Dos teatreros frente a una prueba

| Se estrenó la pieza de David Auburn, excusa para que Morgan y Larreta hablen de ese y otros temas del teatro

 20030511, portada espectaculos 200x150

MAGDALENA HERRERA

Cuando por primera vez vio la obra del estadounidense David Auburn, en el circuito "off-Broadway", el director uruguayo Mario Morgan supo que estaba frente a un éxito. La pieza le pareció fantástica. La versión norteamericana de La prueba (así se llama en español) pronto pasó a Broadway, obtuvo los premios Pulitzer, Tony y Drama Desk Award, y continúa en cartel desde que se estrenó en el 2001. La han interpretado varios elencos con actrices como Mary Louise Parker y Anne Heche, entre otras.

En un viaje a Londres, Mario Morgan tuvo oportunidad de ver la puesta inglesa de La prueba dirigida por el realizador de Shakespeare enamorado, John Madden, y protagonizada por Gywneth Paltrow. "Tengo que hacer esta obra", se dijo el uruguayo en ese momento. Al regreso, paró tres días en Río de Janeiro y la casualidad quiso que la obra también estuviera en cartel, bajo la batuta de Aderbal Junior. Sin proponérselo, Morgan conoció tres versiones muy diferentes de la obra.

"Sentí que la pieza tenía la combinación exacta de emoción con breves toques de humor y ternura, algo que prende en el público de una forma increíble. Produce un efecto similar a las obras de Arthur Miller o Neil Simon, porque son como sagas familiares con las cuales se identifican los espectadores. No es una obra dramática o depresiva sino positiva. Pero además, me interesó la intriga que contiene La prueba, que hace que el público recién en la última escena pueda armar todos los códigos y así conocer lo que ha pasado con la protagonista, una joven que teme haber heredado además de la brillantez de su padre (un célebre matemático), su enfermedad mental que lo llevó a la muerte", señala Morgan.

Apenas vio al célebre matemático en La prueba neoyorquina, Morgan pensó en Antonio Larreta. "El personaje del padre es central en la obra aunque tiene pocas escenas. Sus escasas apariciones tienen que ser muy fuertes".

Lo que Morgan no previó fue el entusiasmo de Larreta, aún cuando sus escenas fueran solo tres. "Mario me llamó y me dijo que tenía una obra con un papel maravilloso para mi. Pero se atajó diciendo que yo no aceptaría porque mis intervenciones eran cortas. Yo le respondí: mejor si es corto y maravilloso. Cuando leí Proof no lo dudé un minuto. Es un papel de oro; cada una de las tres escenas tiene un clima muy particular que habla de momentos muy distintos en la complicada vida de este hombre. Pero además se trata de una obra muy equilibrada en cuando a las oportunidades que tienen los actores. Mario reunió a un elenco joven fantástico," asegura Antonio Larreta.

La hija del matemático es interpretada por Lucía Sommer, a quien Morgan ya había dirigido en Closer. El reparto se completa con Roxana Blanco como la hermana y Mario Ferreira como el mejor alumno del padre. "Los cuatro papeles son importantísimos. La pieza necesita de cuatro pilares para sostenerse, de lo contrario no funciona", dice Morgan sobre La prueba, estrenada el fin de semana pasado en el Teatro del Centro Carlos E. Scheck.

—¿Por qué eligió a Sommer?

Morgan — La hija del matemático es una joven bastante enigmática y tiene como un misterio alrededor de su personalidad. No puede ser una chica común. Lucía tiene ese misterio, y genera intriga en el público. Parte de la historia se basa en eso: los espectadores tienen que quedar intrigados sobre lo que sucede con esa joven. ¿Heredó la enfermedad de su padre? ¿Está cuerda?

—¿Qué diferencia tiene con las versiones que vio en el extranjero?

Morgan — La que le imprime la personalidad de los actores. Es una obra naturalista y se entiende absolutamente todo lo que pasa.

Larreta — Es naturalista pero extraña. Tiene muchas sorpresas por la manera como está compuesta y salta en el tiempo. En la primera escena estoy muerto, en la segunda estoy sano y en la tercera estoy loco.

Morgan — El público tiene que armar los episodios, como en la película Las horas, que se revela todo en la última escena.

—No es fácil interpretar un personaje en situaciones diferentes como la muerte y la locura. ¿Cómo trabajó?

Larreta — Fue difícil pero justamente es el desafío que propone el personaje. Me encantó hacerlo aunque reconozco que me dio mucho trabajo. Es un papel sumamente comprometido y de gran responsabilidad pero al mismo tiempo me sentí muy protegido por el resto de la obra. Mi personaje es muy parecido —no es el mismo— al del matemático de Una mente brillante. Tengo la impresión que fue inspirado en la misma persona, porque es curioso que esta obra (que es anterior al film) también haya elegido la figura de un matemático joven con un problema psíquico muy terrible.

—¿No le intimida dirigir a otro director como Larreta?

Morgan — Soy reincidente. Y no, trabajo muy bien con Taco y lo admiro mucho. La primera vez que leyó el libreto, quedé encantado. Me gusta por los caminos que toma pero es algo de siempre. Te hablo de la prehistoria: yo hice la asistencia de dirección de Rencor hacia el pasado.

Larreta — Fue la primera versión en el año 1959. Mario era un niño.

Morgan — Me quedaba sorprendido de las cosas que Taco le encontraba al personaje. No son nunca los caminos pedestres; siempre le da vuelo. Sucede lo mismo cuando escribe, trasciende el naturalismo burdo y transforma la cotidianeidad con un aire de poesía. Crea un clima tan profundo que para el director es fácil lograr que la escena tenga interés y el espectador se sienta involucrado. Sus interpretaciones no buscan ser efectivas para la platea o lindas, sino que tienen un misterio interior.

Larreta — Te aclaro que nunca escuché decir esas cosas a Mario.

Morgan — Pero lo recibe el espectador. En el preestreno, apenas terminó la escena de Taco hubo un aplauso conmovedor.

— Había trabajado con Morgan hace casi una década en "La dama y el perrito". ¿Siente cambios en el director?

Larreta — Este monstruo ha madurado mucho. Quedé muy contento con el trabajo en La dama y el perrito pero aquí lo encontré en una posesión de sus medios realmente sorprendente. Une dos cosas importantes: el entusiasmo vocacional del teatro uruguayo con un profesionalismo que es raro encontrar en el ambiente.

"Aburrimiento es la peor malapalabra"

—Hay quienes afirman que el teatro actual escasea de profesionalismo y rigor. ¿Qué dicen de esa aseveración?

Larreta — Decir que nuestro teatro está pasando por un mal momento no es novedad. Pero hay síntomas de renacimiento con el surgimiento de directores muy interesantes como uno de nuestros compañeros en La prueba, Mario Ferreira. Es un tipo de un notable instinto teatral y comienza en estos días a preparar una obra inglesa, Cloud Mine, que puede ser muy interesante así como otros proyectos que tiene la Comedia por delante. También hay un autor uruguayo, Sergio Blanco, que será una revelación importante. Estrena su obra a mitad de año, dirigida por Mariana Percovich. La presentación de Blanco va a vivificar el ambiente.

—Morgan, elige obras que tienen taquilla. ¿Cómo lo hace?

Morgan —Como espectador y como director no me interesa volver sobre lo ya hecho. No me interesan los clásicos o los autores de vanguardia sino me aportan algo distinto. Ver lo visto no me atrae. Quiero cosas nuevas, que me entretengan. La misión de un espectáculo es entretener. Bienvenido sea si deja algo más, pero primero debe cumplir su objetivo. Yo no sé hacer nada que no entretenga porque no me gusta aburrirme. El aburrimiento es la peor malapalabra que existe en teatro.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar