HUGO GARCIA ROBLES
El tiempo pasa tan veloz que de pronto no advertimos que en el cercano año 2010 se cumplirán tres cuartos de siglo de la muerte de Carlos Gardel. En ocasión de los primeros 25 años de esa fecha, el Teatro Solís reunió a Paco Espínola, Lauro Ayestarán, Carlos Maggi, Daniel Vidart, entre otros, quienes asediaron desde ángulos distintos la personalidad del artista.
Eran, sin duda, otros tiempos culturales y otro país. El mismo que evocaba en su columna de la semana pasada Jorge Abbondanza, enumerando las distintas áreas en las cuales entonces Uruguay podía ofrecer al mundo valores y hechos que lo enaltecían.
A quien escribe la caben las generales de la ley: gardeliano desde su más tierna infancia, tiene la imagen clara del crepúsculo del 24 de junio de 1935, cuando la noticia al principio confusa del accidente, ponía en las aceras a las vecinas comentando la muerte o la supervivencia, del cantor.
Su madre le contó que cantaba a los cuatro años por cumplir, los tangos de Gardel con el silabeo incorrecto de la niñez.
En 1985, al cumplirse medio siglo de Medellín, pudo publicar en Caracas donde residía entonces, un suplemento en cuya portada lucía una de las fotos del cantor tomada por Silva en Montevideo.
En ese 24 de junio la pasión por Gardel y el tango que alienta en el pueblo venezolano se dejó ver y oír.
En el monumento que tiene el cantor en Caracas, se hizo presente el pueblo con sus guitarras y cuatros, cantando temas del repertorio de Gardel, como espontáneo de sincero homenaje.
Colombia editó una estampilla de correo que, con el rostro del cantor, recordaba el medio siglo de su muerte, precisamente en tierra colombiana. Pero el peso continental de Gardel alcanza a fronteras más lejanas: en una charla con el sociólogo portorriqueño Frank Seda Bonilla, en Montevideo en los años `60, se cruzó el tema del tango y de Gardel.
Seda Bonilla dijo, de la manera más natural: "el 24 de junio, en Colombia es día de duelo". Sorprendió a quien escribe que supiera la fecha del accidente como si fuera una fecha patria de su país.
Por otra parte, el cine llevó la imagen de Gardel y su voz por todo el ámbito hispano parlante. España y Latinoamérica fueron los destinatarios primeros. Quizá sea justo ver en la existencia de ese público no rioplatense, que las letras de Le Pera abandonaran toda voz lunfarda, inaugurando una poética de estilo depurado que anunciaba a Manzi.
No es casual que ambos, el autor de Volvió una noche, Arrabal amargo, Volver y otros, muriera junto con el cantor que les dio vida, en el fatal accidente de Medellín.
El mismo destino condenaba la letra y la música de esas creaciones que no mueren, a arder en el mismo fuego.