"Debería reformarse la Comedia"

| Ha participado de los proyectos teatrales y televisivos más ambiciosos de los últimos tiempos, a la vez que dirige con colegas una escuela de actuación. Sobre los dineros públicos que se destinan al teatro dice que tienen que repensarse para dar oportunidades a todos los actores.

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Magdalena Herrera

Hace tiempo que Gabriela Iribarren decidió vivir de y para la actuación. En su momento fue un riesgo, pero hoy la actriz de 38 años cosecha los frutos luego de dedicar los últimos veinte años a su compromiso con el escenario. Desde 1983, luego de egresar de la Escuela de Arte Dramático, participó en más de cincuenta obras teatrales con interpretaciones muy reconocidas en el momento. En su ambiente, se habla de Iribarren como una de las más importantes actrices que ha dado el teatro en las últimas dos décadas (hay directores que por lo bajo aseguran que la más importante).

Reconocimientos no le faltan. Con Quien le teme a Virginia Wolf (1994), se llevó a casa su primer Florencio a mejor actriz de reparto, con Pagar el pato en el 2000 consiguió su primer Florencio como actriz protagónica y en el 2002 por segunda vez fue considerada la mejor del año por su trabajo en La sangre de Alvaro Ahunchain. El año pasado, fue doblemente candidata al Florencio mejor actriz por sus interpretaciones en Elena Quinteros, presente (se repone el 26 de marzo) y Manhattan Medea.

Pero además de haber participado en los proyectos teatrales independientes más ambiciosos del 2003, Gabriela Iribarren se ha transformado en una cara popular a través de sus personajes televisivos en Constructores, Mañana será otro día, entre otros. Por otra parte, recién terminó de filmar un proyecto cinematográfico (ganador de Ibermedia) de Gabriela Guillermo. Y en abril, se la verá en la serie televisiva Uruguayos campeones que dirige Adrián Caetano, y en una de las historias del ciclo Ocho x ocho, la de Sergio Miranda. Además, junto a María Mendive y Marisa Bentancur, Iribarren está al frente de la Escuela de Actuación de Montevideo.

—¿Cómo es que nunca intentó ingresar en la Comedia Nacional?

—Nunca tuve la oportunidad. Cuando se hizo el último concurso era para menores de 30 años, y yo tenía 31. Y en el anterior yo todavía estaba estudiando. Pero no es solo mi caso, a toda mi generación le pasó igual. Eso fue bastante fuerte para nosotros porque hay toda una generación de actores que nunca tuvimos la posibilidad de presentarnos para el único trabajo que está remunerado por el Estado. Es duro.

—¿Está de acuerdo con que se financie un elenco municipal?

—Debería reformarse. Los dineros que se destinan para el teatro deben mantenerse y mis compañeros que trabajan en la Comedia continuar desarrollándose, pero entiendo que tal como está hoy debe ser sujeto a una reforma. Es algo muy cerrado, mientras todo el teatro independiente (donde se gestan las propuestas culturales) queda totalmente desamparado. Debe reverse no solo lo que invierte la Intendencia sino también lo del Ministerio de Cultura, todos los dineros del Estado. Tiene que haber una mejor distribución porque son muchísimos los actores desocupados y no por falta de talento. Y el teatro lo hacen los actores, ese es el recurso precioso. Por esa razón este año intentaremos generar mesas de estudio y de trabajo para tratar el tema: qué dineros se invierten y ver cómo generar un sistema de igualdad de oportunidades. Que haya lugares donde se pueda competir con proyectos o por talento.

— Las propuestas de cine en Uruguay son escasas. Al aceptar participar en una de ellas, ¿lo hace para ganar experiencia en cine o la historia también cuenta?

— Ambas cosas. En el caso de la película de Gabriela Guillermo, fui seleccionada por un casting. Luego comencé a entrevistarme con la directora y a leer el guión. En primer lugar, Gabriela me pareció una persona de una sensibilidad especial y con una personalidad muy definida. Propone un lenguaje cinematográfico que me interesó mucho. En este proyecto, que por ahora lleva el nombre de Una fan y una estrella, la directora cuenta una historia casi autorreferencial, con un marco muy poético y visual. Eso fue muy desafiante y también exigente porque me demandó meterme en una historia que tiene partes casi documentales. Fue una experiencia muy buena y diferente, que además llevó un mes de rodaje de doce horas diarias. La filmación se realizó en Solymar y gran parte en el Barrio Sur porque Gabriela está muy influida por la cultura afro, que admira. La película ahora se está editando, sobre fin de año andará por los festivales y en el 2005 probablemente se estrene.

— ¿Qué cambios notó luego de estar del otro lado del mostrador, en la dirección de "La mujer de negro"?

— Me abrió mucho a otros aspectos que yo no conocía como por ejemplo la proyección visual. Pensé que mi trabajo más fuerte iba a ser con los actores (que me encantó) pero también me apasionó lo visual así como todo el trabajo de reconstrucción, la investigación que presupone poder lograr ese viaje insólito, y esa ilusión. Eso me encanta.

—También tuvo que trabajar con la reconstrucción histórica en "Elena Quinteros, presente".

—Si, se realizó ese trabajo de reconstrucción histórica, de jugar en el tiempo, de ilusión, de llevar a la gente a otro lugar. Fue una experiencia impresionante: imaginate lo que es ser la voz de una parte de tu historia, con un enfoque humanista del tema. Debimos inventar un concepto de actuación para abordar un personaje tan cercano, al que mucha gente conoció. No quería reconstruir a Elena Quinteros desde lo formal, y entonces jugamos un poco a la fusión entre la actriz y el personaje. El espectáculo apuesta a lo emocional, pero además está intervenido por lo audiovisual con trabajos de reconstrucción muy interesantes realizados por Detaquito Films y Sergio Miranda. Lamentablemente pude hacer pocas funciones porque me había comprometido anteriormente con María Dodera para hacer Medea Manhattan. Pero ahora el 26 de marzo se repone en el Mincho Bar.

—¿Qué le interesó de "Medea"?

—Me interesa mucho trabajar con directores como Dodera, con una gran personalidad, que tienen propuestas propias, que prueban, que se arriesgan. Además, se trataba de interpretar a un personaje mágico de un texto hermosísimo de una autora alemana. Por otra parte, también me interesó esa estética tan ecléctica de Dodera para realizar esta versión moderna, y en un espacio nuestro como el Pittamiglio. Pero además, esta historia no solo habla de la pasión que siente Medea por Jasón sino también de temas tan actuales como la extranjería, la ciudad cosmopolista, los reinos que se van hacia los suburbios. Es un texto muy potente, llevado en un lenguaje muy poético, y tan contundente como punzante. Es un trabajo que me marcó como actriz.

—¿Cómo se despega de personajes fuertes como Elena Quinteros o Medea para, por ejemplo, interpretar a la hermana de un hincha en "Uruguayos campeones"?

—Es cierto, fueron muy fuertes. Porque además realmente vivo el personaje en cada representación (es como a mi me gusta actuar). Me costó un gran trabajo dejar uno para ponerme en el otro. Y por eso este año opté en teatro por las reposiciones, y para fines de setiembre, bajo la dirección de Nelly Goitiño, presentar Las tres hermanas de Chejov en el aniversario de la muerte del autor. Me voy a tomar todo el año para preparar el personaje de Maya, y solo continuaré con Elena Quinteros. Para justamente poder disfrutar los personajes que interpreto es que yo siempre me planteé dedicación completa porque creo que el actor para poder hacer cosas tiene que tener un montón de tiempo y de energía.

"Hay que enseñar a los jóvenes a producir sus proyectos"

Desde la dirección de la Escuela de Actuación de Montevideo, tanto Gabriela Iribarren como sus colegas María Mendive y Marisa Bentancur, se plantean grandes desafíos. "Es otra de las facetas de mi profesión que me apasiona, sobre todo en el área académica como el diseño de cursos y programas. Y también trabajo en metodología teatral y actuación ante cámaras. Nos hemos planteado varios desafíos para este año que entre otras cosas está la de generar allí una movida cultural, que reúna a alumnos, docentes y actores para tratar los temas que nos preocupan. Está muy bueno. Pero por otro lado, la Escuela ya es un proyecto muy ambicioso que reúne a una treintena de docentes. Hemos incorporado el tercer año y cursos nuevos, y además nos mudamos para un espacio más grande (Chucarro 1036 piso 3, tel. 7097637) aunque seguimos trabajando en colaboración con la Escuela de Cine", explica la codirectora de la institución.

—¿Qué le dice a sus alumnos con referencia a las posibilidades laborales que presenta este medio para los actores?

— La carrera integra una parte muy importante de nuestra profesión, que es la producción. Les enseñamos producción, justamente para que puedan realizar sus propios proyectos artísticos, intentar financiárselos y que sean económicamente viables. Se están presentando algunas oportunidades: en el ciclo Ocho x ocho trabajé con técnicos de la Escuela. Claro que hay mucho para hacer en Uruguay sobre este tema, tanto en el área privada como en la pública. Debemos seguir insistiendo para que las empresas privadas obtengan ciertos beneficios fiscales si apoyan a la cultura. Y por otro lado, como dije anteriormente, debemos repensar los destinos de los dineros públicos con referencia al teatro y al audiovisual.

La feriante de Adrián Caetano

Interpreta a una feriante en Uruguayos campeones, la serie televisiva que Adrián Caetano grabó en Uruguay y que se emitirá también en Argentina. "Fue todo una experiencia. Por suerte me guardaron un lugar porque cuando se comenzó a grabar yo estaba haciendo la película. Caetano tiene una manera de trabajar muy particular e interesante, no solo por su impresionante capacidad creativa sino también porque tiene una gran capacidad de riesgo. Mi personaje es el de una mujer que trabaja en la feria vendiendo medias, una persona muy humilde. Como no tiene permiso en su stand debe lidiar con toda una mafia que también existe en la feria y que la persigue. Es hermana de uno de los jugadores de Rambla, y toda la familia pone en él las expectativas para mejorar la situación económica. Son personajes muy populares que me gusta mucho abordar, pero que a la vez Caetano los trabaja de una manera muy natural", cuenta Iribarren.

La actriz también es parte del ciclo Ocho x ocho, unitarios que emite Canal 4 de diferentes realizadores y participó en todos los teleteatros que se han estrenado desde A cara o cruz. Pero nada de esta movida de ficción le sorprende a Gabriela Iribarren. "Yo sabía que se iba a encontrar un espacio para poder desarrollarnos. Sigue siendo una lucha (y no es por quejarse inútilmente), producir es muy costoso. Pero se están generando cosas en varios canales, y eso es lo interesante".

—En abril, los argentinos prenderán la televisión y se encontrarán con usted entre un gran elenco de actores uruguayos. ¿Cómo se siente eso?

—Me parece bárbaro. Ya era hora que nosotros también podamos tener un nivel de intercambio. Y eso lo ha posibilitado Adrián Caetano. Los uruguayos y los argentinos no somos iguales, y así como nosotros recibimos cosas de ellos, está bueno que ellos reciban cosas nuestras. Van a conocer la realidad ficcionada de nuestra cultura, vocabulario, paisajes, manera de sentir. Porque Caetano quiso hacer un producto uruguayo.

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