Comedia y talento vocal en una noche rossiniana

Estreno. "El barbero de Sevilla" tiene una excelente versión

 20090826 600x420

ALEXANDER LALUZ

Todo estreno carga con mucha tensión, nervios, la emoción, expectativas acumuladas. En fin, los condicionantes que siempre pulsan al interior de la materia artística. Y este impecable estreno de El barbero de Sevilla no fue la excepción.

Afuera, en la previa, la búsqueda del humor, el disfrute de la comedia, competían con las formalidades del ritual operístico y la expectativa por escuchar a Nancy Fabiola Herrera, una de las figuras estelares de la escena actual de la lírica. Después, abierto el telón y contextualizados por la obertura, lo primero fue superando a los tradicionales acartonamientos y solemnidades.

Gioacchino Rossini condensó en esta pieza introductoria muchos de los materiales musicales que se yuxtaponen y van variando en el tejido de la trama. El espíritu mozartiano revive allí en una escritura pulcra, de cuidadosa concepción formal, salpicada de toques humorísticos, pícaros, que componen ese clima necesario para disfrutar de los enredos entre Rosina, el Conde de Almaviva, el inefable Fígaro, don Bartolo. No en vano a Rossini se lo considera como un heredero del maestro de Salzburgo en materia de ópera bufa.

Sin vueltas retóricas, una luz azul oscuro cubre el escenario. Es de noche. El Conde de Almaviva saca sus mejores armas donjuanescas para conquistar a una bella y joven Rosina. Ya habían establecido contacto a través de cartas, donde el enamorado se hacía pasar por un estudiante. Ahora, en el presente de la obra, la noche sevillana ambienta una serenata ante uno de los balcones de la casa de su enamorada.

La tensión pronto ubica al amor en zona de riesgo. Don Bartolo, tutor de la joven, hará lo imposible por evitar este romance juvenil. Pero el Conde no se quedará atrás. Sus estrategias, tan inteligentes y apasionadas como la del tiránico tutor, se juegan el todo por conquistar a Rosina. Y, como todos ya saben, su pelea correrá con muy buena fortuna.

En este comienzo ya se perfilaba con claridad algunos de los ejes de la puesta dirigida por el italiano Fabio Sparvoli. El barbero de Sevilla es una ópera bufa, muy cercana a lo que hoy conocemos como comedia de enredos. Y en esta zona estilística, hay muchos filones creativos para sacarle un buen partido al humor, sin introducir modificaciones al contexto histórico. Sparvoli aprovechó con inteligencia estos materiales, y se tomó la libertad de jugar y poner a jugar (y a disfrutar) a los protagonistas, salpicando la escena de muchos guiños actuales y complicidades con el público. Es esa "atemporalidad" bien trabajada que subrayara la cantante Nancy Fabiola Herrera (que cantó el papel de Rosina) a El País en reciente entrevista.

Al completar los dos cuadros del acto primero, la propuesta escénica estaba consolidada. Los cantantes habían superado el comienzo algo dubitativo, nervioso, y el disfrute se hacía carne en el humor, en el canto, en los diálogos y recitativos.

El joven tenor uruguayo Martín Nusspaumer fue ganando confianza en su personificación de El Conde de Almaviva y sus disfraces como Lindoro y don Alonso. Su voz se afirmó en afinación y expresividad, aunque se hacía notorio el esfuerzo vocal. El tremendo papel de don Bartolo, un viejo crápula y ambicioso, tuvo una interpretación formidable del barítono Luis Gaeta. Soberbio en la composición de la altanería y despotismo del personaje, Gaeta demostró también que juega muy bien en la cancha desafiante del humor. Rasgo que se destacó (y con creces) en Ariel Cazes cantando a don Basilio, el "socio" de Bartolo, y Omar Carrión con su desopilante Fígaro: ambos aunando con soltura sus técnicas vocales y habilidades escénicas.

Rosina, la joven, inteligente y manipuladora enamorada, reveló no sólo picardía, sino mucha sensualidad y energía en la voz y actuación de Nancy Herrera. Dueña de un voz notable, la mezzo española puso garra y talento para abordar las difíciles líneas melódicas, haciendo gala de una excelente afinación y perfecta articulación. El otro personaje femenino, Berta, la criada de Bartolo, impactó con la interpretación de otro talento de la lírica local: la soprano Silvana Saldías. Sobria, sin grandes despliegues, Saldías demostró esa misma pasión que volcó hace dos años en su actuación en Carmen de Bizet, en este mismo escenario.

El resto de este primer elenco, Carlos Carzoglio, Andrés Prunell, Jorge Scorza, no fue menos. Sus interpretaciones completaron la desopilante puesta, así como el ajustado y transparente ensamble musical que logró el maestro Reinaldo Censabella.

Sin caer en exitismos vanos, simplistas, hay que reconocer que este El barbero de Sevilla es una de las producciones más valiosas de estos cinco años de ópera que llevan el Solís y la Filarmónica de Montevideo. Una propuesta que sacó muy buenos réditos de lo sencillo y directo, para recrear este hiperrevisitado título de Rossini.

Tres signos que agregan valor a esta sólida puesta

Además de las perfomances de los solistas de este primer elenco de El barbero, otros tres elementos agregan valor a la puesta. Primero, la ajustadísima y efectiva actuación del coro del Sodre y sus voces masculinas. Después, la transparente orquestación utilizada, realizada por Alberto Zedda. Y por último, la escenografía e iluminación. La primera, un aporte del Teatro Municipal de Chile, permitió un desarrollo de la acción en las dos plantas de la casa del personaje de don Bartolo, jugando con múltiples planos y profundidades. Esto fue subrayado por una sobria iluminación, diseñada por José Luis Fiorruccio, que ambientaba la trama, los personajes, con efectivos climas minimalistas.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar