SEBASTIÁN AUYANET
Cabarute es el nombre del onceavo disco de la banda que encabeza Tabaré Rivero. Un trabajo pensado, según explica, para ambientes cercanos que le escapa al estímulo "poguero", y en el que él mismo se ríe de su optimismo.
"Entonces detengo a tiempo la bronca (...) Entonces chapoteo en pedregullo, entonces hoy no te puteo (...) Entonces, hoy me parezco a un santo". Esas líneas, ubicadas entre las canciones Chacarera nocturna y ¡Guarda el monstruo!, dos de las nuevas canciones de La Tabaré, coinciden con el hecho que quien esté enfrente sea un Tabaré Rivero siempre firme, pero a la vez más optimista y menos irónico.
"No me doy cuenta, pero es muy probable que así sea", responde el cantante, compositor, poeta, actor y director de teatro. "El tener hijos, el seguir haciendo música y arte a los 51 años, todo eso me hace ver la vida de otra manera. Claramente no soy el mismo Tabaré de los años de Rocanrol del Arrabal o de Placeres del Sadomasoquismo. Es más, cambié muchísimo. Si bien encuentro un cierto placer en denunciar cosas con ironía, quizá eso esté en segundo plano porque en mi vida ahora priman muchas otras cosas. Y me considero muy honesto; si vos me decís que hay menos ironía, yo pienso que no está mal. Quizá ahora la ironía sea contra mí, contra mi lado rockero y famosito, y no contra el sistema".
Hacía mucho tiempo (desde Sopita de gansos, en 2002) que La Tabaré no editaba un disco de canciones propias, y por eso Cabarute es antes que nada una actualización de intenciones.
Los anteriores dos lanzamientos de la banda (Archivoteca en 2003, 18 años vivos en el 2004 y Chapa, pintura, lifting en el 2006), habían sido recopilaciones o reinvenciones de temas de otras épocas. Pero en este presente aparecen otras inquietudes no necesariamente nuevas pero sí diferentes, expuestas sin olvidar al rock pero también envasadas en chacareras, valses guitarreados o composiciones con ánimo acústico y folk. En definitiva, canciones para ser escuchadas a volúmenes más bajos.
La propuesta arreglística que Hernán Rodríguez había definido para que viejas canciones se volvieran clásicos aptos para todo estadio dejó la banda con su salida, hace poco más de un año. "Todos los temas de Chapa, pintura, lifting podrían haber sido tocados en un Pilsen Rock. Precisamente fueron elegidos por Hernán para eso. Ese fue un disco un poquitito resistido por mí en el principio, aunque luego disfruté mucho de hacerlo. Volver a lo eléctrico y a las letras o arreglos librados al "pogo" me fastidiaba y me asustaba porque no era el estilo de música que estoy disfrutando de hacer. Por ahí es pedante decir `quiero que escuches mi disco`, pero sin dudas me interesa que ahora la gente se detenga en las letras, en la forma de contar. Yo podía suplir con un poco de arenga la parte artística, pero ahora quería volver a ella", explica.
Tabaré aclara que la proclama no es en ningún caso anti rock de estadios, sino un camino artístico diferente. "Ahora yo quiero que a la música que hacemos se le preste atención de otra forma. Y si bien yo no soy partidario de tocar gratis, no quería que la banda respondiera a unos fines empresariales, por decirlo de alguna manera. Lo que lograron Hernán y Diego Varela (hoy en La Trampa) fue poner al público joven de nuestro lado. Eso fue muy disfrutable y se lo debo a ellos. Ahora, a mí me interesa llegar de otras formas. Si sólo nos escuchara gente que se mata a codazos en un `pogo` yo me sentiría un viejo pelotudo".
Uno de esos ejemplos es Invisibilizaciones, un pedazo de ópera rock con ocho minutos, en la línea de algunos incluidos en Apunten... ¡fuego! (1994). "Esa canción forma parte de La mixión, justamente una ópera rock que vamos a hacer con la Comedia Nacional en 2009".
La última parte de la charla hace foco sobre la nueva denominación del grupo. "Me gustaba haber descubierto que me gustaba la onda `cabaretera`, algo que retomamos al hacer (el espectáculo teatral) Vian de vian. Empezamos a hablar de un rock cabaretero, de sótano, típico rock `under`. Y estas canciones son más adaptables a ese tipo de espacios. A pequeños bares, a los teatros. A los lugares donde queremos tocar más seguido".
Sobre el nuevo grupo y algunas ausencias
La nueva Tabaré forma con el regreso de Jorge Pi al bajo, Andrés Burghi en batería, Álvaro Pérez en guitarra y producción artística del nuevo disco y otro regreso, el de Alejandra Wolff acompañando a Tabaré en las voces. El elemento femenino motivaba la consulta sobre la salida de Mónica Navarro del grupo, en particular por su ausencia en el documental La Tabaré: Rocanrol y después, dirigido por Mariana Viñoles y Stefano Tononi, y presentado este año en Cinemateca. "Evidentemente, a mí me hubiera gustado mucho que estuviera Mónica. Y creo que eso ocurrió porque en ese año terminamos muy enemistados y ella no quiso aparecer. Si el proyecto se daba este año, por ahí ella lo tomaba de otra forma. Y sí, sin ella se pierde una buena parte de la historia, es una mujer que me acompañó diez años, una mujer de la que, en lo artístico, estuve profundamente enamorado y que se cargó la banda a su hombro conmigo un buen tiempo".