El corazón flamenco de la poesía rockera pasó por Montevideo

| Kiko Veneno. Cantó casi todos sus clásicos.

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JAVIER LYONNET

Arrancó con todo. Con Lobo López. Una de sus canciones más conocidas, la que interpretó Andrés Calamaro en el disco de dúos y versiones Puro Veneno. Y una de las composiciones que justifican el estatus de cantautor de culto de Kiko Veneno.

Loser flamenco con corazón rockero, en la piel de Lobo López, uno de los personajes urbanos de sus canciones, Veneno canta "por no hablar a tiempo, se estaba muriendo, su amor se le iba".

Todo lo que Sabina siempre presume de ser y a veces no es, sí lo es Kiko Veneno: un brillante compositor, artesano de las palabras, arquitecto de versos sublimes y cómplices escritos en guiñadas al castellano. A continuación arremetió con Memphis Blues Again, con armónica y todo. Su relectura andaluza de Bob Dylan sirvió para el lucimiento del guitarrista flamenco Raúl Rodríguez.

Con la precisión en velocidad que la canción exige y las posturas de tablao del guitarrista, La Trastienda, con una platea repleta, entró en calor rápidamente. Kiko Veneno, 57 años, cabello blanco, nariz aguileña, remera negra de manga corta sobre otra gris de manga larga, debutaba en Montevideo con los temas que sus seguidores querían escuchar: los de sus dos brillantes álbumes Echate un cantecito (1992) y Está muy bien eso del cariño (1995).

Así, el show de dos horas fue una celebración embriagadora de rumba pop, flamenco rockero, poesía callejera, nocturna, sensible y con sentido del humor. Superhéroes de barrio, Joselito (con un tímido comienzo a capella, como "buscando un lugar donde le dejen cantar"), Respeto, Casa cuartel, Echo de menos: todos clásicos.

Para Veneno, canción que lleva su ADN, los trucos de guitarra se estiraron en menciones a Pata Negra y Camarón (refundadores del flamenco y sus fusiones con el blues, el rock y el pop) y enganchó con una corneta que introdujo "una rumba muy carnavalera", El mosquito suicida, del próximo disco.

El que tuvo su ratito de gloria fue Martín Buscaglia, admirador manifiesto del español, invitado a subir al escenario después de la modernizada versión de Lo que me importa eres tú, para acompañar en guitarra y voz en Coge la guitarra. El domingo Kiko entró al estudio de grabación y le dejó al hijo del Corto un aporte en una canción de su próximo disco.

Hace calor, a coro con el público, fue el instante bailable de la noche (después de Palabras para Julia), y la fabulosa Mercedes Blanco constituyó el clímax gitano y momento de brillo absoluto para el guitarrista Rodríguez. Los bises, más hits: el del futuro -Dice la gente- y dos de siempre, Estaba lloviendo y Volando voy. Fin para la presentación de un artista clase A, de los pocos que pisan escenarios uruguayos.

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