REBAR
Marisa y Liliana Kuegrel son gemelas, y no necesitan decirlo, pues las denuncia su extraordinario parecido: y, además, no existe un solo hábito que las diferencie. En la argentina Misiones (donde viven y aprendieron la profesión de modelos) pobladores sagaces ven en ellas algo raro: comentan que, aunque gemelas y todo, se quieren demasiado; las conocen desde chiquitas, cuando manejaban los mismos juguetes y concebían iguales fantasías; y las vieron crecer -adolescentes avanzadas y jóvenes tempraneras- jugando a los matrimonios con esposos compartidos, y expuestas a concepciones reales.
Esta es la tercera vez que representan tal comedia. El varón de turno se llama Juan Carlos López: tiene 30 años, está separado de la madre de sus dos hijas, y es dueño de una compañía de coches de remise (en la Argentina, los remiseros están de liga: ¿se acuerdan del favorito de "Solita"?)
Los psicólogos -que meten la nariz en la vida de medio mundo y, encima, cobran por eso- formulan diversas teorías tratando de explicar el episodio "tripartito". El psicoanalista Enrique Novelli, que se incendió el cráneo escribiendo el libro "Enigmas de la sexualidad", en una tesis de trasnoche opina que éste es un ejemplo de "Reemplazo de la madre", y dice: "Ellas (las gemelas) comparten ese primer personaje donde se gestaron, es decir, la madre, que es reemplazada como modelo por el novio"... ; y añade, para que lo entendamos todavía menos: "Tienen una seria patología del yo, las dos con un mismo objeto (López, les aclaro, ascendido de remisero a objeto) que las erotiza y "las satisface"... Bien, Lopecito, vamo`arriba. Insiste Novelli con sus novedades: "Apuntan (sigue hablando de las gemelas) a un mismo personaje (a López, que demuestra no ser un López cualquiera) y en él terminan de unificarse".
A Marisa y Liliana les importa menos que un maní, que se las estudie con tanta terminología científica: continuarán suplantando a mamá y coincidiendo en darle titularidad a John Charles, que me recuerda a ese basquetbolista que surge del banco de suplentes, y enseguida se manda flor de doble... que es lo que ha embocado el dicho López. Me pregunto qué pasaría si, en este tiempo en que todo lo anormal se regulariza por vías de la legalidad, un día se autorizara el casamiento del remisero, con estas gemelas... y luego apareciera un hijo de alguna de las dos: la confusión del crío aumentaría con su crecimiento. Supongamos que la madre fuese Marisa, que en determinada circunstancia le dijera al chico -o la chica- casi gritando: "Che, saludá a tu padre... que también es tu tío, porque es el marido de mi hermana".
Para terminar de informarles de este caso, transcribo palabras de Liliana respecto de Lopecito: "Nunca está una sola con él. Siempre nos acostamos los tres". Algo de eso sospechaba yo.