En el año 2007 Wanda Nara y Evangelina Anderson descubrieron que eran más o menos primas. El "más o menos" va porque no eran directamente primas, sino que tenían un vínculo familiar y una historia en común que se podía definir con ese título. Se encargaron de anunciarlo con bombos y platillos por todos lados y hasta salieron en alguna revista anunciando muy contentas la noticia, silicona contra silicona (cosa que era lo que, en realidad, empujaba las ventas de esta publicación). Habían compartido escenario en las competencias de Patinando por un sueño y estaban en los momentos más altos de sus respectivas carreras como vedettes, mediáticas y demás rubros en los que se movían.
Poco tiempo después la revista Paparazzi reveló que el marido de Wanda Nara se había querido acercar a Anderson tiempo antes de conocerse. Aunque la historia fue negada, Nara no perdió oportunidad de armar un buen lío en cámaras y la insultó debidamente. Ese verano se reunieron en una obra de teatro pero la convivencia en camerinos terminó por separarlas definitivamente.
Al poco tiempo cada una se casó con su jugador de fútbol de preferencia, dejaron Argentina, pasaron a vivir vidas de lujo y se convirtieron en madres. Pero, en el fondo, nunca quisieron dejar su vida mediática en Argentina. La que más se preocupó por ello fue Wanda, quien periódicamente ha aparecido en revistas o en televisión hablando de algún trabajito puntual o solamente haciendo ostentación de su fortuna.
Y ahora, cinco años más tarde, ambas han reaparecido en los medios argentinos por distintos motivos. Wanda volvió a pelearse con Mariana Nannis y Evangelina se separó de su marido futbolista y nosotros, los espectadores rioplatenses, lo hemos visto todo. No hay como estar en la farándula para ser inolvidable.
Las dos son un ejemplo interesante de cómo puede funcionar el mundo del espectáculo a la hora de crear y buscar figuras. Mañana habrá más sobre el asunto.