Detrás del vestuario de las más ambiciosas superproducciones

Colleen Atwood. La diseñadora de "Nine" y de "Alicia" habla de sus films

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MATÍAS CASTRO

Un diseñador de vestuario puede ser reconocido por lo notorio de su trabajo, como por lo contrario. La oscarizada Colleen Atwood, es más conocida por lo visible de su obra. Hizo la ropa de "Nine" y de la nueva "Alicia en el país de las maravillas".

"Creo que un diseñador de vestuario tiene que aportar herramientas que ayuden a contar la historia a través de los ojos del director", comenta en entrevista telefónica exclusiva con El País, esta veterana del cine, con un oficio de dos décadas y media. Se muestra extremadamente amable y dispuesta a hablar sobre su trabajo, aunque el tiempo sea limitado.

Ha tenido la fortuna de diseñar vestuario para realizadores tan distintos como John Patrick Shanley (Joe contra el volcán), Tom Hanks (Eso que tú haces), George Miller (Un milagro para Lorenzo) o Jonathan Demme (Amada hija, Filadelfia y El silencio de los inocentes). Pero lo que le ha permitido soltarse de otra forma y, probablemente, también marcar más presencia ante cámaras, es su colaboración con Rob Marshall, en Chicago y Memorias de una geisha y con Tim Burton, en Ed Wood, El planeta de los simios, Marte ataca, El jinete sin cabeza, El gran pez, Sweeney Todd y Alicia en el país de las maravillas.

De esta última película, cuyo planteo estético en 3D ya está despertando mucha intriga, solo dirá: "El trabajar para imágenes creadas por computadora en lugar de trabajar para modistos con telas reales no me planteó grandes diferencias. Mi trabajo fue igualmente hacer los diseños, y en este caso se aplicaron a vestuarios digitales para los personajes. Como en las otras películas que he hecho, fui parte del proceso en distintas etapas". El motivo de la entrevista es la promoción de Nine, el último musical de Rob Marshall, un realizador con el que ganó el Oscar dos veces por Memorias de una geisha y antes por Chicago en el rubro Mejor Vestuario. Si bien es muchísimo más reciente, su relación con Marshall ha resultado ser tan fructífera en cuanto a reconocimientos como la que ha tenido con Tim Burton durante más tiempo.

Atwood tiene hoy 59 años y casi cuarenta de una trayectoria laboral en la que el cine no fue su primera opción. Comenzó trabajando como consejera de modas en Washington a comienzos de los años setenta y, tras algún tiempo, probó suerte en el diseño de vestuarios del cine y del teatro. Su primer paso notorio fue cuando trabajó para Sting, haciendo la ropa que utilizó en su gira Bring on the night, de 1985.

Aquella gira fue registrada en un documental dirigido por Michael Apted, con quien ella colaboró en las películas Mi familia o mi amante y en Critical condition. La primera de estas dos películas con Apted fue su también su primer paso en el cine, con el que inició una recorrida por casi 50 films en veinticinco años.

"A lo largo de todos estos años he aprendido que mi objetivo es crear o vestir gente que parezca real dentro de la visión del director, o al menos artísticamente real. Los actores toman parte en este proceso de construcción del personaje, pero no se meten con el diseño de vestuario, salvo lo que puedan ajustar en el set de filmación", comenta. El abanico de películas para las que ha diseñado es lo suficientemente amplio como para demostrar su versatilidad y también, profesionalismo, un factor muy importante para adaptarse en una industria tan exigente como la de Hollywood.

Nine, creada a medio camino entre la industria de Hollywood y el universo de los musicales de Broadway, alude a la obra de una de las mayores figuras de los años dorados de la industria del cine italiano: Federico Fellini y su película 8 ½. "Si tomé algo de esa película fue el tiempo y lugar en el que se desarrolla Nine", comenta. "Los personajes son distintos y no considero que esta sea una remake, sino más bien la considero una película-sombra de 81/2. La influencia es en parte visual y, de algún modo, emocional. Como diseñadora me sentí más influenciada por otras películas de ese período como La dolce vita y algunas otras en las que se reflejaba cierto glamour. Eso fue lo que quise representar".

Y al igual que Chicago, Nine fue, previamente, un exitoso musical de Broadway realizado en 1982. Atwood comenta que solamente vio esa versión en video y que el resultado de esta película es muy diferente, al menos desde su punto de vista.

En la búsqueda de ese objetivo distinto, ni a ella ni a Marshall se les escapaba el hecho de que el género musical en el cine es hoy la excepción a la regla, porque sufrieron las consecuencias de esto. "Lo complejo es que tenés que trabajar para mucha gente y al mismo tiempo concentrarte en tus ideas concretas de una forma muy técnica. En los años dorados de Hollywood, para el rubro de vestuario tenías el doble de gente y material para hacer lo mismo. Así que tuvimos que hacer que todo el equipo nuestro se moviera muy rápido, cosa que fue lo más complejo. Lo que tiene que ver con las ideas no fue demasiado complicado, ya que el equipo que tuve contribuía mucho. Lo complicado es que ahora no es común hacer musicales, en los mejores años de Hollywood se hacían muchos filmes de este género y ahora hay menos práctica. Pero es la misma dificultad que encontré a la hora de hacer Chicago".

A pesar de estas dificultades, Attwood llega al Oscar de esta noche con unos cuantos logros bajo el brazo y con una carrera más que variada. Colaboradora de los cineastas más diversos y notorios, sorprende por su falta de poses ni actitudes llamativas para convertirse en un personaje como los que viste, y actúa como una profesional que llegó lejos en lo suyo.

"El Oscar es una espada de doble filo"

Colleen Atwood compite hoy nuevamente al Oscar en el rubro vestuario con su trabajo para Nine. "Para un diseñador de vestuario un Oscar no trae necesariamente más libertad. Lo que seguro me ha dado es más respetabilidad dentro de la industria. Pero a veces pasa que cuando algunos productores ven que acumulás un Oscar más unas cuantas nominaciones piensan que sos demasiado para sus proyectos. Y por eso el Oscar es una espada de doble filo". La declaración resulta llamativa al tener en cuenta que es hecha por una persona que ya tiene dos premios Oscar por su trabajo. Pero mirando hacia atrás, tiene toda una carrera de respaldo como para hacer esa afirmación. Se puede decir que es una profesional que tuvo la suerte de poder desarrollarse en un ambiente complejo y también, de volverse mano derecha de realizadores peculiares de Hollywood.

Si Rob Marshall es casi el único que en esta década ha podido hacer películas musicales con cierto despliegue de presupuesto, Tim Burton es uno de los pocos autores "raros" que se permite la industria. "Estos dos directores son personas que trabajan mucho en términos visuales, gracias a sus habilidades por fuera de cámaras: Tim es un gran ilustrador y Rob es un excelente coreógrafo. Trabajar con ellos te permite hacer cosas un poco más temerarias que con otros, y el material que ellos toman te permite jugar mucho más. Por otra parte, como ellos son artistas por sí mismos, entienden el proceso que hace uno y de ese modo son muy abiertos y liberadores para que hagas tu trabajo. Además, ya nos conocemos y por ejemplo cuando me dicen que volveré a trabajar con Tim más o menos puedo imaginar cómo serán los personajes en la película. Ese tipo de cosas me permiten adaptarme al proyecto que tengo delante".

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