Conseguir una foto exclusiva de algún famoso, no es una cuestión fácil solamente por temas de contactos, sagacidad y velocidad del fotógrafo. Lo es, en buena medida, por la gran cantidad de reporteros gráficos que siguen los mismos hechos y personajes, cosa que ocasiona que la mayoría termine consiguiendo más o menos las mismas imágenes. Por eso cuando alguno logra escapar del rebaño y mira hacia donde los demás no apuntan sus lentes, busca sus propias fuentes y encuentra una imagen única que revela algo especial, el hecho se convierte en una noticia bomba.
Una nota que apareció en la web Slate, y que ha servido de referencia para las columnas de esta semana, decía que en Los Angeles, ciudad donde se concentra la mayor cantidad de celebridades de Estados Unidos, hay unos ciento cincuenta paparazzi operando. Con tal competencia, decía el artículo, resulta difícil que alguno consiga una foto que nadie más tiene. Esto, a su vez, lleva a que esas fotos solo consigan cotizarse en función del espacio que cada revista o web quiere dedicarle. En plata, en Estados Unidos, esto significa unos setenta y cinco o doscientos dólares, según el tamaño (o sea mil quinientos y cuatro mil pesos). No es mucho dinero, por lo que cada fotógrafo debe trabajar incontables horas y tratar de vender el máximo de imágenes que pueda. Y eso pasa en un país con una gran cantidad de publicaciones y sitios web que compran. En medios más chicos, como el rioplatense, las condiciones son algo distintas.
Hay reglas que, con todo, son más o menos similares. Si el fotógrafo consigue una exclusiva brutal (como cuando Paparazzi publicó la imagen de Juana Viale con su amante, en pleno embarazo), la imagen vale mucho dinero. La escala es distinta, como es lógico, ya que las cotizaciones estadounidenses pueden ser millonarias (como en casos extremos de las primeras fotos de los hijos de estrellas del estilo de Angelina Jolie o Jennifer Lopez). El resultado es igual la foto que todos ven en las revistas.