El "Réquiem" en una ambiciosa versión

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Orquesta Sinfónica y Coro del Sodre

Ficha

Director: Silvio Viegas. Solistas: Sandra Scorza, J. Villarnovo, Gerardo Marandino, M. Otegui.

Programa: Réquiem, de Verdi.

Sala: Auditorio Nacional.

A pesar de no constar en el programa de sala, el concierto se benefició con la inclusión del motete Ave verum corpus, obra compuesta al igual que el Réquiem en el fatídico 1791, año de la muerte del compositor. Se trata de uno de los trozos más sencillos y sin embargo más conmovedores de la música religiosa. La hermosa melodía con su simple estructura armónica no requiere de análisis: su radiante belleza espiritual y su serenidad nunca dejan de tocar el corazón y exaltar el alma. Fue escrita especialmente para el día del Corpus y dedicada al maestro del coro de la ciudad de Baden, Anton Stoll. Los horrores de la muerte se transfiguran en paz eterna; pocas veces puede verse tanto fervor y tanta belleza escrita en tan pocos compases.

Un día del mes de julio del 1791 se presenta en casa de Mozart el abogado Johann Nepomuk Sortschan, enviado del conde Walsegg-Stuppach, compañero francmasón del compositor. Ante la muerte de la esposa del conde ocurrida ese año, éste decide encargar al maestro la composición de una misa de difuntos. Mozart, quien se encontraba siempre económicamente en problemas, aceptó la excelente remuneración que recibiría a cambio. Esta misa se fue retrasando debido a que el compositor estaba dedicado a la composición de sus óperas La clemenza di Tito y La flauta mágica. Recién retomará el encargo entre el 8 de octubre y el 20 de noviembre sin poder llegar a finalizarla. De los doce fragmentos que la componen solo dos se deben completamente a Mozart, el "Introitus" y el "Kyrie", pero dejó suficientes indicaciones y esbozos en la orquestación y el bajo cifrado como para que alguien la completara. Primeramente la esposa del compositor se la entregó al compositor Joseph Eybler, quien según algunos autores habría progresado hasta el "Ofertorio". Finalmente será Franz Xaver Süssmayr, alumno de Mozart, quien dará conclusión a la obra. Esta aclaración es necesaria para presentar la veracidad de los hechos ante la versión distorsionada de film Amadeus de Milos Forman, donde se le adjudica a Salieri la finalización del Réquiem. De más está decir que el compositor italiano no envenenó a Mozart, ni tampoco fue un músico mediocre. Prueba de ello son sus destacados alumnos: Beethoven, Schubert y Liszt. Este último organiza en 1856 con motivos de los cien años del nacimiento de Mozart un festival dedicado a su obra y funda la primera asociación que se ocupará de la publicación de la obra completa del compositor.

El Réquiem se inició con un sereno recogimiento en un plano elevado, con una tierna melodía en los fagotes y el clarinete tenor acompañados suavemente por las cuerdas. Las voces entran en el octavo compás con una plegaria para los muertos. Sigue una gran fuga doble sobre un tema de Handel en torno al "Kyrie eleison". A continuación se escucha el "Dies irae", que describe la confusión del pecador ante el juicio final. Este episodio pintoresco y tempestuoso parece abrirse sobre lo desconocido, que los románticos iban a explorar. Posteriormente viene el "Tuba mirum", un solo de trombón el enunciado de los terribles versículos según los principios del estilo concertante, en donde intervienen sucesivamente los cuatro solistas antes de fundirse en un radiante cuarteto. A medida que el registro se eleva, una claridad mayor baña las melodías. Sigue a esto la majestuosa música del "Rex tremendae majestatis" en la que después de una breve introducción orquestal, entra todo el coro con el grito de reverente temor "Rex" en contraste con el suplicante final del "Salva me". El "Recordare" parte de una música tranquila y conmovedora para contrastar con el tormentoso "Confuntatis", donde el autor invoca el terrible destino de los pecadores.

Sin embargo Mozart distiende esta atmósfera a través de las suplicantes voces femeninas. En el "Lacrymosa" estamos en presencia del dolor; es una de las más conmovedoras y dolorosas páginas de toda la obra. El dolor deja lugar a la música sombría del "Domine Jesu" que pasa de la tristeza al temor, pero las emociones se calman en el "Hostias". El majestuoso "Sanctus" culmina en la palabra "Osanna" con una fuga llena de vida y continua hasta la serena belleza del "Benedictus". El Réquiem sigue radiante con el "Agnus dei" en el que por fin el alma halla la paz. En la parte final "Lux aeterna" los compases iniciales del Réquiem se vuelvan a escuchar y producen un efecto de completa integración.

El maestro brasileño Silvio Viegas dio una interpretación romántica tanto en los tiempos como en los matices. En ambos casos hubiese sido preferido un enfoque más acorde a la época del compositor. La orquesta pudo responder al entusiasmo del joven director, salvo en el solo del trombón en el "Tuba mirum" donde la expuesta desafinación del instrumentista fue percibida hasta por el más neófito. El coro a su vez mostró su ya conocido dominio de la obra y se dejó seducir por el enfoque romántico de su director mostrando así su veta más operística. La soprano Sandra Scorza con su acostumbrada profesionalidad abordó la destacada parte luciéndose sobre todo en su registro agudo, no tanto así en las partes centrales. Jacqueline Villarnovo mostró perfecto dominio del estilo mozartiano a través de su cálida voz de mezzosoprano. El tenor Gerardo Marandino deslumbró con sus matices, especialmente en los pianísimos, hecho destacable en una voz de gran porte. Marcelo Otegui con la nobleza de su timbre convenció una vez más que este tipo de repertorio es el más adecuado para su registro.

El público aprobó con sus numerosos aplausos este primer concierto sinfónico coral de la temporada 2012 que se repetirá bajo la conducción del director estable del coro del Sodre, Esteban Louise actuando como solistas la soprano Sandra Silvera, la mezzosoprano Susana Ferrer, el tenor Javier Mayo Cordero y el bajo Nicolás los días primero y tres de marzo próximos.

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