Cuando por trabajar se mata

| La historia de un desempleado genera un ejercicio de suspenso y humor negro por el director de "Z"

ACCION. El talentoso actor José García (protagonista del film) atiende al director Costa Gavras 200x154
ACCION. El talentoso actor José García (protagonista del film) atiende al director Costa Gavras
El País

GUILLERMO ZAPIOLA

Los malestares de la mundialización constituyen el eje de la acción de La corporación, película francesa dirigida por Costa-Gavras (el de Z, La confesión y Estado de sitio) se estrena el próximo viernes. El protagonista Bruno Davert (José García) es ejecutivo de una fábrica de papel que lleva quince años dedicado a satisfacer las necesidades de los patronos y accionistas de la compañía. Un día ocurre la catástrofe: como resultado de un proceso de reestructuración de la empresa, el hombre es despedido junto con otros cientos de compañeros.

En principio la medida no le preocupa; es joven (alrededor de cuarenta años), cuenta con una preparación excelente, y cree que no tardará demasiado en encontrar otro puesto de un nivel similar. Tres años después, aún sin trabajo, sólo tiene en mente sobrevivir, preservar su propio bienestar material, y salvaguardar el futuro de su esposa e hijos. Con la ayuda de un arma decidirá pasar a la acción y comenzar a aniquilar a su competencia de una forma ordenada y lógica. Al mismo tiempo prepara el asalto a la Corporación Arcadia, el último obstáculo entre él y el ansiado puesto laboral.

El film adapta una novela policial (The Ax) del norteamericano Donald Westlake, abundantemente llevado al cine (desde A quemarropa de John Boorman hasta Revancha con Mel Gibson), quien también suele firmar como Richard Stark. La apariencia es la de una comedia policial con humor muy negro, aunque el periodista Ignacio Ramonet ha podido resaltar sus alcances metafóricos: "Lo mismo que Voltaire, Costa-Gavras nos cuenta una situación amoral para despertar en nosotros el sentido moral. Y lo filma con una virtuosidad narrativa asombrosa, con un ritmo trepidante, sin tiempos muertos ni escenas inútiles. No se limita a presentar la vida criminal de un ejecutivo desesperado, sino también, con pequeñas pinceladas, rápidas, precisas y sensibles, toda una sociedad que se tambalea, un poco aturdida, con los golpes de la mundialización. Al mismo tiempo hace una descripción sutil de la pequeña familia del ejecutivo asesino que amenaza con disolverse".

DIRECTOR. Para mucho espectador uruguayo y mundial, el nombre de Costa Gavras está inevitablemente unido al de la serie de "thrillers" políticos que realizó en los años sesenta y tempranos setenta, y en los que cuestionó a la dictadura griega (Z, 1969), el comunismo (La confesión, 1970) y hasta el proceso militar uruguayo (Estado de sitio, 1973). Nacido en Atenas, hijo de un funcionario griego, su familia emigró a Francia a principios de la década de 1950, y allí cursó estudios de literatura en la Sorbona. Fue asistente de dirección de gente como René Clair y en 1965 debutó como director con el policial Crimen en el coche cama, donde ya actuó su frecuente cómplice Yves Montand. Tras un asunto bélico sin demasiado relieve (Donde sobra un hombre, 1966) obtuvo un gran éxito de crítica y público con Z (1969), dramatización del asesinato del diputado Grigoris Lambrakis por militares griegos, según novela de Vassili Vasilikos adaptada por Jorge Semprún. Hizo también La confesión (1970), sobre purgas en el "socialismo real" según las padeció y contó en un libro el checo Artur London; Estado de sitio (1973), sobre golpistas uruguayos y cómplices internacionales, y Sección especial (1973), sobre colaboracionismo francés con los ocupantes nazis. Con un par de excepciones (la historia romántica de Claro de mujer, 1979; la comedia negra Consejo de familia, 1986), sus temas han estado casi siempre extraídos de la crónica social y política; el Chile de Pinochet en Desaparecido (1982), el conflicto palestino-israelí en Hanna K. (1983), el supremacismo blanco en los Estados Unidos en Traicionados (1988), las supervivencias del nazismo en Mucho más que un crimen (1989), la ética periodística o su ausencia en El cuarto poder (1997), el alegado "silencio" del Vaticano ante los crímenes nazis en Amén (2002). Con esos antecedentes, no debe llamar la atención el interés que el tema de La corporación haya podido ejercer sobre el realizador. . Las empresas desmontan plantillas en Europa para llevarse la producción a paraísos de mano de obra barata, y los ejecutivos en los cuarenta, hombres bien preparados, no se libran del despido. Aparentemente situados en la mejor posición imaginable para encontrar un nuevo trabajo, ven cómo su futuro se desliza por una pendiente que no controlan.

ACTOR. Se ha señalado que uno de los firmes atractivos del film lo constituye la presencia del actor gallego José García en el papel protagónico. El hombre se ha venido afirmando en Francia a través de una serie de films como Après vous, Le Septième jour, Rire et châtiments, La vérité si je mens 2 y Le vélo de Ghislain Lambert. Recientemente García presentó en Madrid una retrospectiva de su trabajo e impartió una "masterclass" junto con el actor Guillermo Toledo. Ambos artistas expusieron las peculiaridades del humor en cada país y comentaron sus respectivas trayectorias profesionales. García aprovechó para volver a Orense, ciudad donde residen sus padres.

Tragicomedia del desempleo

La crítica europea ha recibido con aplausos el más reciente film de Costa-Gavras. Tras su exhibición en la Semana de Valladolid, la española Angélica Tanarro señala: "Una mirada superficial sobre La corporación podría hacernos pensar que Costa-Gavras ha cambiado de registro y que ha dejado su cine político por otro de temática más social. Pero una visión más atenta nos lleva a darnos cuenta de que el director de Z habla siempre de lo mismo en su cine. Habla de las víctimas. En este caso, de víctimas bien vestidas, y mejor situadas en la escala social, aparentemente en los primeros puestos del privilegio. Altos ejecutivos de alto nivel de vida, con casas de cuento, familias de novela y una vida de diseño impecable. Todo precariamente asentado sobre los frágiles cimientos del ultraliberalismo".

Más adelante Tanarro agrega que, en todo caso, lo que ha cambiado en Costa-Gavras es el tono: "El director ha optado por un tono tan español como el de la tragicomedia, aunque pasado por la asepsia. Aunque en el cine de un maestro como él hay siempre un resumen de lo mejor de los clásicos, desde el humor al `thriller`, desde la ironía al misterio. Pocos peros se le pueden oponer al film. Gavras no pierde pulso y en esta ocasión opta por desarrollar el argumento desde la distancia y con tal limpieza y precisión que cuesta implicarse emocionalmente en él. Los personajes que acompañan al protagonista, sobre todo los miembros de su familia, son estereotipos tan iguales a sí mismos que se dirían comparsas en una fábula moral. Forman parte del paisaje, como lo son los elementos materiales que dibujan su tren de vida. Así los ejecutivos en paro y el drama que les acompaña aparecen nítidos en el primer plano".

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