CRITICA/FERNANDO MANFREDI
Stagium baila chico buarque
Ballet Stagium de Brasil
Dirección. Marika Gidali
Coreografía. Décio Otero
Música. Chico Buarque de Hollanda
Sala. Teatro Solís, jueves 6 de abril
La actuación en el Uruguay del Ballet Stagium de Brasil no podía pasar desapercibida. Ya desde la explanada del Teatro Solís se podía ver la presencia de figuras destacadas del ambiente teatral uruguayo, que no suelen asistir regularmente a este tipo de espectáculos.
Es que Stagium trasciende a su propia imagen danzante para proyectarse sin inhibiciones más allá de lo meramente sindicado a su género en una política constante desde su nacimiento como grupo en 1971.
Aclamado, respetado e imitado, Stagium es hoy mucho más que un conjunto de 14 bailarines. Es una escuela de danza, pero también un proyecto educativo con varios frentes de ataque para desarrollar la sensibilización corporal o la formación cultural de nuevos espectadores, proporcionar a la vez el marco necesario para una mejor socialización de niños y adolescentes.
Pocos conjuntos de danza resultan tan atractivos por lo que proponen en escena, tanto como por lo que significan como institución. Y también pocos conjuntos ostentan tantas distinciones como el ballet Stagium y sus creadores y directores Marika Gidali y Décio Otero.
Así las cosas, muchas eran las expectativas que movían a los espectadores la noche del pasado jueves cuando la sala del teatro Solís quedó totalmente a oscuras.
CREACION. Subido el telón, una base rítmica electrónica de secuencia pulsátil comenzó a emitirse al tiempo que una progresiva luminosidad develaba lo que había sobre el escenario. La puesta remedaba un depósito de materiales teatrales con algunas rampas y escaleras, así como afiches viejos.
El elemento dominante sin embargo en ese ámbito de trastos en desuso eran los maniquíes (el cuerpo de baile) mayoritarios en número y detenidos en las poses más diversas. A lo largo del espectáculo cada uno de los maniquíes cobra vida asumiendo una o varias personalidades, y expresa sentimientos apoyándose en elementos funcionales de vestuario que se superpondrán a las mallas enterizas que lleva todo el grupo.
Las canciones de Buarque, porque precisamente el espectáculo se llama Stagium baila Chico Buarque sirven como fuente inspiradora de las coreografías que se suceden alternando momentos enérgicos con reflexivos. No siempre se puede compartir la traducción que Décio Otero hace de la canciones del célebre compositor, pero ciertamente ninguna peca de convencional.
En lo expresivo se emplean varias formas expresivas que implican acciones solistas o de conjunto (la gran mayoría) y el tono general juega más con lo irónico que con lo dramático, en una secuencia que culmina casi al estilo Broadway.
CONJUNTO. El ballet Stagium cuenta con un destacado cuerpo de baile que al igual que la postura anticlásica de las figuras también apela a bailarines que no encajan dentro de los cánones anoréxicos que dominaron el panorama del arte en las principales compañías. Los integrantes del Stagium se ven más humanos e imperfectos, lo que es decir más próximos al espectador, algo que favorece la actitud educativa asumida por el proyecto desde su creación.
Hay una gran preparación y conciencia del espectáculo en cada bailarín para encarnar las figuras muchas veces comprometidas que le tocarán en suerte. Se siente convicción en las propias fuerzas pero también en el trabajo encarado en conjunto.
Tal vez, el hecho de que en Stadium baila Chico Buarque ningún bailarín queda al margen de lo que acontece en primer plano (aunque sólo sea en pose estática) ejemplifica algo que salta a la vista: en Stagium el todo es efectivamente mucho más que la suma de las partes y cada creación es fruto de un esfuerzo colectivo donde nadie es superfluo.
Por eso más allá de lo visto, más allá de los aplausos, Stagium se aprecia como una forma de vida, una concepción de la danza abierta a la comunidad y comprometida con el presente.