GUILLERMO ZAPIOLA
La candidatura al Oscar a mejor film y actriz (Sandra Bullock) es por cierto uno de los ganchos (pero no el único) de "Un sueño posible", film dirigido por John Lee Hancock que también se estrena el viernes.
La historia se inspira en hechos reales: Michael Oher (Quinton Aaron) fue un niño sin hogar, proveniente de una familia desecha y una madre drogadicta, que fue acogido por una conservadora pero generosa familia texana, los Tuohy (Bullock, Tim McGraw), que comenzó por adoptarlo, impulsó su carrera universitaria y finalmente logró convertirlo en un exitoso y popular campeón de fútbol americano.
Conviene aclarar que no se trata, fundamentalmente, de un film deportivo. De la misma manera que Invictus de Clint Eastwood empleaba el deporte (para el caso el rugby) para reflexionar sobre una sociedad herida por el racismo y la sospecha, el film de Hancock emplea la historia "ejemplar" de Oher para aproximarse a algunos conflictos no del todo resueltos en la sociedad norteamericana: desigualdad, prejuicio racial, las propias frustraciones vitales de su conflictivo deportista.
Por supuesto, es y no es la historia de Michael Oher. El personaje juega un papel esencial en el asunto, y sin su drama la película no existiría, pero hay también una opción de producción que, en vista de los resultados en nominaciones y premios, no fue desacertada. Se trata, sin pedir disculpas, de un vehículo para Sandra Bullock, la oportunidad para que la actriz (como lo hiciera previamente en, por ejemplo, Vidas cruzadas) rompa con su clásico "tipo" cinematográfico (la enésima encarnación de Sandra Bullock) y componga en cambio un personaje.
Un sueño posible es el tercer film dirigido por el texano John Lee Hancock, quien antes escribiera algunas cosas para Clint Eastwood (Un mundo posible, 1993; Medianoche en el jardín del bien y del mal, 1997) y luego debutó como realizador con la interesante El novato (2002), protagonizada por Dennis Quaid, que era también un film sobre el deporte (para el caso, un equipo de béisbol) donde el drama de los personajes importaba. A continuación Hancock convenció menos con El Álamo (2004), donde quiso contar la leyenda texana por antonomasia pero se empeñó en (o lo obligaron a) tratar de quedar bien con todo el mundo, mal punto de partida para una epopeya: se salvaban Billy Bob Thornton (un tridimensional Davy Crockett) y las robustas escenas de acción. En Un sueño posible Hancock vuelve al drama intimista, y crítica y público lo están celebrando.