El mundo del boxeo es un tema excluyente en la obra gráfica de Edgardo Flores. Este montevideano nacido en 1958 se ha formado en las disciplinas artísticas desde la adolescencia, lo ha hecho con una distinguida lista de profesores en el país y en el exterior, y se ha especializado en la técnica del grabado. Lo que ahora expone son xilografías donde las imágenes del boxeo admiten una visión humorística que no oculta la vieja devoción del artista por esa actividad deportiva. De hecho, Flores fue boxeador profesional durante la década del 80, una práctica en la que llegó a destacarse y obtener títulos y distinciones. Esa es la fuente de abastecimiento de esta muestra que seguirá habilitada hasta el mes que viene.
Lo atrayente en su lenguaje es el visible entusiasmo de realización, junto al desenfado con que resuelve sus estampas. La presión del buril sobre la madera parece saltar a la vista en la energía con que el artista traza sus figuras, esos púgiles cuyos bordes ondulan confiriendo a cada cuadro una dinámica que acompaña el ojo burlón del enfoque. Algo de las célebres xilografías de Carlos González y de su sabrosa fauna criolla se refleja en las obras de Flores, quizá por el acento levemente caricaturesco que las recorre o por la vehemencia del trazo que las modula.
Este grabador se complace en elaborar sus composiciones con abundantes elementos centrales y periféricos, desde letreros o ramajes hasta bordes ornamentales o recuadros y cápsulas para envolver a los personajes. La risueña glorificación del combate sobre el cuadrilátero le permite jugar habilidosamente con grises interrumpidos por huecos blancos o por manchas de negro profundo. Pero la habilidad se mantiene cuando incorpora el cromatismo a algunos trabajos, donde la calidez de rojos y castaños también hace su aporte al espíritu de los temas. La soltura y la ocasional fuerza expresiva de su labor, benefician igualmente a ambas vertientes, aunque el blanco y negro le rinde como para no exigir otros auxilios del color.
La muestra incluye algunas esculturas de pequeño formato que tienen dos o tres ocurrencias, aunque allí el interés del resultado es menor. Todo ello está desplegado en el flamante Espacio Cultural Contemporáneo, cuyo equipamiento es impecable. El lugar ofrece bondades de iluminación y de diseño ambiental, además de comodidades para el visitante y una amplitud que permite respirar holgadamente a las obras exhibidas. Ese espacio integra uno de los reciclajes de viejos edificios que están jerarquizando la zona. Vale la pena echar una ojeada, al envase y al contenido.