GUILLERMO ZAPIOLA
El dinosaurio radiactivo y resucitado Godzilla, figura mítica del cine japonés, cumple cincuenta años y se jubila. El querido monstruo gigante, a veces destructor de ciudades, a veces salvador del mundo, se despedirá de la pantalla grande en diciembre próximo, cuando se estrene su más reciente película, Final Wars, que coincidirá con el 50 aniversario de la serie.
Final Wars (Las guerras finales), que reunirá a más de diez monstruos aparecidos en films anteriores, será estrenada en Japón el 11 de diciembre. La película, la número 28 de la serie iniciada en 1954, será una compilación de los trabajos realizados en 50 años y pondrá punto final a las andanzas de Godzilla. Esta "película aniversario", que mostrará enfrentamientos de monstruos en Nueva York, París, Shanghai y Sydney, incluirá la presentación de una nueva criatura terrorífica que enfrentará al ya veterano dinosaurio (¿o dragón?) que ha hecho las delicias de varias generaciones de cinéfilos. Se merece una evocación y una despedida.
ANTECEDENTES. Los zoólogos siempre han tenido problemas para definir a qué especie pertenece Godzilla: es obviamente un reptil prehistórico, pero está dotado de poderes que esos animales no han tenido jamás, por ejemplo, echar fuego por la boca. Esa puede ser una consecuencia de las condiciones que provocaron su resurrección (la radiación atómica), pero también la prueba de su vinculación con una tradición legendaria muy japonesa: es muy claro que en el imaginario colectivo de su país de origen, la primera película de la serie ( Godzilla, rey de los monstruos, 1954, director Inoshiro Honda) integró las ancestrales historias sobre dragones con los modernos terrores suscitados por las entonces recientes hecatombes de Hiroshima y Nagasaki. La irrupción de la energía atómica había constituido un verdadero impacto, y toda una zona de la ciencia ficción, incluso la norteamericana, estaba dejando constancia del hecho: basta recordar las hormigas gigantes de El mundo en peligro de Gordon Douglas, también de 1954, también resultado de la ciencia atómica.
Es interesante seguir la pista a su progresiva transformación. En Godzilla, rey de los monstruos se trataba claramente de una entidad destructora aunque también ribeteada de cierto carácter religioso y místico. Sus malos humores se fueron aplacando sin embargo en films posteriores, y más de una vez se lo vio convertido en héroe, enfrentado a otros monstruos más agresivos o a amenazas extraterrestres. El éxito de sus aventuras generó toda clase de imitaciones y rivalidades, varias de ellas a cargo del mismo Honda y su técnico en efectos especiales Eiji Tsuburaya: el pterodáctilo Rodán, la tortuga espacial Gamera, el reptil Varan, el cangrejo Ebirah, el ídolo de piedra revivido Maijin y hasta la más amistosa polilla Mothra (en japonés Mosura), que trata de no meterse con nadie pero entra en acción cuando alguien fastidia a los isleños que la adoran. Los japoneses importaron incluso a King Kong y a una variante desmesuradamente crecida del monstruo de Frankenstein (para ellos Furankenshutain), y al igual que la empresa Universal en la década del cuarenta apelaron a los "cócteles de monstruos", la reunión en una misma película de varios de ellos, a veces enfrentados, a veces uniendo fuerzas contra agresiones exteriores.
PERMANENCIA. De todo ese bestiario, Godzilla fue sin duda el ejemplar de mayor éxito en el mundo occidental, y hasta generó toda clase de imitaciones, a veces penosas. De hecho, el primer film de la serie fue ‘americanizado’ por sus distribuidores en Estados Unidos, quienes procedieron a un nuevo montaje y la incorporación de un personaje norteamericano encarnado por Raymond Burr. Curiosamente, lo mismo ocurriría tres décadas después con Godzilla 1985, de Kohji Hashimoto y R. J. Kizer, una copia prácticamente literal del primero, que fue comprado para Estados Unidos por el astuto Roger Corman: también esta vez el material fue remontado, y Burr incorporado al asunto. Luego de eso, solo quedaba el paso a la animación y la pantalla chica: los prolíficos William Hannah y Joseph Barbera produjeron una serie televisiva dibujada, con un Godzilla bondadoso y desfacedor de entuertos, y hasta un bicho más chico y simpático (Godzuki) como ‘alivio cómico’. Se requería de un retorno a los significativos ‘valores de producción’ y los despliegues de tecnología de última generación para que el viejo y querido reptil pudiera retornar a la pantalla grande con todo su esplendor.
Eso fue lo que intentó el alemán Roland Emmerich, que ya había hecho en los Estados Unidos una exitosa historia de invasiones espaciales (Día de la independencia) y realizó una costosa "americanización" de Godzilla que funcionó solo relativamente en taquilla. Pero el personaje era básicamente japonés, y es lógico que sea en Japón donde se decida jubilarlo. A no perder las esperanzas, de todos modos: el ejecutivo Mochida, de la empresa productora Toho, no excluyó la posibilidad de un retorno. En este, como en muchos otros terrenos, la taquilla manda.