Cirque XXI: una buena mezcla de vértigo y comicidad

| Ciclo. Se presenta a tres funciones diarias

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CARLOS REYES

Al ritmo de rock argentino y entre los infaltables vendedores de espirales de colores y tubos fluorescentes, se va preparando la platea para ver a la compañía argentina Cirque XXI, que busca animar al público de Montevideo en esta Semana Santa.

En realidad, la fiesta para los chicos empieza un rato antes en el frente del circo, cuando mientras los padres hacen la fila para entrar, ellos juegan con otros niños que acaban de conocer. Algún perro se suma a las correrías, y unos chiquitos tratan de entrar por un lugar que no está permitido.

Ya junto a la pista, los efectos de humo, y los sonidos de una campana y una flauta, empiezan a crear el clima. Entre los primeros números, el que más impresiona al público es una gran hamaca de metal que permite a los gimnastas dar giros de 360 grados.

Una trapecista voluptuosa, vestida de blanco y dorado, va aumentando la dificultad de sus pruebas hasta las más compleja: quedar colgada como de la nuca y desde esa posición dar vueltas y vueltas.

Las piruetas con el aro dan paso a uno de los mejores trucos: un malabarista que de riguroso traje blanco y negro (con chaleco brillante y zapatos de charol) juega con tres cajas, que luego se convierten en diez.

Desde una batería, un músico acompaña las acciones, mientras un artista baraja tres pelotitas en el aire. Así sube y baja una escalera. Luces rojas y verdes remarcan el número, que llega a su mayor dificultad cuando la sexta pelota entra en juego.

De pantalón amarillo y figura voluminosa, el payaso logra gran comunicación con la platea, alcanzando su pico de humor cuando simula que un dedo de la mano se le hinchó hasta lo inverosímil. Luego viene un llanto descomunal, con el que moja a los espectadores.

También entusiasma mucho a los niños una escena de fantasía, con muñecos que representan a un elefante rosado y otros animales, conejos en su mayoría.

Vuelve la acción con los acróbatas, que con gestualidad ingenua representan escenas de amor. Nuevamente el payaso, con otro número eficaz, que involucra al público, a un perro y a un barril. De nuevo la acrobacia aérea, ahora con música oriental. Los artistas llegan ahora casi a tocar el techo de lona.

Luego una gran red que sirve de tobogán ataja a los artistas que vienen de dar saltos audaces, que son acompañados por el aplauso del público. Entre ellos, un acróbata finge no maneja su oficio, sumando al riesgo, el humor. Así termina la primera parte, luego de una hora de acción.

Quince minutos después empieza el segundo tramo, más corto. En él tienen lugar otros pruebas de alto riesgo, en las que asombra el equilibro entre la simpatía de los artistas y la concentración que ponen en los ejercicios.

Una niña acróbata capta de antemano el cariño del público, y luego se gana la admiración, cuando trepa por una barra vertical que está apoyada sobre un forzudo. El número se repite con variantes. Vuelven los acróbatas aéreos, los malabaristas, y los payasos, para cerrar la función con toda la compañía a pleno. Así, Vértigo hace honor a su nombre, aportando acción a las vacaciones en Montevideo.

i Dónde. Av. Italia y Mariscala (tel. 094431073)

Cuándo. Todos los días, a las 16, 18.30 y 21 horas.

Entradas. Desde $ 160

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