Comedia romántica en el atrayente paisaje irlandés

DVD. Se editó la película "Año bisiesto", con Amy Adams

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Guillermo Zapiola

La idea es graciosa, el elenco es competente, y el resultado proporciona una mediana diversión. No se esperen maravillas de "Año bisiesto", comedia que se ha editado directamente en DVD, pero justifica un vistazo de sábado de tarde.

En el centro de la anécdota hay una tradición irlandesa que tiene ya mil quinientos años de antigüedad. Una vez cada cuatro años, en año bisiesto y específicamente el 29 de febrero, las mujeres tienen el derecho, al parecer negado el resto del año, de tomar la iniciativa y proponer matrimonio al hombre que elijan.

La bostoniana protagonista (Amy Adams) arrastra una relación algo imprecisa con un cardiólogo (Adam Scott), y decide tomar control de la situación. Ella espera que el hombre le proponga matrimonio durante una cena, pero en lugar de eso él le envía un par de anillos y emprende un viaje a Dublin para un asistir a un congreso. La mujer resuelve seguirlo y realizar su proposición de 29 de febrero, pero naturalmente todo empieza a salir mal. El avión en que viaja se ve obligado a aterrizar en Gales debido al mal tiempo, y el aeropuerto de Dublin está cerrado. Adams resuelve cruzar hasta Irlanda en un barco de carga, y una tormenta la obliga a desembarcar lejos de su destino. En el único restaurante de los alrededores conoce a un cínico y sarcástico lugareño, Matthew Goode, y termina alquilando sus servicios para que la lleve a la capital.

Lo que sigue es, si se quiere, previsible. Adams y Goode pelean todo el tiempo, deben superar varios incidentes, y tardan un poco en descubrir (el espectador lo sabe desde mucho antes) que están enamorados. Pero el novio "oficial" aguarda en Dublin, y en determinado momento la protagonista deberá enfrentar la inevitable disyuntiva.

¿Una película de fórmula, entonces? Ciertamente que sí. ¿Que no explota cabalmente sus posibilidades? También. Pero los libretistas Deborah Kaplan y Harry Elfort han imaginado el suficiente número de incidentes divertidos a lo largo del trayecto como para que el resultado sea, por lo menos, bastante llevadero.

Sus dos principales cartas son, previsiblemente, el fantástico paisaje irlandés y la química entre sus personajes principales. Del primero casi no hay nada nuevo para decir: la isla es hermosa y fotogénica, y el film (o la realidad) se las arreglan para poblarla con el previsible despliegue de personajes secundarios pintorescos que se encuentran con los protagonistas a lo largo de su trayecto.

Lo de la "química" merece alguna aclaración, porque de hecho lo que Adams y Goode despliegan a lo largo del film es lo que Roger Ebert ha llamado agudamente "química negativa": se pelean maravillosamente mientras ocultan (o no terminan de advertir ellos mismos) sus verdaderos sentimientos. Por supuesto, el verdadero eje es Adams, y hay que seguir teniendo en cuenta a esa joven. Es una actriz fina y sensible, que comenzó haciendo pequeños cuentos de hadas para la Disney (Encantada, 2007) pero ha sabido crecer hasta compromisos más serios: la monjita de La duda (2008), la fanática culinaria de Julie & Julia (2009), las dos veces junto a Meryl Streep. Su trabajo aquí es más liviano pero sale elegantemente del paso, mientras la dirección de Anand Tucker deja correr la historia con adecuada fluidez.

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