LOS ANGELES I ROCIO AYUSO / EFE
Al ingenio de Steve Martin aún le queda tiempo para el estreno (el pasado viernes) de una nueva comedia, Bringing Down the House, mientras ultima en secreto los detalles de la 75 edición de los Oscar, en la que repetirá como maestro de ceremonias. "Salir a un escenario siempre da más reparo, porque todo pasa en ese momento. Sin embargo, ante las cámaras siempre te queda una segunda oportunidad", declaró a EFE este humorista al comparar sus dos experiencias artísticas.
Esta será la segunda ocasión en la que este comediante se haga cargo de la ceremonia de entrega de los Oscar, el próximo día 23, una de las transmisiones de mayor audiencia de la televisión estadounidense y con alcance internacional.
Su estilo estuvo a prueba en 2001, durante la 73 edición, y además ha colaborado en otras seis ocasiones con la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas como presentador de algún premio. "Recuerdo que me divertí", indicó Martin sobre sus anteriores experiencias en este trabajo sobre el que, de todas maneras, prefiere no hablar para mantener en secreto sus preparativos. "Me reúno diariamente con los guionistas, aunque eso no afecta mi vida cotidiana", resaltó el actor, como queriendo restar importancia a su tarea, crucial para el éxito de la ceremonia.
Tampoco parece afectarle a su carrera, en la que el viernes estrenó un nuevo título en compañía de Queen Latifah, ambos protagonistas de Bringing Down the House. El film, centrado en la extraña pareja de un abogado divorciado que cree haber encontrado su media naranja por internet en una presidiaria prófuga de la justicia, une a Martin a otra figura que estará presente en los Oscar: Latifah aspira a su primera estatuilla como mejor actriz secundaria por su actuación en Chicago.
Pese a su larga trayectoria artística, Martin llegó al proyecto después que la cantante, que era casi novata en el cine. "Yo fui la feliz coincidencia", señala el actor acerca de su inusual pareja. "Pero nuestro humor funcionó desde el primer momento", añade con una sonrisa.
IMPROVISADOR. Nacido en Waco (Texas) en 1945, Martin acostumbra en muchas ocasiones a escribirse sus propios guiones, como ocurre en su próximo rodaje, Shopgirl, película basada en su propia novela.
Sin embargo, gran parte de su humor se relaciona con su capacidad para la improvisación, un talento especialmente útil durante una presentación como los Oscar.
"En una buena improvisación, todo se basa en la diversión y especialmente, en contar con un ambiente que invita. Si cuentas con ello, todo va bien", admite alguien capaz de inventarse las mayores payasadas sin partirse de risa.
Sin embargo, esta edición de los Oscar viene rodeada de un halo de preocupación ante las tensiones generadas por una posible guerra contra Irak, situación que ha llevado a la Academia a pedir a todos los presentadores que se abstengan de hacer comentarios políticos.
"El monólogo de presentación responde a mi gusto y nadie me ha dicho que haga tal cosa o deje de hacerla", advierte el intérprete queriendo evadir el tema. En su opinión, de hecho es el propio clima de tensión el que hace "necesario" algo más de humor de lo habitual.
Claro está que no siempre es fácil saber hacer reír al público y, como comenta el protagonista de películas como Roxanne, El padre de la novia, La pequeña tienda de los horrores, Grand Canyon o Los tres amigos, "en comedia no hay nada infalible. Puedes hacer algo que funciona una temporada y de pronto dejarles fríos", explica.
Por eso Martin dedica intensas jornadas de trabajo a su próxima aparición en los Oscar, una vida de trabajo que alterna con largas caminatas con su perro, algo de yoga, montar en bicicleta y patinar, su particular forma de mantenerse en activo.
Al fin y al cabo, ya son pocos los escenarios que suele pisar —"quitando los Oscar o la entrega de los premios en el Kennedy Center"—y como dice el propio humorista "siempre hay que tener el instinto a punto para ver cuán lejos se puede llegar".
Apostando en Las Vegas
LOS ANGELES . El musical Chicago figura como el favorito en todas las apuestas por el Oscar como mejor película, lo mismo que ocurre con Daniel Day-Lewis como mejor actor, al menos dentro del círculo de jugadores de Las Vegas. La opinión de los miembros de la Academia de Hollywood puede ser completamente diferente pero, entre los tahures de la capital del vicio, la suerte está echada.
Chicago es la gran favorita, y por ello la que menos pagaría de salir ganadora y si de hecho se pudiera apostar dinero en su victoria. Le siguen Las horas y Pandillas de Nueva York, que en opinión de las casas de apuestas de Las Vegas tienen las mismas posibilidades de victoria, aunque siempre por detrás del favorito. Las otras dos candidatas, El pianista y El señor de los anillos: las dos torres parecen tenerlo difícil, especialmente esta segunda película cuya posible victoria llegaría a pagar 20 a uno si ganara.
Como mejor actor, los jugadores parecen decantarse por Day-Lewis y su trabajo en Pandillas de Nueva York en lugar de Jack Nicholson, ganador del Globo de Oro por Las confesiones del Sr. Schmidt. En el caso de las actrices, la estatuilla parece llevar el nombre de Nicole Kidman por su trabajo en Las horas, seguida a cierta distancia, según las probabilidades, de Julianne Moore por Far From Heaven. Lo que sí que parece claro es que los jugadores de los casinos de Las Vegas no le ven ninguna posibilidad a la mexicana Salma Hayek en esta contienda, y se paga 30 a uno el caso de una victoria por parte de la primera hispana candidata a un Oscar como mejor actriz por su papel en Frida.
La confianza tampoco es mucha en Pedro Almodóvar y las apuestas pagan 20 a uno si el realizador español consiguiera su estatuilla por Hable con ella. En esta categoría, el favorito parece ser Martin Scorsese por Pandillas de Nueva York, si bien las apuestas están muy similares en favor de Rob Marshall por Chicago.
EFE