GUILLERMO ZAPIOLA
Uno de los títulos que importan hoy en la programación del 29 Festival Cinematográfico Internacional del Uruguay es por cierto "Tío Boonmee que recuerda sus vidas pasadas" del cineasta tailandés Apichatpong Weerasethakul.
Ganador por este film de la Palma de Oro en el Festival de Cannes 2010, Weerasethakul es uno de esos realizadores que polarizan automáticamente la opinión del espectador. La película puede ser contada, pero ya se sabe que el cine no es solamente un argumento: el protagonista sufre una insuficiencia renal aguda, y decide acabar sus días entre los suyos en el campo. La memoria, empero, comienza a jugarle algunas malas pasadas: los fantasmas de amores y afectos pasados (su fallecida mujer, un hijo desaparecido) asoman en su vida presente. Mientras reflexiona sobre el tiempo, la memoria y el olvido, la selva que lo rodea se convierte en una suerte de túnel simbólico que lo devuelve a sus orígenes y a los de la humanidad, con la suficiente ambigüedad como para que cada espectador pueda llenar los huecos con sus propias experiencias.
Conviene saber que Apichatpong Weerasethakul nació en Bangkok (Tailandia) en 1970, estudió arquitectura y Bellas Artes, obteniendo un Master en esta última disciplina en The School of the Art Institut, que fomenta el cine experimental e independiente. Su filmografía incluye títulos como Dofka nai menman (2000), Sud sanaeh (2002) y Tropical Malady (2004), premiada en el festival de Sitges cuando se la exhibió en 2010.
La polarización que genera el cine de Weerasethakul queda clara en el estilo apasionado que provoca en sus críticos. A propósito de Tío Boonmee que recuerda sus vidas pasadas, el español Luis Martínez, del diario El Mundo, afirmó: "De repente, el cine se exhibe como un ejercicio radical que, literalmente, se inventa una forma de comprender el mundo, cualquiera de ellos. No es cine, es un animal que sangra".
Desde la otra punta, el a menudo caprichoso Carlos Boyero pudo escribir empero en El País de Madrid: "La Palma de Oro a la última película (o lo que sea) de este invento exótico al que la consigna de los vanguardistas se ha propuesto colocar de clandestina y efímera moda, confirma que los exquisitos de la nada no están solos, que un jurado cuya obra particular merece como mínimo respeto, también comparte la fascinación hacia el hermetismo rebuscado, la inencontrable poética, el patético lenguaje expresivo del ya consagrado Weerasethakul".
Contra Boyero puede argumentarse que la mayoría de los críticos están a favor y no en contra de este presunto "intento vanguardista", y que el antecedente del director conocido en el Uruguay, Tropical malady, poseía una auténtica sugestión poética, no un mero hermetismo (aunque es cierto que su negativa a un tipo de narración convencional podía volverla "hermética" para una franja de espectadores). La polémica está de todos modos abierta, la película está ahí, y se aceptan opiniones encontradas.
Mientras el film tailandés se exhibe en Sala Cinemateca, para espectadores criteriosos pero más tradicionales va hoy en Cinemateca 18 la producción canadiense El mundo según Barney de Richard J. Lewis, inspirada en la novela homónima de Mordecai Richler e interpretada por una serie de rostros conocidos como Paul Giamatti, Dustin Hoffman y Minnie Driver. El protagonista es un individuo impulsivo, bebedor empedernido, irascible, franco hasta la brutalidad. Su historia se extiende a lo largo de tres décadas y dos continentes, e incluye tres esposas, un padre escandaloso y un amigo leal.
Se ha elogiado particularmente el cuidado con que el director Lewis (que había sorprendido con su ópera prima Whale music) retrata a una bastante extensa galería de personajes: la perturbada y artísticamente ambiciosa primera mujer; la segunda, charlatana y obsesionada por las compras; la tercera, hermosa y serena. De hecho, el centro de la historia es un triángulo: el amor del protagonista por su tercera mujer, que nace al mismo tiempo que se casa con la segunda. El film ha sido galardonado con seis premios canadienses Genie (incluyendo sus tres actores principales), un Globo de Oro para su protagonista Giamatti, y premio del público en el Festival de San Sebastián.
Anonimato en un gran edificio
Otra de las propuestas festivaleras para el día de hoy es el film alemán "Desesperados en el block", del director y libretista polaco Tomazs Rudzik. Los caminos de tres estudiantes de diferentes nacionalidades se cruzan en el ascensor de un anónimo edificio de Munich. No se conocen, claro, y nunca llegan a saber cuánto hay de común entre ellos. Los tres son extranjeros, los tres pelean por obtener el reconocimiento y una aceptación "humana" en una sociedad que les resulta remota y hostil.
El director y libretista Rud- zik vivió efectivamente en uno de esos edificios gigantescos e impersonales, y decidió que había que hacer algo para romper con el aire de indiferencia y lejanía reinantes, había que salir a descubrir quién es el vecino que vive tras la puerta de al lado.
De las muchas historias que conoció hubo tres que lo obsesionaron particularmente. Son las que ficcionaliza en su película. En una de ellas, un sordomudo invita a una chica a pasar un día juntos sin hablar. En otra, una muchacha trata de llamar la atención de Dios probando los límites de los Diez Mandamientos. En la tercera, un joven chino descubre el primer amor mientras ayuda a alguien a enamorarse de las matemáticas, lo cual constituye un verdadero triángulo.