GUILLERMO ZAPIOLA
No la guerra del Golfo, sino su espera. Los meses previos al primer ataque contra Irak y el modo en que los hechos desmoronan la moral de los futuros combatientes, en una película que juega con el absurdo.
Quienes crean que el contenido de las películas de Hollywood se decide en un subsuelo del Pentágono o en el tercer piso de la central de la CIA en Langley deberían pensarlo dos veces. El mundo real es bastante más complicado.
No nos engañemos. Un film complaciente con la administración (con cualquier administración) va a conseguir siempre más apoyos oficiales. Por eso a Jerry Bruckheimer se le proporcionan facilidades en equipamiento, rodaje y asesoramiento que un Oliver Stone no obtiene. Y la industria del entretenimiento tiende a ser conservadora: el inmovilismo es una ventaja para quien vende entretenimiento, porque significa que la semana que viene el espectador va a querer ver más o menos lo mismo que ésta. Si la gente cambia, vaya uno a saber qué se le puede ocurrir.
Pero ésa es solamente una de las caras de la moneda. La otra incluye a Michael Moore recibiendo un Oscar y aprovechando la oportunidad para despotricar contra el presidente (¿alguien se imagina a un cineasta tercermundista recibiendo un premio en La Habana y pronunciando un "speech" contra Fidel?), incluye el hecho de que algunas de las películas más contestatarias que Holly-wood haya hecho nunca coinciden con la conservadora administración Reagan (Reds de Warren Beatty; Salvador y Pelotón de Stone), o que la industria haya tomado en los últimos años el buen recaudo de mantenerse a distancia del gobierno con respecto a su política en Medio Oriente.
De acuerdo, hasta el propio gobierno le pidió a Hollywood que no abusara con respecto a describir musulmanes villanos luego del 11 de septiembre. Lo menos que Bush necesita es que el cine prodigue la identificación "musulmán=terrorista", que le alienaría el apoyo de varios gobiernos musulmanes aliados de la zona. El presidente llegó a decir incluso que "el Islam es una religión de paz", para regocijo de observadores un tanto escépticos.
Y por otra parte hay que tener en cuenta otros elementos complementarios. Por un lado, que el noventa por ciento de Hollywood es demócrata (tipos como Kurt Russell o el libretista Lionel Chetwynd son la excepción a la regla). Por otra, que las encuestas han hecho saber que por lo menos el 70% de los norteamericanos considera que la intervención en Irak fue un error (en la versión más suave) o el resultado de algunas flagrantes mentiras gubernamentales (en un porcentaje que crece cada vez más).
Ambos factores pueden haber acabado con los temores de Hollywood o por lo menos de algunos de sus integrantes de decir en cine lo que piensan, terminando con la inhibición que siguió a los atentados contra las Torres Gemelas. Entonces se generó el tabú de que criticar al gobierno era hacerle el juego a los extremistas islámicos, o que criticar a estos últimos era hacérselo al gobierno. Hoy el distingo puede ser hecho sin esfuerzo salvo por los tontos, que los hay en ambos bandos pero son menos de los que se piensa. La verdad es que el cine industrial está empezando a decir cosas.
EVOLUCIÓN. Dos películas actualmente en cartelera, Juego de poder de Mike Nichols y El sospechoso de Gavin Hood inciden desde diversos ángulos sobre el tema. En el primer caso, el veterano Nichols (¿Quién le teme a Virginia Woolf?, El graduado, Ángeles en América) cuenta el caso real de un senador (Tom Hanks) que ha estado involucrado en la política norteamericana en Medio Oriente desde los tiempos de Afganistán, el caldo de cultivo que dio origen a Al Qaeda. En El sospechoso se alude, a través de un caso ficticio, a una realidad candente: los procedimientos ilegales de los servicios de inteligencia norteamericanos y los combatientes en Iraq (recordar Abu Ghraib) con respecto a los prisioneros de guerra. En este último film no se menciona a Guantánamo, pero la sombra de algunas cosas que ocurren allí sobrevuela el film.
Guantánamo estaba en cambio, desde el título, en Camino a Guantánamo de Michael Winterbottom, que no es norteamericano sino británico pero también denunciaba algunas atrocidades. Pero en el haber de Winterbottom corresponde señalar que sus indignaciones no son hemipléjicas. Su nueva película, A Mighty Heart, protagonizada por Angelina Jolie, narra la historia del periodista Daniel Pearl, decapitado por extremistas islámicos. La película no va a ser estrenada en cine en el Río de la Plata (se la ha considerado "poco comercial", o quizás se temió que musulmanes amantes de la paz se enojaran con ella), pero habrá que perseguirla cuando aparezca en DVD.
Y el catálogo no termina ahí. Quizás valga la pena recordar que en el comienzo estuvo George Clooney, protagonista de Tres reyes, una película que mucha gente tomó por "pro- paganda imperialista" porque mostraba a unos norteamericanos que se convertían en "héroes por azar" en el Golfo y disfrutaban luego de los más felices de los finales felices posibles. Nadie parece haber percibido la ironía de todo el asunto.
Por supuesto, Clooney estuvo también en Syriana, que cuestionaba los manejos de los servicios secretos occidentales y los potentados petroleros en Medio Oriente (aunque era acaso un poco más indulgente con los terroristas de lo que estos se merecen). Hasta ha habido quien se enojó con El reino considerándola "pro Bush" o "patriotera" sin advertir la crí-tica contra el gobierno saudí (aliado del norteamericano) que había en la película.
Y alejándose un poco del tema, también Steven Spielberg utilizó la historia de los asesinatos de Munich para reflexionar sobre la lucha contra el terrorismo y sus contradicciones. Si al cine lo digitan desde la Casa Blanca, como cree el antiimperialismo al uso, alguien está haciendo muy mal su trabajo.
Hollywood descubre una dramática realidad social y política
Soldado anónimo
2005
Leones por corderos
2007
Un "neocon" belicista (Cruise), una periodista inquisitiva (Streep), un profesor idealista (Robert Redford, también director). Una polémica inteligente sobre una compleja realidad política.
El sospechoso
2007
Detenciones ilegales, tortura, violación de los derechos humanos. Más allá de arreglos finales, esta película de Gavin Hood, actualmente en cartelera, cuestiona sin disimulo procedimientos de la Administración Bush.
In the Valley of Elah
2007
Tommy Lee Jones es candidato al Oscar por su labor como un padre que junto con su esposa (Sarandon) debe lidiar con los efectos que la brutalidad de la guerra en Iraq ha provocado sobre su hijo.