La Sra. Robinson es muy solidaria

La dama del título -Iris Robinson- esposa del Primer Ministro de Irlanda del Norte -Peter Robinson- y diputada por el principal partido político protestante, se amargó mucho un par de años atrás por la muerte de un querido amigo, y también porque el hijo del difunto -un buen mozo de 19 años por entonces, llamado Kirk Mc Cambley- había quedado sumido en una pena muy cercana a la depresión. Doña Iris se dispuso a consolarlo y, más que proponerle salir a divertirse, lo invitó a entrar en una alcoba decorada por Eros y su Empresa de Placeres.

Pese a una diferencia de 39 años que podía separarlos, la Sra. Robinson demostró desde la primera carrera del programa que, aún en las pruebas de peso por edad, ella podía enseñarle al jinete cómo doblar el codo, ingresar en la recta (o en la hipotenusa final) y cruzar la meta revoleando la fusta y parado en los estribos.

Para que Kirk no llegara al extremo de aburrirse con la repetición del mismo espectáculo, doña Iris lo sorprendió un día (o una noche) con una frase digna de Cleopatra en su época de oro:

-Querido: estoy pensando en abrirte algo.

Confundido, creyendo que ya no habría más aperturas posibles, el muchachón no tuvo siquiera aliento para preguntarle a qué se refería la inminente sesentona:

-Quiero abrirte un café (amplió la diputada).

Dicho y hecho. Avanzando a pie firme para imponer el peso de su influencia parlamentaria, la Sra. Robinson solicitó y obtuvo de dos empresas inmobiliarias 50.000 libras (unos 80.000 dólares aproximadamente) con los que abrió en Belfast el café que habría de regentear su joven colaborador camero.

Descubierto el episodio al desarrollarse una investigación periodística de la BBC de Londres, el marido engañado declaró que su mujer le había confesado el desliz en marzo de 2009, y que tras ello intentó suicidarse. Por su parte, Kirk al ser reporteado por la citada emisora, contó que mantuvo con doña Iris una relación tal vez demasiado íntima que duró seis meses, elogiando a la tratante por la afectuosa dedicación que puso para lograr su recuperación espiritual. "Me consoló, hasta cerciorarse de que yo estaba muy bien", comentó.

Peter Robinson, como buen protestante, no protestó nada. Cuando lo interrogan sobre el punto, prefiere cambiar de tema y recordar sus tiempos de estudiante, cuando en mérito a su alto puntaje en la asignatura "Tolerancia", llegó a ser abanderado de la Real Academia de La Pavota.

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