CRITICA | GUILLERMO ZAPIOLA
En la primera secuencia, un grupo musical chino subsidiado por el Estado pone en escena un patético número en el que un "ferrocarril humano" simula viajar al lugar de nacimiento de Mao Zedong, mientras un narrador editorializa las virtudes del Gran Timonel. Son los tempranos ochenta, Mao ha muerto ya, y en Beijing comienzan a pergeñarse las reformas lideradas por Deng Xiaoping que habrán de desembocar en ese extraño "modelo chino" que combina capitalismo salvaje con autoritarismo comunista, sin los equilibrios y los contrapoderes de la democracia liberal. Pero esos cambios políticos y económicos tardan en advertirse en el seno del colectivo artístico protagónico, que recorre remotos pueblecitos chinos con su modesto espectáculo.
Comenzarán a notarse a medida que el relato avanza, sin embargo. A veces se trata de pequeños detalles, como el radiocasetero en el que uno de los personajes deja oír por primera vez "decadente música occidental", o el televisor que aparece en la casa de una familia que antes no lo tenía. A veces se trata de circunstancias más serias, como la privatización del grupo en cuestión, que deja de depender del estado y debe asumir el riesgo de invertir fondos propios y vivir de lo que se obtenga en taquilla. Eso conduce a un cambio de estilo y hasta de denominación: los héroes del proletariado del comienzo terminan convertidos en el la banda All Star Rock’n’Roll and Breakdance, y los lineazos partidarios son reemplazados por letras en las que campean los temas románticos y ocasionalmente el desencanto.
Uno de los aciertos del director y libretista Jia Zhang-ke es el logrado equilibrio entre lo grupal y lo personal, la crónica colectiva y las pequeñas pinceladas individuales con las comedias o los dramas de sus integrantes: una relación amorosa a la que se oponen familiares que preferirían un matrimonio "arreglado", un resistido aborto, la interferencia de una burocracia autoritaria que se niega a morir. El cineasta persigue (y logra) cierto distanciamiento reflexivo, con una preferencia por los tiempos muertos, las tomas abiertas y a menudo quietas, la reticencia con que ciertas cosas no se dicen pero resultan claras por acumulación. No es difícil imaginar entre el público chino a una generación joven, quizás postmoderna, que puede sentirse identificada con el film y seguir la peripecia de sus personajes con una dosis de atención y una semisonrisa irónica en los labios, mientras la radio continúa emitiendo editoriales triunfalistas pero el espectáculo ofrecido por el grupo protagónico se ha convertido en el Club del Clan. La última secuencia, que da cuenta de una rutinaria, desgastada vida familiar, juega un deliberado contraste con las exaltaciones panfletarias del principio.
El cine chino había conocido un sobresalto en la década del ochenta, luego de demasiados años de propaganda maoísta y de imborrables aportes a la lista mundial de los Top Ten Worst (¿alquien recuerda La jugadora de básquetbol número trece?). En ese momento surgió la llamada Quinta Generación, integrada por gente como Zhang Yimou, Chen Kaige o Xie Fei, que mostró una mayor exigencia estética y algunos empujes críticos antes vedados. Esa gente chocó frecuentemente con la burocracia, y en más de un caso terminó optando por el conformismo (Zhang), las giras por el extranjero (Chen) o la "patada hacia arriba" (Xie Fei, convertido en productor pero sin real control creativo sobre lo que hace). Este Jia Zhang-ke parece ser uno de los más interesantes representantes de la generación siguiente, capaz de armar su relato coral con un sentido del tiempo y la pausa, o de la imagen que se prolonga mudamente un instante para ir más alla de la información y comunicar una sensación o una reflexión. Están pasando cosas en China, y este hombre sabe comunicarlas con talento.
PLATFORM
Zhan Tai
Director. Jia Zhang-ke.
Libreto. Jia Zhank-ke.
Fotografía. Yu Lik-wai.
Montaje. Kong Jin-lei.
Música. Yoshihiro Hanno.
Productores. Masayuki Mori, Li Kit-ming, Shozo Ichiyama.
Elenco. Wang Hong-wei, Zhao Tao, Liang Jing-dong, Yang Tiang-yi.
Hong Kong/China/Japón 2000.