La verdad aunque desate tempestades

| critica | JORGE ABBONDANZA LA VIDA CONTINUA Midnight Mile Director y libretista. Brad Silberling. Música. Mark Isham. Elenco. Dustin Hoffman, Susan Sarandon, Holly Hunter, Jake Gyllerhaal. l Estados Unidos 2002.

Cuando comienza esta película, la muerte violenta ya se produjo. Una muchacha ha sido abatida accidentalmente por los balazos que un hombre celoso disparó sobre su mujer. Los padres de la víctima asisten al funeral y luego conviven en la casa con el joven que iba a ser su yerno. Lo singular del planteo son los toques de humor que el libretista y director Brad Silberling coloca en una situación tan dolorosa, no sólo porque la madre lanza unos cuantos sarcasmos sobre los asistentes al velorio y reniega después de todo mensaje de condolencias, sino porque los tres personajes viven su duelo de manera nada emotiva. Hay momentos de interés en el enfoque, que Silberling dice haber tomado de una experiencia personal al respecto.

Para llevar al cine ese retrato familiar tuvo la ventaja de contar con una pareja como la que integran Susan Sarandon y Dustin Hoffman, dos personalidades que saben resolver sus escenas con previsible virtuosismo. Hasta el joven Jake Gyllenhaal está bien en el bravo desafío de convivir durante toda la película con colegas de esa talla, desplegando una sinceridad expresiva que se agradece, mientras el relato extiende su pintura a otras presencias episódicas en el marco de un pueblo chico, incluída la abogada que compone Holly Hunter en torno al juicio derivado de aquel homicidio. Pero el problema del film, que termina inutilizando ese desfile de talentos, se origina en las indecisiones posteriores de su historia, que promete un cuadro de intimidad azotada por la muerte pero se desvía luego hacia un inesperado secreto guardado por el joven protagonista, descarrilándose finalmente en la descripción de su nuevo romance con una rubia del lugar y en los tropiezos de Hoffman con su negocio inmobiliario.

Cuando esas ramificaciones se prolongan, no resulta fácil descubrir qué película quiso hacer el realizador demorándose en un asunto que bosqueja por lo menos cuatro historias pero después no cumple con ninguna de ellas. En todo caso, los tramos finales asumen un tinte muy emotivo —y moralizador— exaltando las ventajas de decir la verdad aunque resulte hiriente, lo cual cierra con broche de fábula un tema que inicialmente tenía más naturalidad. Es que las recetas y los artificios de Hollywood son invencibles: no hay luto familiar ni grandes actores que puedan derrotarlos.

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