Van Dort, Sweeney Todd y Barnabas Collins están fuera de la sociedad convencional, pero no la odian y ni siquiera están resentidos por su aislamiento. Lo que ellos quieren es ser parte de esa sociedad, convertir en ventajas sus inconvenientes propios. Quieren ser esposos y empresarios. Quieren caer bien. Jack Skellington no quiere matar a Santa Claus, él quiere ser Santa Claus.