Compasión con Sarkozy

REBAR

He creído de toda justicia, echarle un salvavidas a Sarkozy en momentos en que está por ahogarse políticamente. Aunque él no lea esta columna -a cuyo mantenimiento ha contribuido tanto junto a Isabel II, Berlusconi, la pareja estelar del teleteatro "El misterio de la Casa Rosada, etc.- igualmente me parece que, aunque más no sea como agradecimiento a su frecuente colaboración, debo sacar la cara (con arrugas incluidas) por él, en esta instancia desfavorable de su era "napoleónica" (porque Sarkozy está viviendo convencido de que es el segundo gran patizo de Francia, a punto tal que no le molesta que los malditos franceses de la maldita oposición hagan una risueña mención a su nariz y lo apoden "Nasoleón")...

Hay que sentir compasión por este hombrecillo a quien un reciente estallido de paternidad le ha mezclado los cables. Su bella Carla -que al casarse con él se anotó en una carrera para ganadoras de una- lo atormenta con sus celos desde que el presidente galo inició un romance económico-financiero con Angela Merkel, a fin de barajar fórmulas que permitan al mundo zafar de una encrucijada nunca vista: una manera cruel de vengarse, ha sido la de decirle, sin anestesia: "De esta criatura recién nacida, te encargarás vos". Y hay que verlo al "Nico", cumpliendo una función indigna de un mandatario europeo de primer plano, que no puede conciliar el sueño angustiado por los chillidos nocturnos que parten de la querida cunita, y lo obligan a levantarse para hacer las veces de hamaca y proceder a un cambio de pañales en mitad de la madrugada. Desde hacía un tiempito, se le escuchaba decir acongojado: "Y yo creía que esto iba a parecerme un paraíso"... La palabrita le zumbaba el día entero, hasta que él se mostró dispuesto a darle circulación universal: tal vez le tentó agregarle un vocablo más, y se decidió por fiscal: armó un lío en el conventillo, de novela.

Mientras desde el socialismo francés aplauden con fervor el gesto "nasoleónico" -signo elocuente, entre otros, de su eliminación protagónica, que se agudiza en tanto se aproximan las elecciones- el gobernante del Elíseo ha anunciado a su pueblo una suba del IVA en compensación por su descenso del VIENE (su reelección): el aumento de la edad para jubilarse, y nuevos impuestos. Como quien dijera que se ha propuesto, a medio año de los comicios, aumentar la simpatía entre sus compatriotas y acrecentar su popularidad.

¡Tanto que se ha preocupado por las finanzas del planeta... y se le da como desde adentro de un gorro... frigio! No se le puede condenar al aislamiento de la escena influyente... Aunque hay rumores de que él mismo tomaría esa medida, y le dijo a Carla: "Si pierdo en las elecciones, te juro que nunca más meteré la nariz en la política".

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