La televisión regresa a Camelot

Polémica. La miniserie fue rechazada por History Channel pero la emitirá un canal rival

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The New York Times | Dave Itzkoff

Cuando el primer episodio de "Los Kennedy", la costosa y polémica miniserie sobre la dinastía política norteamericana, se emita el próximo domingo en los Estados Unidos, se habrá cerrado una etapa en la historia de la televisión.

Lo que se renovará será el debate acerca del equilibrio entre exactitud y licencia creativa en un drama histórico. Llegada a la televisión poco después de la carrera por el Oscar entre El discurso del rey y Red social, películas inspiradas en hechos de la vida real, Los Kennedy emplea muchos de los mismos recursos narrativos. Para contar la presidencia de John F. Kennedy comprime el tiempo, reúne varios personajes en uno, e inventa diálogos para momentos nunca registrados por la pluma de los historiadores.

También lidia con los apetitos sexuales de los Kennedy, el uso de drogas (recetadas) por parte del presidente y su esposa, y la interacción de Joseph P. Kennedy con la Mafia, en formas que, según el punto de vista de cada uno, exponen las flaquezas humanas de las figuras históricas o mancillan el legado de un héroe americano.

Ello ya sería lo suficientemente complicado, incluso si no hubiera dos factores adicionales. El productor de Los Kennedy, Joel Surnow, uno de los creadores de la serie de acción 24, es un notorio conservador. (Él dice empero que más allá de sus convicciones políticas personales, la miniserie describe a la familia "de una manera honesta, pero bajo una luz a la vez reverente y patriótica"). Y The History Channel, que encargó el proyecto, cuyo costo alcanzó los 25 millones de dólares, terminó rechazándolo el pasado mes de enero tras decidir que su "interpretación dramática" no cumplía con los niveles de rigor del canal.

Stephen Kronish, quien escribió el libreto (y se declara un liberal) reconoce que el trabajo lo colocó en medio de un paradójico conflicto entre la verdad y contar una buena historia, una tensión exacerbada por la persistente reverencia hacia el personaje central de la miniserie: el propio presidente John F. Kennedy.

"Es un desafío distinto a cualquier otro en este negocio", dice Kronish, "cuando a uno le piden que escriba escenas dramáticas pero se está constreñido por los hechos conocidos".

El desafío aumenta por el lugar único que Kennedy y su familia continúan ocupando en la imaginación americana.

"Los presidentes son mágicos", dice el periodista Richard Reeves, autor de varios libros sobre la moderna presidencia. "Entran en una habitación y el aire cambia, y éste, en nuestros tiempos, por encima de todos".

La fidelidad a los hechos históricos de Los Kennedy, que se verá por ReelzChannel, una poco conocida cadena de cable dedicada a la exhibición de películas, ha sido discutida durante meses.

Antes que la producción comenzara, la miniserie fue criticada por su falta de veracidad por un grupo de historiadores, entre ellos el asesor de Kennedy, Theodore C. Sorensen, que obtuvieron versiones iniciales del libreto a través del cineasta liberal Robert Greenwald. Historiadores consultados expresaron dudas a lo largo de la producción, y hubo informes de que la familia Kennedy o sus asesores han intentado enterrar el proyecto.

Cineastas que trabajan con frecuencia en películas biográficas han señalado que el éxito en el género requiere un control de los hechos históricos, y un instinto para saber cuándo se los puede hacer a un lado.

Dennis Bingham, profesor asociado y director de estudios cinematográficos en la Universidad de Indiana, y autor del libro Whose Lives Are They Anyway? The Biopic as Contemporary Film Genre, dice que escenas ficcionalizadas se encuentran en prácticamente todo film biográfico, desde La gran tragedia de Louis Pasteur (1936) a Lawrence of Arabia.

Luego de ver Los Kennedy, el periodista Reeves dijo estar sorprendido de que sus productores lo citen como una de las fuentes para su libreto. "Si lo hicieron", afirma, "tomaron el material equivocado".

Reeves tiene dudas con varias escenas que describen conversaciones privadas entre miembros de la familia: Joseph P. Kennedy (interpretado por Tom Wilkinson) diciéndole a sus hijos: "Este país es nuestro para que lo tomemos", u ofreciéndole a Jacqueline (Katie Holmes) un millón de dólares y el permiso para divorciarse de John (Greg Kinnear) si perdía las elecciones de 1960.

Reeves afirma también que hay demasiado énfasis en el uso de drogas por el presidente y su esposa. "Parece que hubieran filmado la miniserie en una farmacia", sostiene.

En las fronteras entre la realidad y la ficción

"En cierto momento, uno tiene que dejar la investigación atrás y meterse en el drama", dice el director Oliver Stone, cuyas películas incluyen JFK, Nixon y W.

Para esas películas sobre la investigación del asesinato de Kennedy y las presidencias de Richard Nixon y George W. Bush, Stone produjo libretos cuidadosa y minuciosamente anotados, con numerosas notas al pie remitiendo a documentos históricos, textos escolares y entrevistas originales, necesarias para asegurar la financiación y evitar eventuales acusaciones de inexactitud o de deformar los hechos en áreas de una agenda política.

Nada de eso le impidió a Stone crear lo que describe como "escenas completamente inventadas" cuando creyó necesitarlas: Nixon acosado por el fantasma de su madre, o comparando a Daniel Ellsberg con Alger Hiss.

"Es cuestión de intuición: no hay evidencia de ello", dice Stone. Y agrega: "Cada decisión de todo líder político es el resultado de numerosas llamadas telefónicas, encuentros, y lo cotidiano de la vida. Pocas veces la vida es realmente muy dramática".

Len Amato, presidente de HBO Films y productor de Recuento (2008), sobre la disputada elección presidencial de 2000, dice a su vez: "Generalmente, la distancia de los hechos es una amiga".`

Pero producir Recuento tan pronto, agrega Amato, permite a los cineastas entrevistar a muchas de las personas que participaron en los hechos que se cuentan. HBO Films está siguiendo el mismo criterio para su inminente Game change, sobre la selección por parte del senador John McCain de Sarah Palin como su compañera de fórmula en la elección de 2008.

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