GUILLERMO ZAPIOLA
Es el tercer encuentro del libretista y director Frank Darabont con el novelista Stephen King, a quien se adaptó tantas veces al cine que ya resulta insondable. El próximo viernes se estrena "La niebla", que promete algunos sobresaltos.
Ciertos rasgos insistentes del imaginativo universo de King asoman (por lo menos en el papel) en el argumento de La niebla. La acción transcurre por supuesto en Maine, estado donde reside el escritor y donde ha ambientado buena parte de sus historias, y comienza con una misteriosa tormenta (la Naturaleza siempre juega bromas pesadas en el mundo "kingiano") que estalla sin previo aviso y termina con igual brusquedad.
Luego se instala en el cercano bosque la niebla del título, y empiezan a ocurrir acontecimientos inquietantes. Por supuesto, hay Algo Horrible Ahí Afuera (insectos gigantes, "cosas" con tentáculos), acaso como resultado de un fallido experimento gubernamental que ha provocado la habitual "ruptura del continuum espacio tiempo", o algo por el estilo.
Mientras el ejército, la policía y los bomberos intentan mantener la situación bajo control, un grupo de personajes se encuentra atrapado en un supermercado y debe enfrentar sus propios miedos y contradicciones además de esquivar el ataque de los monstruos de afuera. No sería una historia de King si en el grupo no se encontraran el artista local (Thomas Jane), una fundamentalista religiosa que predica la llegada del Apocalipsis (Marcia Gay Harden), un abogado cuyo racionalismo no le servirá de mucho para hacer frente a la amenaza (André Braugher) y algunos más. A cierta altura, varios de esos personajes intentarán una salida que puede conducirlos a la salvación o a un desenlace catastrófico.
La película se exhibió en los Estados Unidos con crítica dividida, pero eso no debe sorprender tratándose de una adaptación de King. Y algunas opiniones favorables parecen dar una vez más (al menos en el papel) en el blanco. El horror de La niebla es sólo parcialmente consecuencia de la presencia de algunos monstruos de origen inexplicable. Otra parte deriva de la interioridad de los personajes, de sus temores, de sus prejuicios. Eso es King típico, aunque Kubrick no lo haya entendido en El resplandor.
INCOMPRENSIONES. A estas alturas, y aunque King haya estado escribiendo algunas de las cosas más flojas de su carrera, resulta menos arriesgado que hace veinte años sostener que se trata de un escritor por lo menos atendible y ocasionalmente brillante, aunque derribarlo de su pedestal (y escribir tonterías sobre Harry Potter) se haya vuelto para Harold Bloom un asunto personal.
Independientemente de si Bloom realmente leyó alguna vez a King (la primera impresión es que no), ya se sabe por supuesto que no estamos ante Leon Tolstoi sino ante un fabricante de best sellers que escribe demasiado (¿alguien ha leído realmente la decena larga de tomos de la serie La torre oscura?), apela con frecuencia a fórmulas convencionales y a menudo se repite en decorado, personajes y situaciones.
Sin embargo, y a diferencia de casi todos sus colegas comercialmente exitosos (desde John Grisham al patético Dan Brown) King es un buen lector, un tipo de cultura amplia, un fanático de los cómics de horror, el rock, el cine de clase B y el liberalismo político y la tradición narrativa anglosajona: hay bastante de Dickens y de Twain en su obra, y es capaz de hablar con soltura sobre Melville, Joseph Conrad o Ray Bradbury. Cuando Bloom afirma que alguien que escribe como King y recomienda a Harry Potter es una amenaza para la literatura "seria", hay que creer que no leyó el análisis de Bartleby que hay en Un saco de huesos.
Por supuesto, no se puede escribir ocho horas por día, siete días por semana, y esperar que todo lo que sale sea original o inspirado. Y los lectores de best sellers no buscan originalidad sino una fórmula confiable. A veces King la proporciona, a veces va más allá de ella, otras se queda más abajo. A menudo infla lo que hace hasta el doble de lo debido. Rara vez, empero, es simple rutina, y con frecuencia (como ha observado Roberto Apratto, contraponiéndolo a algún fabricante de best sellers más cercano que tiene sin embargo más prestigio intelectual) es literatura.
ADAPTACIONES. Como todo best seller exitoso, King se ha vuelto millonario no solamente gracias a los libros que vende sino a sus versiones para cine o televisión: hay más de cien películas, telefilms y series basadas en sus novelas y cuentos. Tuvo la buena suerte de que Brian De Palma le filmara Carrie (1976), y se fastidió comprensiblemente con lo que Kubrick (y especialmente Jack Nicholson) hicieron con El resplandor (1980), lo que lo ha llevado a seguir más de cerca, como productor y frecuente libretista, las adaptaciones de su obra.
Dos de los directores con los que parece haberse llevado mejor son Rob Reiner (director de la "twainiana" Cuenta conmigo, 1986, y la grandguinolesca Misery, 1990) y justamente Frank Darabont, que ya filmó dos "Kings" atípicos (Sueño de libertad,1994, y Milagros inesperados, 1999) y parece pisar un terreno más ortodoxo en esta inminente Niebla poblada por criaturas inimaginables.
Y continúa: hay en posproducción dos adaptaciones de King (Dolan`s Cadillac y Children of the Corn), otras dos en producción (Un saco de huesos y Buick, un coche perverso) y alguna más anunciada (Cell). La maquinaria no se detiene.
King/darabont: complicidades previas
SUEÑOS DE LIBERTAD (1994). Una de las menos características historias de Stephen King, sin horror explícito ni amenazas sobrenaturales. Tim Robbins es un banquero condenado a prisión por un crimen que no cometió (la muerte de su esposa), y que organiza un paciente plan de fuga. Hay referencias a "El conde de Montecristo", y un sólido apoyo secundario en Morgan Freeman. Basado en el cuento "Rita Hayworth and Shawshank Redemption".
MILAGROS INESPERADOS (1999). Un despistadísimo crítico argentino la calificó de "película de ultraderecha" (¿King de ultraderecha?) por su aparente reivindicación de la pena de muerte. En realidad es otra historia de un inocente en prisión (éste, dotado de poderes paranormales) que opta por la muerte porque ya no puede cargar con los dolores del mundo. Un relato novelesco de gran aliento, con personajes bien perfilados y cierto aire "dickensiano".