GUILLERMO ZAPIOLA
Cuidado con ella. Es una de esas películas "chicas" que se han ido abriendo paso de pronto en medio de las "grandes", está ganando premios, y seguramente va a competir por el Oscar. Quizás no gane, pero puede estar cerca.
Se trata de Vivir al límite (The Hurt Locker), una historia ambientada en la guerra de Irak y dirigida por Kathryn Bigelow, centrada en las actividades de un equipo de Desactivación de Explosivos EOD (del inglés: Explosive Ordinance Disposal) del ejército de los Estados Unidos.
La película fue escrita por Mark Boal, un escritor independiente que siguió de cerca a una unidad estadounidense similar a la que se describe en el film. El argumento se centra en el sargento de primera clase William James (Jeremy Renner), quien se convierte en el líder de una unidad EOD tras la muerte en acción del jefe anterior, provocada por la explosión de un artefacto improvisado en Bagdad. El grupo está integrado también por el sargento J.T. Sanborn (Anthony Mackie) y el especialista Owen Eldridge (Brian Geraghty), cuya tarea consiste en comunicarse con el líder de la unidad y proporcionarle cobertura mientras examina los artefactos explosivos.
En la base Camp Victory, James entabla amistad con un niño iraquí, de sobrenombre Beckham, quien trabaja para un comerciante local que opera dentro de la base estadounidense vendiendo DVD piratas. Los métodos poco ortodoxos del sargento generarán tensiones con sus subordinados, sin hablar de las provocadas por artefactos explosivos que pueden terminar con la vida de cualquiera de ellos en cualquier momento.
Una cita del `best seller` del periodista Chris Hedges War is a force that gives Us meaning, publicado en 2002, abre el film: "El ímpetu de la batalla es una potente y muy a menudo letal adicción, es una droga para la guerra". Lo que sigue sugiere que el sargento James se ha convertido en un adicto, comprometiendo la vida o la integridad física de sus hombres.
El prestigio de film ha ido creciendo lenta pero firmemente. Fue presentado en el festival de Venecia (donde obtuvo cinco premios) y en Toronto (donde se alzó con el de mejor dirección). Tuvo un estreno limitado en Estados Unidos en junio de 2009, y la repercusión hizo que se extendiera a un mayor número de salas a partir del mes siguiente. Y entonces empezaron también las buenas críticas, y otros premios y nominaciones: galardones de la Asociación Nacional de Críticos de los Estados Unidos, el National Board of Review y las asociaciones de críticos de Toronto, Nueva York, San Francisco, Los Ángeles, Chicago, Boston, Austin, Las Vegas, Kansas, el Sudeste de los Estados Unidos y la Asociación de Críticos Radiales; mejor dirección en los festivales de Seattle y Santa Barbara; mejor actor (Remmer) en los de Hollywood y Palm Springs; mejor libreto en el festival de Nantucket; cuatro Satellite Awards; ocho nominaciones a los Bafta y (este puede ser el dato más importante) el premio de la Asociación de Productores, con el que derrotó a títulos más populares como Avatar o Bastardos sin Gloria. El Oscar puede reservar alguna sorpresa.
Talentosadirectoraa DESTACAr
Kathryn Bigelow nació en San Carlos, California, en 1951, estudió arte en San Francisco, y ha sido reconocida por la crítica como una pintora talentosa. Estudió cine en Columbia, y estuvo vinculada al movimiento británico de vanguardia.
Su corto de graduación en Columbia, "The set up", trataba sobre la violencia, y luego hizo otras cosas, entre ellas un buen film de vampiros ("Cuando cae la oscuridad", 1987), un policial ("Punto de quiebra", 1991), otro no tan bueno ("Testigo fatal", 1990), y otras incursiones en la ciencia ficción ("Días extraños", 1995) y el cine de acción ("K 19"). También ha hecho mucha televisión, y estuvo casada con (y se divorció de) James Cameron, contra quien es probable que compita por el Oscar este años. Sobre "Vivir al límite", de la que dice que no es una película a favor o en contra de la guerra, sino sobre "un oscuro secreto": que hay gente a la que la guerra le gusta y la estimula.