CARLOS REYES
La temporada teatral que termina parece no haber tenido mayores diferencias con respecto a las anteriores. Sin embargo, si se mira detenidamente, el teatro uruguayo está cambiando de a poco, para ir tomando una nueva fisonomía.
La comunidad teatral uruguaya (que mayoritariamente es montevideana) cuenta con varios puntos a favor y también bastantes en contra. Entre los primeros está la cantidad de artistas con que cuenta, y la larga y fecunda tradición en que se apoya. Incluso algunos de los viejos maestros siguen subiendo al escenario, como es el caso de Roberto Fontana, que este año presentó bajo dirección de Jorge Denevi (que tampoco es un principiante) El hábito del arte, con la que ganó el Premio Florencio al mejor actor. Otros intérpretes de larga trayectoria siguen marcando (felizmente) presencia, como Walter Reyno, que este año tuvo mucha actividad (El herrero y la muerte, Cuestión de principios).
La cantidad de salas herederas del viejo teatro independiente (empezando por El Galpón y el Circular) también son un capital que aprovechan las nuevas generaciones, junto a toda una estructura de docentes, técnicos, y hasta los contactos con el teatro del exterior. El Circular, por ejemplo, este año ha tenido muy buena programación, ofreciendo entre otros trabajos Mi querida, Una visita inesperada, Edmond y El rey se muere, para citar solo cuatro.
No obstante, no es novedad que las circunstancias del teatro independiente hoy son otras, y la comunidad teatral busca -y a veces consigue- adaptarse a los nuevos tiempos. Uno de los puntos principales que tiene que superar es lograr mejores producciones, y para eso precisa productores que estén dispuestos a invertir, cosa que no se encuentra a la vuelta de la esquina.
En ese aspecto, uno de los cambios que se viene consolidando es la mayor intervención de la gestión pública, que tanto a través de los distintos programas del Ministerio de Educación y Cultura como de la Intendencia de Montevideo, están apuntalando la nueva configuración del sistema teatral montevideano. La lista de espectáculos que recibe apoyo estatal es larga: por citar alguno, Las actices, que con dramaturgia de Victoria Vera y dirección de Diego Minetti, ofreció un fresco entretenimiento sobre el oficio del actor, llevado adelante por Valeria de Souza, Lorena Mangana, Etelvina Rodríguez y Verónica Viera.
Al respecto, conviene tener presente que este año el Premio Florencio al mejor espectáculo fue para Blackbird, obra que llevó adelante el equipo de La Cuarta Colectivo Artístico, una productora que viene desarrollando una fructífera actividad desde hace más de una década, con aportes de la talla de Gatomaquia y Maluco, las tres camino a ser repuestas la semana que viene (Blackbird en el Teatro Victoria y las otras dos en el Teatro del Notariado).
En suma, el teatro independiente tiene que valerse de sus buenos actores (de todas las generaciones) y de toda su estructura de salas y técnicos para seguir yendo a más. Tiene sin embargo que seguir modificando su forma de producción, para ofrecer quizá menos obras, mejor producidas, y con el ojo siempre puesto en el público y sus deseos y expectativas. En ese orden, La Cuarta producciones (también por sus vínculos internacionales) está marcando un camino.
Por lo demás, la temporada 2011 se caracterizó por la presencia de renovadas versiones a partir de éxitos de décadas atrás, que han sido recibidos con mucho interés. Doña Ramona, realizada por la Comedia Nacional bajo dirección de Jorge Bolani, o El herrero y la muerte, en el Teatro Victoria con dirección de Jorge Curi, fueron dos espectáculos que aprovecharon el pasado para convocar espectadores y hacerlos pasar un buen momento.
Más allá de eso, la temporada tuvo de todo un poco, como tiene que ser. Con Un tranvía llamado Deseo, la Alianza Uruguay-Estados Unidos volvió a acertar en su programación, con un gran trabajo de dirección de Roberto Jones, y un protagónico más que aceptable a cargo de Victoria Rodríguez. En la otra punta de la oferta se puede ubicar un espectáculo como Neva, que brindó un gran texto del dramaturgo chileno Guillermo Calderón, bajo dirección de Álvaro Correa, y con tres interesantes papeles por cuenta de Paola Venditto, Bettina Mondino y Moré.
En una línea más experimental se puede citar Sentir distante, que con texto de Verónica Perrotta y dirección de Sofía Etcheverry exhibió bastante creatividad. Fiel a su tradición, la Comedia Nacional completó la oferta del teatro independiente con títulos ambiciosos, entre ellos su animada versión de El inspector, de Gogol.
Los países vecinos cada vez llegan con mejores espectáculos
El Solís, el festival de teatro público y otras instituciones privadas, hicieron que este año el teatro extranjero tuviera fuerte presencia en escenarios de Montevideo. Los ejemplos son afortunadamente muchos, entre ellos la versión titulada "Una flauta mágica", nada menos que de Peter Brook, que si bien es un espectáculo de ópera, su escenificación debe mucho al lenguaje teatral.
En un código totalmente distinto, el espectáculo israelí "Oyster", de la compañía Inbal Pinto y Avshalom Pollak, trajo toda una paleta de recursos de ilusionismo y magia al escenario mayor del Solís. La Fura dels Baus (en dos formatos distintos, callejero y de sala) y La Zaranda, acercaron un poco más la escena española a la montevideana.
Pero quizá sigan siendo los países vecinos los que continúan dejándonos más a menudo boquiabiertos. De Argentina se pudo ver "Mi vida después", un gran ejemplo de biodrama que reelaboró el escabroso tema de las víctimas (y victimarios) de la dictadura desde un lugar completamente inusual. Aunque tampoco se quedó atrás "Estado de ira", de Ciro Zorzoli, que inundó el escenario mayor de El Galpón de todo un juego de utilería, para plantear un divertidísimo ejemplo de teatro dentro del teatro, con tanto sentido simbólico como entretenimiento liso y llano.
Y continuando con su larga tradición de grandes actores, Brasil se hizo presente en Uruguay con "In on it", que con texto de Daniel MacIvor y dirección de Enrique Diaz, ofreció desde el Teatro del Anglo dos impecables actuaciones de Emilio de Mello y Fernando Eiras.