GUILLERMO ZAPIOLA
Alguien ha dicho que cualquier parecido con la realidad no es mera coincidencia. El próximo viernes se estrena en Montevideo, en el marco del proyecto Viva la Diferencia, el film El juego de la banca, producción australiana escrita y dirigida por Robert Connolly y protagonizado por Anthony LaPaglia que se ocupa de victimarios y víctimas: en este caso, una poderosa institución bancaria, y el tendal de ahorristas y clientes que sus inescrupulosas actividades dejan por el camino.
El punto de partida es imaginario, pero le sirve al director y libretista Connolly para sus propósitos: un matemático genial (David Wenham) descubre un programa de computadora que le permite predecir las fluctuaciones de la bolsa de valores. Ha podido señalarse que, en caso de existir, en el mundo real ese sistema se anularía a sí mismo: el mercado asumiría su existencia, y su comportamiento se modificaría, con lo cual su conducta dejaría de ser predecible. Claro que el film supone que, durante un tiempo al menos, el programa no es de conocimiento público: de ahí la posibilidad de que un banquero inescrupuloso (LaPaglia) contrate al matemático Wenham para utilizar su programa en su propio beneficio. En algún momento el personaje proclama: "Hemos entrado en la era del feudalismo corporativo, y nosotros somos los nuevos señores".
El director y libretista Connolly no es menos directo que su personaje, pero ciertamente no comparte su punto de vista: "Odio a los bancos", declara. Y añade: "El juego de la banca es un film sobre el mundo de las corporaciones y el modo en que éstas se comportan, sin ningún marco de acción moral y ético que las contenga. En Australia, los bancos encarnan ese mundo dominado por la falta de valores. También me interesaba contar una historia acerca de lo que un ciudadano puede hacer individualmente, porque creo que en la actualidad los individuos se sienten desalentados por los gobiernos y el dominio de las corporaciones".
TAQUILLA. El film fue un éxito de público en Australia, donde estuvo casi un año en cartelera. El director Connolly tiene una teoría acerca de ese éxito: "Ocurre que también los australianos odian a los bancos. En el cine, la gente festejaba las escenas que muestran al CentaBank en problemas. Más allá de algunas escenas dramáticas, el film tiene humor. Quería hacer una película con un punto de vista fuertemente político, pero que al mismo tiempo contara una anécdota entretenida".
El cineasta señala también que, en las últimas décadas, el poder pasó de los gobiernos a las grandes corporaciones y se tergiversó el concepto que esos grupos dominantes tienen con respecto a la sociedad. A su juicio, los estados se han desentendido de una serie de cuestiones, y las compañías privadas tomaron el control. Sin embargo, señala, las responsabilidades sociales y éticas de estas compañías están totalmente descuidadas, y solamente se sienten obligadas hacia accionistas. "Y, bueno, está claro que lo que los accionistas siempre querrán será ganar dinero", concluye.
En una elogiosa nota en el diario argentino La Nación se sostiene acerca de El juego de la banca: "El film construye dos engranajes paralelos, uno muy afortunado, el de la descripción de los mecanismos del poder, y el otro tal vez con suerte algo inferior, el de las historias humanas de que se vale para inducirnos a tomar partido contra una maquinaria tortuosa". Un poco antes se ha dicho también que "apela a nuestras experiencias con una pizca de complicidad, se diría que hasta un cierto aire de familia: hay aquí fraudes al por menor y al por mayor, estafadores y estafados, ideas fuerza que se inculcan desde la escuela primaria pero que, lamentablemente, son mentirosas, y sobre todo la descripción de una sociedad que va evolucionando a grandes pasos hacia el egoísmo y la indiferencia".
Aunque se trata de una ficción, el director y libretista Connolly afirma haberse basado en casos reales para escribir el guión: "En las décadas del ochenta y noventa los bancos australianos alentaban a la gente a tomar préstamos y, en muchos casos, las personas que se endeudaban ignoraban cuáles eran los riesgos que estaban asumiendo, porque los bancos no lo explicaban con claridad. Una enorme cantidad de gente perdió todo cuando el dólar australiano cayó. Quienes habían pedido préstamos se encontraron con sumas imposibles de pagar, Hubo depresiones e intentos de suicidio".
REPERCUSIONES. El juego de la banca fue uno de los títulos que más llamó la atención cuando se lo exhibió en el Festival de Cine Independiente de Buenos Aires del año pasado. Antes había circulado por otras muestras y festivales, entre ellas Melbourne, Londres, Portland y Newport. Durante esa recorrida cosechó varios premios: mejor guión del Australian Film Institute, mejor fotografía de la Australian Cinematographers Society, mejor montaje según el Independent Filmaker’s Magazine y el Círculo de Críticos de Australia, mejor música para el Australian Guild of Screen Composers, premio del público en el Festival de Portland y mejor director y guión en el Festival de Newport Beach.
Un debut más que auspicioso
El juego de la banca es el primer largometraje dirigido por el australiano Robert Connolly, quien también escribió el libreto a partir de una idea original de Brian Price y Mike Betar. Antes de eso, el cineasta, que es graduado de la Escuela de Cine y Televisión Australiana, dirigió numerosos cortos que han recibido premios en festivales como Telluride, Nueva York, Aspen, Chicago y Sidney. Desde hace seis o siete años integra el equipo de producción de la empresa Arenafilm, y en 1999 fue incluido por la revista Variety en la lista de los diez jóvenes productores más prometedores del mundo. Ha sido también productor y director teatral, obteniendo uno de sus mayores éxitos con la obra The Boys, que luego (1998) produjo en cine bajo la dirección de Rowan Woods.