Con una imaginación de hierro

| Critica | ALICIA HABER Esculturas imaginativas Autor. Germán Cabrera Traversoni. Lugar. Espacio Kazbah. Bartolomé Mitre 1386

Toda la sala exhibe fantasiosas piezas de hierro. Hay construcciones enigmáticas adosadas a la pared, figuras corpóreas que vuelan por el aire, asociaciones insólitas entre elementos, extrañas sillas y aún más extrañas plataformas y máquinas fabulosas. Así se presenta la creatividad de Germán Cabrera Traversoni, un uruguayo residente en Caracas que se ha rescatado para la cultura artística del Uruguay y cuya exposición precisamente integró el circuito de visitas del Día del Patrimonio.

Números, llaves, flechas, pequeños y delgados seres humanos que recuerdan las figuras de Giacometti y manchas pictóricas expresionistas abstractas, son protagonistas de algunas de las cajas-viviendas adosadas al muro. Son para ser vistas de frente. Estas estructuras en hierro tienen puertas para abrir y cerrar, y sugieren aberturas hacia el misterio y lo desconocido. Sugieren diálogos con lo inconsciente. Cabrera juega con la capacidad interactiva del espectador, lo ivnita a tocar, a mover, a abrir, a descubrir lo ignoto. En otros casos las aberturas están selladas, no se puede mirar el interior que queda sumido en lo arcano y pequeños objetos llevan a asociaciones múltiples.

En una escultura, el artista construye una especie de espacio en blanco en el que sitúa una mesa, un a silla y figuras fuera de escala, como sucedería en una realidad onírica, que se acentúa por la presencia de un reloj, tema recurrente. Dos seres compactos y volumétricos flotan apenas apoyados sobre una bicicleta. Otra figura similarse lanza al espacio. El artista desafía su volumen haciéndolos volar por el aire. Habla de inestabilidad y de equilibrio precario. Son figuras lúdicas, y revelan sentido del humor. En algunos casos Cabrera crea también sillas muy delgadas y muy altas en las que sitúa arriba a un personaje pequeño que parece perdido y alienado en este mundo. El aire triunfa y la masa se diluye. También especula con colocarlo debajo pero siempre es un ser de poco espesor y volumen que recuerda a los personajes de Giacometti.

Construcciones ficticias más complejas, como altas y surrealizantes camas, atalayas y torres, de complejos diseños, así como un extraño mecanismo que evoca un avión, un pez, o una peculiar máquina fantástica, son otras propuestas imaginativas de Cabrera Traversoni.

En todas estas esculturas, Cabrera demuestra destreza manual, un dominio técnico envidiable y una lograda realización formal. El suyo es un trabajo muy profesional en hierro soldado, una eficaz combinación de metales, piedras, maderas, barro, hilos, fibras, óxidos y pátinas. Es evidente que para este artista es muy importante resaltar el trabajo manual, la manipulación que puede hacer él y la que hace el espectador. Le importa la vinculación entre cerebro y manos, entre lo conceptual y lo artesanal y entre el acto creativo y el oficio. Le interesa el rescate del tacto, enfatizar la sensualidad de los materiales y las texturas.

La obra de Germán Cabrera Traversoni es poca conocida en el Uruguay. Ahora hay una excelente oportunidad de acercarse a ella a través de una excelente selección que se presenta en un nuevo espacio, en Kazbah en la Ciudad Vieja. Germán Cabrera Traversoni nació en Caracas el 31 de mayo de 1950 cuando su padre, residía allí. Vivió en Uruguay desde 1952 hasta 1973, año en que regresó a Venezuela y desde entonces se dedicó al arte. Expone desde 1973 ahí ha desarrollado una larga trayectoria como ceramista, escultor, escenógrafo y pintor dentro de una línea de multiplicidad y versatilidad.

Su labor más conocida y más significativa es la tridimensional y no es fácil trasladar sus esculturas al Uruguay por eso los uruguayos han pasado años sin conocerlas y ahora tienen esta posibilidad aunque se pierden el contacto con sus obras más monumentales.

Sería interesante que en un futuro cercano pudieran verse aquí piezas de sus series "Megaferrum" o "Transitables", trozos irregulares de laminas de hierro "cosidas" entre sí. Monumentales, esas obras crean un espacio transitable e invitan al ser humano a pasar por él y ser parte de la obra. Son formas bulbosas, cónicas, redondas, semicirculares y eventualmente evocativas de la figura humana.

Lo que queda claro es que Cabrera afirma su oficio, su creatividad y sobre todo su despegue del lenguaje de su padre. Es muy difícil ser el hijo de un escultor de la talla de Germán Cabrera y más aún llevar su mismo nombre y no caer bajo su influencia. Él lo ha logrado y ha llegado a crear un lenguaje personal. No es poco.

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