El ritmo y la sensualidad del carnaval de Oruro

| La película ubica su acción sobre el fondo de una vasta celebración popular

GUILLERMO ZAPIOLA

Presentó en Maldonado, en el festival Un Cine de Punta, su película Esito sería... la vida es un carnaval, y luego se trasladó a Montevideo, donde realizó diversas gestiones destinadas a la difusión del film a través del circuito de exhibiciones de nuestra capital. También tuvo tiempo de proporcionar una entrevista exclusiva a este diario, en la que habló de su film, del cine boliviano y latinoamericano en general, de sus proyectos presentes y futuros.

La cineasta boliviana Julia Vargas Weise tiene una formación europea, se inició como fotógrafa ("a los 12 o 14 años", recuerda) y ha realizado luego audiovisuales educativos, trabajó como encargada de foto fija en alguna película ajena y efectuó algunas prácticas cinematográficas en Buenos Aires antes de volver a su país. Allí realizó algunos cortos en video, trabajó en talleres de formación audiovisual, y finalmente resolvió asumir la aventura mayor del largometraje. Esito sería... es una ficción a propósito de un personaje argentino que viaja hasta Oruro para entrar en contacto con un amigo boliviano, sobre el fondo del famoso Carnaval de esa ciudad, que ha sido declarado patrimonio cultural de la humanidad. La muerte del amigo obliga al protagonista a involucrarse en la preparación de ese carnaval, permitiendo a la película desarrollar una historia que tiene sus elementos sentimentales y eróticos pero también la intención antropológica de describir una festividad que encierra mucho del sabor y la tradición de la cultura boliviana, o por lo menos de una parte de ella.

PROPOSITOS. En palabras de Vargas, el Carnaval de Oruro es una suerte de "crisol de culturas", y hasta una "ritualidad de la paradoja, el sincretismo, los cuernos del diablo que saludan a la estatua de la Virgen". Su film no fue rodado en el formato tradicional de 35 mm sino en el más práctico y barato del video digital, que proporciona, además de costos más bajos, la ventaja de la liviandad de una cámara muy móvil.

Segun ella, la película ha favorecido el surgimiento de un circuito de exhibición sobre base digital que ha permitido que llegue más fácilmente a su destinatario natural. El film ha permanecido cinco semanas en cartelera en su Cochabamba natal, y otras cinco en el cine Cosmos de Buenos Aires. Cuando se le pregunta su relación con otras producciones y autores bolivianos (desde los legendarios Jorge Sanjinés o Antonio Eguino hasta el más cercano Marcos Loayza), Vargas subraya el aspecto específicamente "cochabambino/orureño" de su trabajo, con lo cual estaría marcando un perfil cultural propio. Por ejemplo la sensualidad: según ella, "el boliviano típico es más reservado, pero el carnaval de Oruro es una suerte de estallido de los sentidos".

Cuando se le pregunta por sus aficiones como espectadora cinematográfica menciona a Fellini, Kusturica, Wenders, Almodóvar, algunos films latinoamericanos e "independientes" de los Estados Unidos como Belleza americana. Actualmente trabaja en un asunto de tema ecológico en colaboración con el guionista argentino Jorge Goldenberg.

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