En 1960, John Wayne había realizado la pequeña proeza de producir, dirigir y protagonizar una epopeya patriótica (El Alamo) en la que no había villanos salvo una idea abstracta (la Dictadura) y un norteamericano acomodaticio. Cuarenta y cinco años después, Ridley Scott y su equipo se las arreglan para confeccionar otra epopeya con un tema de inevitables resonancias contemporáneas, y logran lavarse las manos con respecto a sus repercusiones más ríspidas apelando a abundantes dosis de corrección política.
Las Cruzadas fueron una inagotable carnicería durante las cuales cristianos y musulmanes se masacraron entusiastamente entre sí, aunque haya habido efectivamente intermitentes gestos de nobleza a cargo de integrantes de ambos bandos. El libreto de esta película de Scott, escrito por William Monahan, maneja más bien la idea contraria: Jerusalén pudo ser, hace mil años, una imagen del Reino de los Cielos, si unos pocos fanáticos no lo hubieran estropeado todo. Como la América descubierta por Colón en 1492: Conquista del Paraíso, anterior incursión de Scott en el género histórico, reaparece aquí una nostalgia paradisíaca arruinada por algunas concretas (y aisladas) villanías humanas. El film reivindica correctamente la idea de que las guerras de religión son una idiotez además de un asesinato masivo, y apela a la sensatez de los adeptos a los diversos credos para que mantengan a raya a sus respectivos fanáticos. El principio es por supuesto compartible, aunque quienes presten alguna atención a los titulares de prensa saben también que es minoritario.
No seamos crueles. El film es una epopeya y no un documental histórico. Como La Ilíada, como La Eneida, como el Poema del Cid, El acorazado Potemkin o la propia El Alamo, no cuenta el pasado como ocurrió, sino como hubiera sido bueno que hubiera ocurrido. Hay por cierto unos caballeros templarios brutales y sanguinarios (los principales responsables del desastre) y algunos musulmanes cuyo fanatismo es puesto en vereda, sin embargo, por el su caballeroso jefe Saladino. Y hay, sobre todo, una derivación final "wayneana": toda la extensa y espléndidamente filmada última batalla (el sitio de Jerusalén) recuerda a El Alamo hasta en su intercambio de gestos de hidalguía entre enemigos que se respetan.
Pero si tanta caballerosidad, que hasta incluye un discurso muy contemporánea de Orlando Bloom en favor de una Jerusalén compartida por las tres religiones monoteístas, puede ser contemplada con una dosis de discreta ironía, es más difícil burlarse de Ridley Scott como orquestador de espectáculos. Su película nunca llega a funcionar realmente como drama, poblada como está de personajes de fórmula y situaciones de receta (una dosis de romance ilícito, otra de amistad entre enemigos, otra más de escaramuzas y combates individuales que preparan el gran despliegue espectacular del final), y de intérpretes demasiado blandos (Bloom, Eva Green) para alcanzar una estatura realmente heroica. Un crítico reclamó a Errol Flynn. No es necesario: seguimos estando en Hollywood.
Pero hay cosas que solamente Hollywood sabe hacer, y eso incluye casi toda la abundante acción física que sostiene sin desmayos los ciento cuarenta y cinco minutos de duración de esta Cruzada. Desde el fragor de un combate insignificante hasta las habilidades de fotografía y montaje, y el enorme despliegue de decorados, extras, artefactos y recursos digitalizados que proporcionan la amplitud de las finales secuencias de batalla, Scott y su equipo cumplen ampliamente con el costado espectacular de su film. Para averiguar qué pasó realmente entre la Segunda y la Tercera Cruzada más vale conseguirse un libro de historia, pero quien quiera ver una buena película de aventuras aquí la tiene.
CRITICA I GUILLERMO ZAPIOLA
CRUZADA
(Kingdon of Heaven)
Director. Ridley Scott.
Libreto.William Monahan.
Fotografía. John Mathieson.
Montaje.Dody Dorn.
Música.Harry Gregson-Williams.
Productor.Ridley Scott.
Elenco. Orlando Bloom, Eva Green,
Jeremy Irons, David Thewlis, Brendan
Gleeson, Marton Csokas, Liam Neeson,
Ghassan Massoud.
Estados Unidos 2005.