Deporte sobre patines y agenda femenina en un film inteligente

Estreno. Salió directamente en DVD "Chicas bravas" de Drew Barrymore

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GUILLERMO ZAPIOLA

En el Río de la Plata (tanto del lado argentino como del uruguayo) ha salido directamente en DVD, quizás porque su tema no es de los que convocan multitudes en taquilla en esta parte del mundo. Pero hay calidades en "Chicas bravas".

Es que para mucho público latinoamericano, el deporte llamado "roller derby", que se practica en un ámbito cerrado, combina los principios de la carrera sobre patines con el contacto del "hockey" sobre hielo, y ha sido reivindicado como un emblema del feminismo, resulta por lo menos, un tema exótico. Algo parecido sucede con las películas sobre béisbol, que suelen ser un éxito en los Estados Unidos pero después los productores no saben a quien más vendérselas.

En el caso de Chicas bravas, sin embargo, no habría que intentar vender una película sobre "roller derby", y ni siquiera (aunque también lo sea) como un título adherido a la agenda feminista. El énfasis debería estar puesto en el nombre de su directora y actriz (esta vez en un papel secundario) Drew Barrymore, en la solidez de su elenco femenino y, más ampliamente, en el hecho de que, sorprendentemente, es una buena película, que compromete a su espectador no solamente con lo que ocurre en el campo de juego (que por cierto está muy bien filmado) sino también con lo que les pasa a los personajes fuera de él.

El asunto proviene de la novela Derby Girl, de Shauna Cross, adaptada para la pantalla por la propia autora. La acción transcurre en un pequeño pueblecito texano en el que está empezando a cobrar fuerzas una pequeña y clandestina liga regional de ese deporte todavía poco divulgado. A ella ingresa la joven protagonista (Ellen Page, la revelación de La joven vida de Juno), una adolescente atrapada en el gris cotidianidad de la vida pueblerina, a la que se suman algunos dolores adicionales generados por la disfuncionalidad familiar (sus padres están interpretados por los excelentes Marcia Gay Harden y Daniel Stern). El atendible elenco incluye también al comediante Jimmy Fallon (de Saturday Night Live), Rosa Sparks y Andrew Wilson.

En la práctica del deporte, Page descubrirá nuevas fuerzas en sí misma, y el apoyo de alguna amiga (Alia Shawkat) y de jugadoras más veteranas (la propia Barrymore, la no menos interesante Juliette Lewis). Barrymore directora revela una inesperada sensibilidad a la hora de retratar ese universo juvenil y femenino, sobre el cual arroja una mirada en la que coexisten el humor y la ternura pero que, sabiamente, elude el sentimentalismo.

Hay algo de los retratos de pueblo chico texano de Larry MacMurtry (ese mundo que Peter Bogdanovich supo captar supremamente en La última película, 1971, quizás la mejor traslación fílmica del escritor) es esta película de Barrymore. Y hay también mucha evidencia de la presencia de alguien inteligente detrás de la cámara, algo que no debería sorprender.

Bueno, al fin y al cabo Drew es una Barrymore, y el nombre ha estado vinculado al mundo del espectáculo desde hacer más de ciento cincuenta años. Cuando Steven Spielberg la lanzó como la "niña prodigio" de E.T. sabía perfectamente que había en ella genes de interpretación (y también de alcoholismo, tema que ella misma debió superar y sobre el cual también a veces bromea) que tenían varias generaciones: nieta de John Barrymore y Dolores Costello, sobrina nieta de Lionel y Ethel Barrymore, hija de John Drew Barrymore, sobrina de Diane Barrymore, todos ellos actores y alguna vez llamados "la Familia real de Hollywood", aunque de hecho el árbol genealógico actoral es más antiguo que el cine mismo: ya hubo algún John Drew y unos cuanto Barrymore en el teatro norteamericano del siglo XIX.

Entre el talento personal y la experiencia acumulada al parecer en su código genético, Drew luce muy segura de sí misma a la hora de encarar la realización de esta Chicas bravas. Estrictamente es su segundo trabajo como directora aunque el primero en un largo de ficción: antes había hecho Choose or lose presents: the best place to start (2004), un documental de cuarenta y cinco minutos sobre la juventud norteamericana y su actitud con respecto al proceso electoral. Aquí aparece, claramente, encarando un proyecto que la ha comprometido personalmente, y en el que hay inteligencia de escritura, un buen elenco, y un excelente trabajo fotográfico de Robert D. Yeoman, habitual director de fotografía de Wes Anderson.

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