THE NEW YORK TIMES | DENNIS LIM
Por teléfono, Jean-Claude Van Damme, el héroe de acción conocido en su momento como Los Músculos de Bruselas, pidió disculpas. Había cancelado un viaje a Nueva York, abandonando varios compromisos, y quería dejar claras sus razones.
"He adoptado siete perros, y uno de ellos tuvo un ataque al corazón", explicó Van Damme. "Estoy durmiendo con él todas las noches en la clínica. Si lo abandono puede volver a entrar en coma. Es un perro muy sensible". Los demás, todos perros callejeros, algunos de ellos discapacitados (construyó una "pequeña silla de ruedas" para uno) ya habían sido enviados a su casa en Bélgica.
Puede parecer extraño imaginar a Van Damme, un veterano del cine "de esteroides" y un virtuoso en el arte de romper huesos, como un tipo sensible, pero resulta consistente con su imagen implícita en su último film, JCVD. Dirigida por el francés Mabrouk El Mechri, esa película le permite a Van Damme revelar nuevas facetas de su "persona" cinematográfica interpretándose, básicamente, a sí mismo.
Burlón juego de espejos con un trasfondo melancólico, la película presenta a Van Damme (que acaba de cumplir cuarenta y ocho años y cuya última película estrenada en salas en los Estados Unidos, Golpe fulminante, fue un fracaso de taquilla) en el papel de Jean-Claude Van Damme, una estrella de acción en decadencia.
Gracias, sobre todo, a la amplia circulación `online` del `trailer` de JCVD, Van Damme está obteniendo una atención que no había recibido en años. La última vez que había logrado cierto impacto en la cultura popular fue cuando apareció en 1996 en la serie Friends. Pero JCVD fue un éxito de recomendación "boca a boca" en el festival de Cannes, y tuvo igualmente un exitoso lanzamiento en una función especial de medianoche en el festival cinematográfico de Toronto.
La historia básica de la película es la familiar, incluso clásica, del ascenso y caída de la carrera del propio Van Damme, quien llegó al cine cuando llamó la atención del productor israelí Menahem Golan, a quien impresionó con una demostración de `kickboxing`. Sus primeras películas fueron producciones de bajo presupuesto (El gran dragón blanco, Kidboxer, el nuevo guerrero), a menudo ambientadas en imprecisos paisajes asiáticos y pobladas de golpes y acrobacias desarrolladas a partir de sus estudios infantiles de ballet y karate.
En los años noventa creció hasta producciones de mayor presupuesto como Soldado universal y Timecop, a menudo trabajando con cineastas expatriados que estaban comenzando en Hollywood como el alemán Roland Emmerich y los hongkongueses John Woo y Tsui Hark. Pero su vida personal empezó a desmoronarse: agitados divorcios (se casó cinco veces), cocaína, arrestos por conducir alcoholizado.
Pronto recayó en la clase B. Sus trece películas anteriores a JCVD no tuvieron estreno comercial en salas en los Estados Unidos, sino que fueron directamente al mercado de video. Tenían libretos y títulos intercambiables (In Hell, Inferno) y fueron filmados a menudo en lugares de "bajo costo" como Bulgaria y Rumania.
Esos años de "directo a video" lastimaron su orgullo. "Quería volver a la gran pantalla", dice, y sintió que tenía una oportunidad cuando el productor francés Marc Fiszman le propuso interpretarse a sí mismo en una "metapelícula" (su producción anterior había sido la comedia Jean-Philippe, protagonizada por el cantante Johnny Halliday como una variante de sí mismo en un mundo paralelo). Se empezó a trabajar en el libreto, que finalmente cayó en manos de El Mechri, un joven director que había tenido algún éxito con su primera película, Virgil (2005).
"Era una especie de parodia de Duro de matar", sostiene El Mechri refiriéndose al libreto original. "Era simplemente un chiste escrito obviamente por gente que no conocía a Jean-Claude". El Mechri reescribió el guión añadiéndole un esquema copiado de Tarde de perros (el personaje de Van Damme, tras padecer humillación, se ve involucrado en una situación de toma de rehenes), y jugó libremente con la biografía y la imagen de la estrella.
JCVD le exige a Van Damme reconocer abiertamente el absurdo y la indignidad de ser un héroe de acción que envejece. "Todavía me entreno todos los días", afirma. "No muchos actores de mi edad pueden hacer con su físico lo que yo hago, y algunos de veinte tampoco". Pero agrega: "Sin embargo, tengo cuarenta y ocho años. Saltar de una escalera y dar tres vueltas en el aire no encaja con mi aspecto actual".
Eso no significa de JCVD omita los despliegues de violencia que un fan de Van Damme está esperando. La película empieza con una escena de acción por todo lo alto que resulta ser "cine dentro del cine": una toma única que incluye tiroteos, peleas a cuchillo y explosiones de granadas. La estrella aparece allí empujada hasta sus límites. "Yo estaba sin aliento y con extremos de ansiedad", reconoce el actor.
Para Van Damme, estar envuelto en una película es como tener un hijo. Quiere ser visto como "un personaje de acción, no una estrella de acción", y está convencido de encontrarse en el camino correcto. "Es difícil hacer una mala película luego de una experiencia como JCVD", sostiene.
También reconoce la importancia de la estabilidad personal. Se volvió a casar con su segunda esposa, la fisiculturista Gladys Portuguese, y se ha reunido con sus hijos. Luego de años de vivir en Los Angeles divide actualmente su tiempo entre Bélgica y Hong Kong, donde ha filmado varias películas y se siente como en su casa.
"Quiero que la gente vea que he cambiado, que me he convertido en un tipo responsable", dice. "Quiero mostrar un costado de padre de familia de los viejos tiempos".
Un momento inesperadamente sincero y confesional
Se ha dicho que el costado más sensitivo de Van Damme aparece en uno de los momentos álgidos del film "JCVD": un monólogo confesional de seis minutos en el que hay más emoción que toda la que el actor ha desplegado a lo largo de su carrera. Con lágrimas en los ojos y voz quebrada, Van Damme habla de sus sueños y fracasos ("Realmente creo que no es una película", dice).
La escena surgió cuando Van Damme, que tenía dudas acerca del rodaje, le dijo a director El Mechri que creía que la película estaba perdiendo algo, un tono de candor más profundo. El Mechri le propuso una especie de confesión ante la cámara. Van Damme dice que se sintió "completamente desnudo" mientras pronunciaba su monólogo. Cuando vio la escena por primera vez, recuerda que pensó: "No mentí". Agrega que estaba asustado por tener que hacerlo en francés. El francés es su idioma de origen, pero esta era su primera película en francés, y en el pasado se han burlado de él por emitir aforismos Zen en "franglés" en la televisión ("Je suis aware.")
Pletórico de disgresiones y notas de una extraña poesía, el monólogo es una aproximación muy honesta al modo como Van Damme habla realmente. En su desilusión con la celebridad dice: "Estaba tan hambriento por la fama, bueno, tal vez fama no. Pero seamos honestos, sí, hambriento de fama y amor. Y cuando vino la de fama, resultó que no existía".
Su próxima película, que tendrá el muy poco "vandammiano" título de "Full Love", parece ofrecerle otros niveles de compromiso: será actor, libretista, director y productor. Lo único que dice de ella es que se desarrollará en el estado de Louisiana en los años sesenta y en el Sudeste de Asia en tiempo presente, y que tendrá "un mensaje polémico". El vuelco hacia la dirección forma parte de un intento más amplio de reinventarse, o al menos refrescar su carrera.
Tres antecedentes a los golpes
Operación Cacería
1993
Van Damme se llevó a Hollywood al chino John Woo (quien luego desarrolló allí una extensa carrera) para dirigir esta aventura que está entre lo mejor que ambos hayan hecho. Woo logra envolver a su personaje en cierta aura mítica.
Timecop
1994
Menos artes marciales y más ciencia ficción: la presencia del director y libretista Peter Hyams hace acaso la diferencia en esta aventura casi asimoviana en la que el policía Van Damme viaja a través del tiempo tratando de cambiar la historia.
La colonia
1997
Jean-Claude unió fuerzas con el pintoresco deportista Dennis Rodman en este asunto de espionaje movido y disparatado dirigido por Tsui Hark. En las escenas finales dejan el Coliseo un poco más estropeado de lo que ya estaba.