Falleció Mercedes Rein a los 76 años de edad

Obra. La escritora fue muy importante para el teatro uruguayo

JORGE ABBONDANZA

La escritora, dramaturga y traductora Mercedes Rein murió en la tarde del domingo 31, como si hubiera querido despedirse junto con un año que también se extinguía.

Alta, flaca, rubia, sonriente y extraordinariamente cordial, era también muy tímida y ese rasgo la mantuvo en su bajo perfil durante toda la vida, como si prefiriera disfrutar a la distancia del medio teatral al que brindó tantas cosas. La gente desmemoriada o la gente joven tendrán ahora una idea muy escasa de lo que significó Mercedes, que falleció a los 76 años recién cumplidos y era una de esas personalidades orquestales, capaz de hacer no una sino varias cosas en beneficio de la actividad escénica.

Las biografías que registran su trayectoria dicen que fue escritora, traductora, dramaturga, docente, ensayista, narradora, crítica teatral y literaria, nada menos. Pero lo importante es que en todos esos territorios rindió a un nivel estupendo, reflejo no ya de su formación sino además de su rigor profesional y su carácter de estudiosa inagotable.

Los viejos espectadores montevideanos quizá recuerden que Mercedes era una traductora admirable, sobre todo a partir del alemán, y que en ese carácter figuró por ejemplo en casi todas las versiones locales de obras de Bertolt Brecht, desde las épicas puestas en escena de El círculo de tiza caucasiano o La ópera de dos centavos por El Galpón, pero pasando luego por otras piezas del autor como La resistible ascensión de Arturo Ui y Galileo Galilei, sin olvidar su sedoso traslado al español de María Estuardo de Schiller, que fue un acontecimiento en el despliegue que le prestó la Comedia Nacional a fines de 1968.

Pero junto a esa faena que perduró durante décadas, ella entregó (a menudo en asociación con Jorge Curi), algunos textos propios que brillaron en el Circular, desde El herrero y la muerte, que fue un enorme éxito de público, hasta Los comediantes, que era una regocijante recopilación de escenas de Cervantes.

Hubo más textos de Mercedes en la cartelera de una época que ya parece remota y heroica, como La balada de los años cuerdos (1964) y otras adaptaciones que eran casi una reescritura, como La rebelión de las mujeres de Aristófanes (1985) o dos trabajos más recientes que le valieron premios de la crítica, como Entre gallos y medianoches (1987) y Juana de Asbaje (1993), que en la versión del elenco oficial la hizo ganar el Florencio como mejor obra nacional del año.

En el campo narrativo, y al margen de los abundantes cuentos que escribió (Zoologismos, Blues de los domingos), Mercedes fue autora de novelas como Casa vacía, Bocas de tormenta, El archivo de Soto o Marea negra, por las que recibió desde premios del Ministerio de Educación y Cultura hasta el premio Foglia. Pero además escribió la letra de varias canciones, en colaboración con Jorge Lazaroff, y fue crítica de letras y de teatro en el semanario Marcha y después en Brecha.

La suma de todos esos desempeños resulta ahora impresionante, pero cabe señalar que la insólita amplitud de un registro artístico y literario fue más usual en aquellos años de florecimiento del medio cultural montevideano, aunque los mejores ejemplares del período han sabido prolongar su rendimiento a lo largo de toda la vida, por larga que ella sea, demostrando con eso no sólo el elástico alcance de una sensibilidad sino la envidiable anchura de su formación.

Como reflejo adicional de esos apoyos, fue además miembro de la Academia Nacional de Letras, institución en la que figuraba como nota complementaria de su destaque personal. Despedirla en este año nuevo es una mala manera de dar vuelta a la hoja del almanaque, pero supone también distanciarse de una personalidad que enriqueció de varias maneras el ambiente donde actuó. Junto con ella se aleja asimismo toda una época de la vida montevideana, toda una mentalidad, todo un culto de los valores legítimos y la verdadera calidad.

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