Si fuera vienés, sería un personaje de opereta; pero, como es italiano, lo es de ópera... de operación de cirugía estética. Hablo de Silvio Berlusconi, el primer ministro de Italia, que "salió" de licencia el 23 de diciembre de 2003 y demoró más de cuatro semanas en reintegrarse al cargo.
Don Silvio vive obsesionado por el cuidado de su físico. Petisón, cuando debe posar junto a Tony Blair (por ejemplo) usa zancos. Pelado, manda retocar las fotos de su cráneo agregándole unos pelitos para disimular el baldío. Ultimamente se miraba al espejo y veía que de sus ojos colgaban dos bolsas como de leche, molestándolo que lo confundieran con un jerarca de Parmalat. Y con todo ese panorama, hace unos meses confió a sus íntimos el propósito de operarse para quedar con un rostro que despertara la envidia de Tom Cruise o Brad Pitt. Primero, pensó hacerlo por la sociedad de socorros mutuos "Los desamparados de la península": pero esos mismos amigos le hicieron notar que vendiendo un jugador del Milan —del que es dueño y señor—sólo uno, podía operarse de pies a cabeza y, con el sobrante, lucirse en las propinas a los enfermeros.
Entonces decidió viajar a Suiza, internarse en un sanatorio dos estrellas (¿para qué más?) y convocar a un equipo de cirujanos especialistas en dejar 0 kilómetro a una "forchela de los twenties", que volara desde California con bisturíes, rayos láser, aspirinas, algodón, alcohol y banditas, para consagrarse pasando en limpio a "el nuevo Berlusconi".
Esto debió ocurrir alrededor de la última Navidad... por lo que algunos de sus enemigos políticos, en travieso trueque de letras, manifestaron que... "con motivo de las fiestas de Vanidad, el Primer Ministro viajó a Suiza para un retoque general de cara, ojos y cuello, olvidándose de hacerse revisar la cabeza por dentro".
El caso es que toda Italia habló de su Primer Ministro, y la mayoría comenta que, a los 67 años, podría despreocuparse aunque fuera un poco de su narcisismo para sumergirse en la problemática nacional: y hasta hubo un ex-fiscal —conocido internacionalmente por la operación judicial anticorrupción "manos limpias"— que le criticó la frivolidad de haberse sometido a un "lifting", en lugar de ir a visitar a los soldados compatriotas que arriesgan la vida en Irak.
No vayan a creer ustedes que el bueno de Silvio es tan insensible como para no haberlo pensado: tuvo deseos de trasladarse al escenario del show de "Bush and his boys", pero se los aguantó.
Valiente como es, prefirió operarse en Suiza y retornar a Roma para responder a ciertas acusaciones que se le formulan sobre procedimientos no del todo claros. Como eso podía afectar su imagen, resolvió someterse —según dijo— a "una cirugía cosmética, pero sólo debajo de los ojos..."
Es una forma de enfrentar las críticas: al mal tiempo, buena cara.