El Hollywood violento en las orillas del Sena

CRITICA | J.A.

Se basa en hechos reales este ‘film noir’ donde los franceses cuentan entretelones de la policía de París y cuestionan de paso la ética dentro de esa fuerza. El conflicto central se libra entre dos comisarios veteranos (Daniel Auteuil, Gérard Depardieu) ante la cercana vacante de un cargo superior, pero esa rivalidad por un ascenso adquiere tintes criminales cuando los dos hombres encaran el cerco a una banda de ladrones. Allí se producirá una batalla campal donde muere gente de ambos lados, luego de lo cual resultará vencedor el más perverso de los dos candidatos, su opositor terminará en la cárcel y pasará allí los siete años siguientes.

El tema tiene un interés testimonial porque ventila no sólo ciertas conductas corrompidas sino además el ansia de poder como palanca capaz de franquear toda barrera de la lealtad entre colegas. Los sucesos que cuenta aquí el co-libretista y realizador Olivier Marchal tienen ante todo el mérito del conocimiento directo (porque Marchal fue policía antes de dedicarse a actuar y a dirigir en cine) pero tienen además el valor de recoger episodios de la realidad, que a veces resulta más sorprendente que la ficción. Y por último el asunto agrega a ello el dinamismo natural de su trama, donde se agita no sólo la tensión entre policías sino sus relaciones a menudo turbias con el mundo delictivo, que además de ser una fuente de información puede ser una trampa mortífera.

En la formulación de ese tema surgen cosas buenas y malas. Las mejores tienen relación con el elenco, donde Auteuil y Depardieu exhiben una envidiable madurez de temperamento para retratar a dos caracteres complejos, a menudo brutales y a veces cambiantes, apoyados por una hilera de papeles secundarios donde debe destacarse la ironía de André Dussollier como autoridad policial, la calidez de Valeria Golino como esposa trágica y el fantasma de Mylène Demongeot en una viñeta de ex prostituta que a los más venerables espectadores les permitirá evocar su remota hermosura en el cine de hace medio siglo, cuando competía con Brigitte Bardot. A todo eso corresponde agregar un papelito episódico bien resuelto por el propio Marchal y la presencia de Aurore Auteuil (hija de Daniel) que aquí figura al lado de su propio padre en la etapa final del relato.

Las cosas malas en todo caso se relacionan con una tendencia francesa por imitar los modelos de Hollywood en el género policial. No se trata de un problema artístico sino de una crisis cultural y permite cuestionar esa mimetización que parece muy visible en la resolución de las escenas de violencia física, en el dibujo y el léxico de los personajes, en la pintura de ambientes nocturnos, en el manejo de nociones como la villanía y la culpa, en el papel que juega la música como apoyatura dramática y hasta en los márgenes de cinismo, emotividad y heroísmo que terminan coloreando la historia. El cine francés debería emanciparse de esa dependencia que es una forma de la subordinación, pero no es una tarea fácil considerando la presencia avasallante del material norteamericano en todas las pantallas, incluidas las de Francia. En este caso el resultado de ese mestizaje no afecta al pasatiempo, que tiene su vitalidad, pero altera la credibilidad del material porque en muchos momentos se nota que el lenguaje expresivo es algo que se toma prestado y tiene por ello el aire ya visto de todo producto de segunda mano.

EL MUELLE

36 Quai des Orfevres

Director. Olivier Marchal.

Libreto. Dominique Loiseau, Frank Mancuso, Olivier Marchal, Julien Rappeneau.

Fotografía. Denis Rouden.

Vestuario. Nathalie de Roscoat.

Música. Axelle Renoir, Erwan Kermorvant.

Productores. Franck Chorot, Cyril Colbeau-Justin, Jean-Baptiste Dupont, para LGM Productions/ Gaumont.

Elenco. Daniel Auteuil, Gérard Depardieu, André Dussollier, Roschdy Zem, Valeria Golino, Mylene Demongeot, Catherine Marchal, Stéphane Metzer, Daniel Duval, Francis Renaud.

Francia 2004

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