GUILLERMO ZAPIOLA
Quince candidaturas al Emmy (incluyendo los de mejor telefilm o miniserie, y sus dos actores protagónicos) avalan "Hemingway & Gellhorn", ambicioso "biopic" dedicado a los personajes del título que HBO estrena el domingo a las 18:15.
Tal vez habría que invertir los nombres del título. Si se llamara Gellhorn & Hemingway se sabría mejor que el eje de la historia lo constituye Martha Gellhorn (Nicole Kidman), formidable corresponsal de guerra y mujer de Ernest Hemingway (Clive Owen) durante la Guerra Civil Española y la Segunda Guerra Mundial.
Es el punto de vista de Gellhorn el elegido para contar la historia, que arranca con una envejecida Kidman que evoca su pasado ante un equipo periodístico, a treinta años de la muerte de Hemingway y casi medio siglo después que terminara su relación. Un buen trecho de los ciento sesenta minutos de duración del telefilm están dedicados al período español de la historia de la pareja, comprometida con la causa de la República (Hemingway le dedicó a ella Por quién doblan las campanas, sin ir más lejos).
HISTORIA. Para los conocedores del entretelón de la historia tiene su interés el reencuentro, no solamente con Martha Gel- lhorn y Ernest Hemingway, sino también con la cohorte de intelectuales de izquierda de varios orígenes que los acompañaron en su aventura. Allí asoman las figuras del novelista John Dos Passos (David Strathairn), del cineasta Joris Ivens (Lars Ulrich) y el fotógrafo Robert Capa (Santiago Cabrera), con alguna polémica acerca de sus diversas posturas con respecto al "copamiento" de la resistencia republicana por parte del comunismo soviético. El tratamiento puede resultar un tanto liviano, pero es más de lo que el cine y la televisión "liberales" (dándole al término el significado incorrecto que se le otorga habitualmente en los Estados Unidos) suelen decir sobre el tema.
El film no avala del todo las desconfianzas de Dos Passos con respecto a lo que está pasando, pero toma también saludables distancias con respecto a la ingenuidad política (o la deshonestidad intelectual) de Hemingway, balanceándola con una mejor comprensión de la situación por parte de Gellhorn. El destino de un personaje secundario, un combatiente republicano encarnado por Rodrigo Santoro (metáfora de una España traicionada por los dos bandos) es bastante ilustrativo de lo que ocurre.
Esa zona inicial del relato se beneficia de una virtud suplementaria: una eficaz integración de imágenes rodadas especialmente con material documental (que podría estar extraído acaso del film de Ivens Tierra de España, en el que también intervinieron como guionistas y narradores Hemingway y Dos Passos). Pero hay que recordar que no estamos, en primer lugar, ante un drama político sino ante un telefilm de HBO. De alguna manera, una historia de amor. Hemingway y Gellhorn.
Y, como se decía al principio, especialmente Gellhorn. De los quince Emmy a los que es candidata, la película merece llevarse por lo menos uno: Nicole Kidman, quien convence como la anciana que ofrece una entrevista en las escenas en "tiempo presente", pero también despliega su considerable autoridad en pantalla en las escenas del pasado.
Sin duda, el libreto la ayuda a dos puntas. Es a todas luces el personaje más atrayente de una película concebida, sobre todo, como "vehículo para actriz", y en la vida real fue por cierto más interesante, o al menos más íntegra que Hemingway. Con este último los libretistas tenían más problemas: para construir un drama viable, y que tuviera algún atractivo sobre su espectador, no se lo podía describir cabalmente como el despreciable canalla que fue en el mundo real, y lo que Clive Owen proporciona a cambio es un estereotipo construido con cierto esmero a partir de algunas de sus creaciones literarias y de sus más divulgadas actitudes públicas: el deportista, el arrogante, el vanidoso incurable, el estridente machista que probablemente ocultaba una persistente inseguridad sexual.
ELENCO. Nicole Kidman reconoce que cuando le ofrecieron encarnar a Martha Gellhorn no tenía idea de quién era. Conocía la obra de Hemingway, había leído Por quién doblan las campanas, y no sabía mucho más. Cuando empezó a conocer al personaje quedó sumamente impresionada. "Simplemente pensé que era una persona extraordinaria", sostiene la actriz de Moulin Rouge y Las horas.
Kidman ha dicho incluso que cree que su candidatura al Emmy es más un reconocimiento a Gellhorn que a su propio talento como actriz, y le parece bien que así sea. E insiste en que la periodista era una escritora de primerísima línea. "¡Léanla!", aconseja.
Su compañero de elenco Clive Owen se proclama igualmente entusiasmado en el telefilm. Asegura que se sumergió todo lo que pudo en su papel, y que disfrutó particularmente trabajar para el director Philip Kaufman, otro de los nombres importantes del cine que, como sus colegas Scorsese o Michael Mann, se ha pasado para la pantalla chica.
Hemingway & Gellhorn es otro encuentro de Kaufman con el universo literario: antes adaptó a Tom Wolfe (en Elegidos para la gloria, 1983) y a Kundera (La insoportable levedad del ser, 1988), y dedicó sendos "biopics" a Henry Miller (Henry y June, 1990) y el Marqués de Sade (Letras prohibidas: La leyenda del Marqués de Sade, 2000). En varias de esas películas reiteró también un gusto por las escenas eróticas que reaparece aquí.
El film ha sido uno de los empeños más ambiciosos de la televisión norteamericana, y también un reencuentro con algunas preferencias del viejo Hollywood. En efecto, aunque la historia recorre el mundo (Estados Unidos, España, Francia, China), el rodaje se realizó íntegramente en el norte del estado de California, donde existe una variedad de paisajes que sirve para imitar a esos diversos países. El diseñador de producción Geoffrey Kirkland se las arregló para que esos lugares, registrados con esmero por el director de fotografía Roger Stoffers, sirvieran tanto para ubicar un campo de batalla español como un encuentro en China con Chiang Kai Shek o Chou En Lai.
Cincuenta años de periodismo cubriendo los más grandes conflictos del siglo XX
Ernest Hemingway y Martha Gellhorn se conocieron en un bar de Key West, Florida, en 1936. Él era un hombre casado, de treinta y siete años, que se había ganado ya una fama literaria con libros como Adiós a las armas y Fiesta. Nueve años menor, ella había nacido en Missouri, Estados Unidos, hija de un prusiano trashumante y una militante por los derechos de la mujer.
Hemingway la convenció de viajar a España, donde había estallado la guerra civil, y ella consiguió un carné de periodista aunque su intención inicial no era escribir una línea. Lo que vio en el campo de batalla la hizo cambiar de opinión. Envió a la revista Collier`s una primera crónica de lo que estaba ocurriendo, se la publicaron y la contrataron para que siguiera escribiendo.
Más allá de Hemingway, de quien se separó en 1944 y de quien tuvo muy poco bueno que decir o escribir después, Gellhorn se convirtió en una de las más notables corresponsales de guerra del siglo XX.
Estuvo en España y llegó a Finlandia y París en la Segunda Guerra Mundial. Cubrió los enfrentamientos entre nacionalistas y comunistas en China, estuvo en Corea, en Vietnam, en la guerra de los Seis Días, en Nicaragua y en la invasión a Panamá en 1989. Escribió 20 libros y murió en 1998.