La actriz Virginia Mayo, famosa en los años cuarenta y cincuenta, falleció el pasado lunes en Los Angeles. Su muerte a los 84 años tuvo lugar tras una larga neumonía que acabó en un paro cardiaco en una residencia de Los Angeles, informó Alex Ben Block, amigo de la familia.
Estrella de la pantalla sobre todo en los años 40, había actuado junto a actores tan diversos como Danny Kaye, James Cagney y Bob Hope. Su aire de vampiresa caricatural, frágilmente apoyado en limitadas condiciones histriónicas la inclinaba naturalmente hacia la comedia aunque directores inteligentes pudieron ampliar y enriquecer su registro (William Wyler en Lo mejor de nuestra vida, 1946; Raoul Walsh en Alma negra y Juntos hasta la muerte).
Había nacido en San Luis como Virginia Clara Jones, hija de un periodista y su esposa. Su nombre artístico surgió durante una de sus primeras giras por Estados Unidos con un espectáculo de variedades, cuando decidió adoptar el apellido de uno de los humoristas que trabajaban con ella disfrazados de caballo. Comenzó en cine con un pequeño papel en la película Las aventura de Jack London (1943), donde conoció a su futuro marido, el actor Michael O’Shea. Su carrera incluyó trabajos junto a Bob Hope (La princesa y el pirata), Danny Kaye (Delirio de grandezas), Burt Lancaster (El halcón maltés) y muchos más. Pintorescamente, su belleza pudo cautivar a un sultán de Marruecos, quien le escribió una carta en la que sostenía que era "la prueba de la existencia de Dios". Prácticamente se había retirado de la actividad luego de la crisis del sistema de estudios. Siempre rechazó la televisión, aunque realizó algunas apariciones especiales en serie como Reportera del crimen (el policial protagonizado por Angela Lansbury) y Santa Bárbara. EFE