Mañana cumpliría 70 años. Como el mote de ‘beatle callado’ lo identificó tanto tiempo, a menudo se pasa por alto que como artista –y también como persona– fue muy curioso y prolífico. Grabó doce discos como solista, incluso antes de la disolución de Los Beatles, como cuando publicó la banda sonora de la película "Wonderwall" en 1968. Produjo y financió películas a través la productora Hand Made Films, tanto para el alocado grupo de comedia inglés Monty Python como para Madonna. Fue pionero en la organización de recitales multitudinarios por una causa (el Concierto de Bangladesh) .Difundió para su público la música del sitarista indio Ravi Shankar. Integró junto a Bob Dylan, Tom Petty, Jeff Lynne y Roy Orbison el supergrupo The Travelling Wilburys que dejó dos discos. Y hasta tuvo tiempo para correr en autos de carrera.
Harrison podía ser desprendido y generoso hasta lugares imprevisibles para una estrella de rock. En un ambiente minado por egos y vanidades sobredimensionados, Harrison nunca le reprochó a su amigo Eric Clapton que éste le hubiese "robado" a su primera esposa Patti Boyd. Hizo amigos en todos los lugares a los que fue. En el documental de Martin Scorsese " Living In A Material World ", estrenado el año pasado y titulado como el disco de Harrison de 1973, el director de cine Terry Gilliam recuerda que en el funeral del músico había gente del teatro, el cine y la televisión, músicos de rock, corredores de Fórmula Uno e integrantes de la secta Hare Krishna, una mescolanza a medida de los intereses y las amistades del inglés de mirada penetrante y gesto serio.
Pero lo de ser el ‘beatle callado’ tenía cierto fundamento. Su autobiografía "I Me Mine" tiene demasiado poco de revelaciones o explicaciones sobre su vida y obra. En los últimos veinte años de su vida eligió grabar solo tres discos solistas (en comparación, de 1970 a 1982 grabó ocho). Durante largos períodos evitó cualquier contacto con medios de comunicación, aunque nunca fue un recluso a la Howard Hughes. También tenía un costado menos luminoso, claro. Lennon, por ejemplo, reaccionó con mucha bronca pero también algo de dolor al constatar que en las páginas de "I Me Mine" Harrison apenas lo mencionaba como al pasar. "Me dolió. Parecería que mi influencia sobre su vida haya sido absolutamente cero", dijo Lennon en una entrevista. Y Harrison podía parecer ingrato –o directamente enojado– ante la adulación que los millones de fanáticos le profesaban. Algunos podrán atribuir esas contradicciones a su condición de pisciano, y él mismo apoyaba en parte esa lectura. En la canción "Pisces Fish" del disco póstumo "Brainwashed", uno de sus mejores , Harrison canta: "A veces mi vida parece una ficción/Pero otros días es un asunto bastante sereno/Soy una prueba viviente de las contradicciones de la vida/Una parte de mí va hacia allí donde la otra ya estuvo/Y soy un pez de piscis". Otros, en tanto, atribuyen ese síndrome de Jano más al consumo de cocaína –una droga de la cual Harrison iba y venía y que para quienes lo rodeaban, lo transformaba sustancialmente– que al esoterismo.
Hoy, su lugar en las mejores páginas de la historia del rock parece inamovible. Fue un guitarrista influyente y muy sutil, un compositor que no llegó a las alturas de sus compañeros de banda pero que consiguió dejar unas cuantas canciones imposibles de ignorar, como "Something", "Here Comes The Sun" y "While My Guitar Gently Weeps", entre otras. Sus aportes al rock son suficientes incluso para desmentir al título de su primer disco, luego de la separación de Los Beatles: "All Things Must Pass" ("Todo tiene que desaparecer").