GUILLERMO ZAPIOLA
Francois Mitterrand ha vuelto a ponerse de moda, al menos en el cine y otros medios de comunicación. A nueve años de la muerte del ex-presidente socialista francés, una película protagonizada por Michel Bouquet sobre los últimos años de su vida, un libro publicado en París por su hija ilegítima que revela algunas intimidades familiares, y la divulgación pública de un escándalo de escuchas ilegales durante su gobierno, han colocado nuevamente sobre el tapete la figura del discutido mandatario.
PELICULA. El film es Le Promeneur du Champs de Mars (divulgado en inglés como The Last Mitterrand), realización del cineasta marsellés Robert Guédiguian, el autor de los cuadros proletarios de Marius y Jeannette y A todo corazón, quien relata lo que denomina "la muerte de un rey". Se trata de una adaptación del libro El último Mitterrand de Georges-Marc Benamou, del que se ha dicho que es "un acercamiento respetuoso" a los últimos meses de la vida del personaje, irreversiblemente afectado ya del cáncer que lo mató.
Hay efectivamente algo de monárquico en Mitterrand (y de hecho, en todo gobernante francés), y según referencias el film retrata el crepúsculo de su personaje con una mezcla de majestuosidad, acercamiento emocional a un moribundo y melancólica comprobación de las vanidades de este mundo. Antiguo comunista "reciclado", Guédiguian reconoce ahora que apoyó a Mitterrand en sus primeras medidas de gobierno (el período "radical" que duró un par de años, con apresuradas medidas sociales que mejoraron la condición de la clase trabajadora durante seis meses y luego desencadenaron la inflación y el desempleo) y se decepcionó por su moderación posterior. Hoy ha cambiado de opinión, llegando a creer que esa evolución del gobernante era "inevitable" y "necesaria". Y probablemente sensata.
Observadores franceses han señalado que Mitterrand, según todos ellos muy bien compuesto por el veterano Bouquet, aparece descrito en la película como "un político hábil, egocéntrico y cínico, y un hombre cultivado y aparentemente resignado a su cercana muerte, pero que siente un terror íntimo ante su destino fatal y, sobre todo, un pánico indescriptible de caer en el olvido". El film evoca al pasar algunos aspectos polémicos de la trayectoria de Mitterrand, por ejemplo sus relaciones con el régimen de Vichy, el gobierno colaboracionista encabezado por el mariscal Petain que se instauró en Francia durante la Segunda Guerra Mundial, y evita en cambio otros costados sombríos de su época de gobernante.
El film fue co-escrito por el propio periodista Benamou, quien mantuvo largas entrevistas con su personaje y que ha sido acusado de "traidor" por algunos partidarios de Mitterrand debido a su revelación de aspectos oscuros en el carácter y la trayectoria de su personaje. El escritor ha replicado sin embargo que el propio Mitterrand le dijo: "Escríbalo todo, escríbalo todo y dígales que no he sido el Diablo".
LIBROS. Por su parte en Bouche Cousue (Boca cosida), libro de reciente aparición escrito por Mazarine Pingeot, de 30 años, fruto de una relación extraconyugal de Mitterrand, narra su infancia al lado del presidente, a quien describe como "ese hombre desco nocido pero atento al que tenía prohibido llamar papá, pero que se escapaba del palacio del Elíseo para pasar las noches con ella y su madre en un apartamento frente al Sena". La existencia de Mazarine se hizo pública en Francia en 1994, dos años antes de la muerte de Mitterrand, y la joven llegó a conocer a sus dos hermanos, hijos del presidente con su esposa Danielle, en los funerales su padre.
"El silencio se impuso. El tenía esa autoridad. Se sabía desde el principio de lo que se podía hablar o no. Así funcionaban todos los secretos de familia", afirma Mazarine en su libro, en definitiva otro ejemplo de la conocida literatura sobre vicios privados y públicas virtudes.
Una perspectiva más clínica es la que proporciona otro libro, El gran secreto (Le grand secret), del doctor Claude Gubler, médico personal de Mitterrand, que ha llegado a las librerías francesas luego de que París fuera condenado por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos por haber prohibido su venta durante años. El gran secreto cuenta sobre la enfermedad de Mitterrand y sobre cómo se ocultó su gravedad al pueblo francés.
El doctor Gubler explica que el presidente, sabiendo que sufría un cáncer desde 1981, el año mismo de su elección, nunca permitió que se publicara un parte médico al respecto. Sin embargo, hubo períodos en que la enfermedad arreciaba, impidiéndole desempeñar correctamente sus funciones como gobernante.
Escándalo en el tribunal
Un reciente sondeo del periódico francés Le Figaro llegó a la conclusión que un 55% de sus compatriotas no recuerda a Francois Mitterrand como un hombre especialmente honesto, pero un 60% admite que su gestión fue "más bien positiva" y un 80% lo considera "misterioso".
Aparte de las películas y los libros dedicados a Mitterrand sobre los que se habla por aquí cerca hay otros motivos para que el nombre del ex-gobernante figure en los titulares de prensa de su país. Luego de tres meses de audiencias, en los tribunales franceses quedó visto para sentencia el juicio por escuchas ilegales efectuadas en la era Mitterrand y por el que el ex presidente debería también haber rendido cuentas de haber estado vivo.
En su lugar, se sentaron en el banquillo de los acusados 12 personas, todos ellos colaboradores cercanos del ex mandatario que montaron una red de escuchas ilegales entre 1983 y 1986 de la que fueron víctimas artistas, periodistas, abogados, políticos y otras decenas de ciudadanos.