El señor Ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca tiene (no es necesario que yo se los descubra) un personalísimo concepto de la vestimenta masculina. Dondequiera se presente, impacta por su atuendo. Claro que él sigue fiel a la teoría de que la pinta es lo de menos... aunque, como es esencialmente pragmático, si mañana (un suponer) para lograr que baje más aun el precio del asado tuviera que vestirse de medida con mi querido Muto, aparecería —en homenaje al pueblo— como un figurín de galán recio (algo así como un "dandy" rural) capaz de ingresar a Hollywood a través de un Tratado de Libre Elegancia con Estados Unidos.
Esa particularidad del "Pepe" va cobrando perfil internacional, y de a poco surgen los émulos del informalismo (por suavizar el calificativo). El último es Evo Morales, que por lo mismo que es medio raro es Medioevo. Según se informó poco antes de asumir su investimenta (digo, su investidura) el flamante gobernante de Bolivia usó traje y corbata una sola vez en su vida, y no parecía dispuesto a pegar doblete en el acto de la toma de mando. Ya venía ensayando para el Gran Premio Presidente de la República recorriendo continentes y visitando a reyes, futuros colegas, primeros ministros, etc., enfundado en un pullover a rayas multicolores, de multiuso en ambientes diferentes y entre distintas personalidades. Pero, los relojes que registraban esos floreos por la pista universal, quedaron hechos puré cuando Evo batió todos los récords con su "ajuar" para la ceremonia de Jura como Jefe Supremo de los Indígenas de los Andes, en la víspera de acceder al sillón (no a un humilde banquito, menos mal) presidencial. Descalzo, vestido con una túnica roja, y manteniendo —con riesgo de voladura— un gorro de lana de cuatro puntas tipo birrete (que no le favorecía demasiado) Morales pronunció un discurso en lengua nativa y agregó en castellano esta sentencia: "En el mundo, o gobiernan los ricos o gobiernan los pobres"... con lo cual mandó a la clase media a llorar al cuartito con acompañamiento de quena.
Al día siguiente, al jurar su cargo en el Congreso, vistió un traje ornado con un motivo folklórico en alpaca (minga de "corbatieri") y proclamó el comienzo de 500 años de gobierno indígena, con lo que disimuló la verdadera intención del vaticinio: indio fuerte él, tiene el propósito de postularse para 125 reelecciones.
Ignoro qué actitud adoptaría el "Pepe", si Evo lo invitara a asociarse en una novedosa "boutique" masculina, de modelaje creativo y absolutamente propio. Por los gastos de instalación de sendos locales en Montevideo y La Paz, no habría problema: el Tío Hugo pondría los petrodólares que fueran necesarios, con una condición; colocar en la fachada un gran letrero para orientar al público; ENTRADA POR LA IZQUIERDA.