ALEXANDER LALUZ
Simplemente fueron apareciendo, "como por encanto". Y eran tan simples "que no valía la pena llamarlas canciones". Esta es la confesión inconfundible de un señor con apellido Carbajal y mote con herencia de paisaje de río: Sabalero.
Dice, además, que esas canciones, las mismas Villa Pancha, La sencillita, Chiquillada de siempre, tienen historias para ser contadas, que merecen ser conocidas. No rozan la trascendencia acunada en filosofías complejas. Su valor está en "las cositas de todos los días. Las que pasan desapercibidas. Las que todos hacíamos sin darnos cuenta. Las infancias, los amigos, las travesuras, los trabajos. Y el amor, el amor".
Y esas historias tienen un destino fijado: mañana, entrada ya la noche, justo a las 21.30, en el teatro Solís. El espectáculo se llamará Las historias de mis canciones, y no tendrán mayores misterios. José Carbajal en el escenario, con su banda, y dejando constancia de los rostros, personajes, lugares, percepciones que estuvieron en "la cocina de mis canciones". Todo esto, además, quedará registrado en audio e imagen para una futura edición en DVD. "Esa edición tendrá también fragmentos de otros recitales -algo parecido a lo que hizo La Vela Puerca-, imágenes de Uruguay. Es un proyecto que de alguna forma se mezcla con el programa Ceibal Canta, que arrancará en mayo, y con el que recorreremos todas las escuelas del país". En fin, motivos más que justificados para volver a hablar con alguien que hizo también otra historia, la de la música popular, la de aquella generación (Los Olimareños, Zitarrosa, Sampayo, Viglietti…) que dio vuelta el mapa de la canción en los sesenta y le puso un lenguaje nuevo, personal, a la re-creación a un vocabulario musical heredado de la tradición.
No hay muchos antecedentes de un espectáculo así, cuenta con ese tono levemente áspero, grave, que bien se acomoda a un sábado de mañana, sin apuros, o a la interpretación casi improvisada, también sin apuros, de No te vayas nunca compañera. Uno de esos antecedentes, quizás el más importante o entrañable, lo descubrió algunos años atrás en Florida. Hasta allí había llegado para cantar "en una fiesta de fin de año de los médicos de ese departamento, que la hacía en una casa de recreo. Estaba entonces por ahí, escuchando radio, un programa de la radio oficial de Argentina que quizás se emitía semanalmente o algo así, donde estaba Atahualpa Yupanqui contando cómo había hecho sus canciones. En realidad habló sobre una o dos, nada más. Eso es lo único que recuerdo como antecedente".
Tiempo después se dieron las condiciones, o las necesidades, para hacer algo similar. "Tenía que volverme a Holanda y no tenía para el pasaje. Fue así que hablé con Beto Triunfo y él negoció con una radio para grabar una serie de 20 o 25 micros en los que yo contaba cómo había hecho mis canciones". Y para completar la producción, "Jorge Iglesias vestía los relatos con un poco de música al principio y al final".
Los micros finalmente se grabaron pero nunca llegaron a emitirse porque "la persona que negoció el proyecto después se fue de esa radio. Y yo me quedé con todo ese material". Una fuente a la que recurrir cuando los responsables del teatro Solís le propusieron "hacer algo para este año, algo medio exclusivo, que no hubiera hecho nunca. Entonces se me ocurrió esto. Y tuve la buena suerte de tener esas grabaciones, y además de tener los textos por escrito. Así que ya tengo el guión armado. Anoche lo estuve leyendo y ahora me estoy imaginando un poco cómo sería la puesta en escena, que siempre es lo más difícil".
Aquel frustrado proyecto radial fue, sin duda, por necesidad. "Tenía que volverme a Holanda, a estar con mi familia. Y realmente estaba muy entusiasmado. Pero después que te metés a escribir, por ejemplo, a recuperar la historia de La muerte, entrás en otra cosa". Y en la relectura de ese material, confiesa, descubrió las formas en que se vivieron las canciones. "Las volvés a vivir. Claro, no es lo mismo componer que recomponer, o, bueno, contar cómo componés. Además, por las cosas que leí anoche, se ve que en aquella época estaba muy sensible. Después que lo grabé no lo había leído más, además tenía nada más que la grabación de la primera parte, la otra la tiene Iglesias pero no la encontró. Y de pronto encontré los textos. Fue una revelación".
Así, entonces, será este espectáculo. Una "experiencia novedosa, interesante para mí, aunque todavía no sé cómo será para el público". Lo que sí está claro es que, más allá de la revisión de un repertorio archiconocido, estos relatos crearán otros puntos de escucha. Esos condimentos que necesariamente nos llevan a nuevos recorridos significantes, a la apropiación de los lados no siempre visibles de los textos de las canciones.
De la música, agrega con gesto de confesión, no hay mucho para decir. "Para mí es muy sencillo. Como no soy músico, todo es y fue intuitivo, un poco como buscamos todos o como la mayoría de los cantores uruguayos. No te olvides que para la generación nuestra, la del sesenta más o menos, iba todo por ese lado, el de la intuición. Por eso a veces nos repetimos mucho. Fijate, yo hice una canción que se llama Bien de pueblo, que la música es exactamente igual a Villa Pancha". Es, quizás, la intertextualidad omnipresente, la fuerza de la costumbre, o la forma de perfilar un ser, una identidad. "Me acuerdo una vez que Bebe Cerminara le dijo a Raúl Forlán -que había hecho una buena crítica de La casa encantada pero dijo que era `otra vez lo mismo`-: `es que uno siempre hace la misma canción, habla sobre el mismo tema`. Siempre hay soledad, la muerte, el amor, los temas que uno siempre anda rondando". Por otro lado, qué puedo decir del canto. Yo no tengo mucha voz, entonces todas son cantadas en tonos bajitos, muy intimista; hablo mucho porque no tengo voz para cantar, tampoco es que descubrí nada raro, es lo que podía hacer. Entonces esas limitaciones terminan convirtiéndose en una virtud, perdón, mejor dicho en tu estilo.
Lo que queda como interrogante -al menos para cuando tuvo charla con El País-, como trabajo para los próximos días, es definir la puesta en escena. Está claro "que no me voy a acordar de todos los textos como para decirlos de memoria, y tampoco me voy a sentar a leerlos. Tengo que hacer algo, poner alguna cosa para que la gente entienda que tengo que leerlo, porque son historias complicadas, y eso hay que hacerlo bien y decir las cosas que tengo que decir". Las posibilidades que brinda el escenario son muchas. Por ejemplo, "usar la iluminación, también el movimiento". Pero lo que ocurrirá finalmente quedará para descubrirse mañana, en lo que bien podría definirse como un encuentro íntimo con la historia y las memorias.
Por los pueblos con "Ceibal canta"
"Hemos estado recorriendo muchos lugares del país, buscando locaciones, filmando, fotografiando", relató El Sabalero a El País. La histórica fábrica de Juan Lacaze fue uno de esos lugares, "a donde, después de llenar varias solicitudes, nos dejaron entrar. Allí registramos el lugar, el edificio antiguo, incluso un viejo búho blanco que vivía en una sala de techo muy alto, sobre un travesaño".
Este material irá para el DVD próximo a editarse, en el que se incluirán registros de recitales, algunos fragmentos de este nuevo show, Las historias de mis canciones, e imágenes de otros lugares del país. Además, será parte de Ceibal Canta, un proyecto que El Sabalero lleva adelante con Educación Primaria, y que, a partir de mayo, tendrá más de 120 conciertos dedicados a alumnos de cuarto, quinto y sexto año de todo el país, y que se podrá ver en el portal web del Plan Ceibal.
La idea, agrega, es sumar a su repertorio las canciones de otros creadores, como Sampayo, Rodríguez Castillo, Drexler, Rubén Olivera, para hacer una suerte "de estampa geográfica del Uruguay" en aulas abiertas.
Según cuenta el popular músico, no va a faltar la espontaneidad en estas actuaciones. Es que a veces El Sabalero define, como él mismo relata, el repertorio un rato antes de empezar las actuaciones, incluso cinco minutos antes de la hora prevista.
Ver cómo es la gente que va llegando y adaptar el repertorio a las circunstancias es algo que sólo se puede hacer con mucha experiencia musical, con muchas horas de escenario y un sentido intuitivo de lo que al público le mueve más.