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Si dependiera de Cécile de France, ninguna película de Cédric Klapisch se rodaría sin que ella se asegurara un lugar en el elenco. Desde su primera colaboración en Piso compartido (2002), es siempre la actriz quien toma la iniciativa y llama al director para preguntarle por sus nuevos proyectos. En el caso de Los colores del tiempo, comedia dramática que hoy se estrena en Uruguay, la insistencia le valió un papel secundario, pero decisivo.
Cécile ganó dos premios César por trabajos con Klapisch: actriz revelación por El albergue español y actriz de reparto por Las muñecas rusas (2005). En esta sexta colaboración con el director, la belga interpreta a una historiadora del arte que ayuda a una familia a desentrañar los misterios de una sorprendente herencia familiar.
Presentada en el Festival de Cannes, la película alterna entre la Belle Époque francesa y la hiperconectada actualidad para acercar pasado y presente en la historia de cuatro primos que heredan una casa cerrada desde 1944 y descubren que su historia familiar está íntimamente ligada al nacimiento del impresionismo.
Mientras los herederos desentierran un archivo de fotografías, pinturas y cartas olvidado en la casa, seguimos en paralelo el viaje de una de sus antepasadas, la joven Adèle Meunier (Suzanne Lindon, en la foto principal). En una París repleta de novedades, ella vislumbra el umbral de un mundo nuevo mientras presencia los comienzos de la fotografía profesional y la llegada de la electricidad.
“Cédric es un director humanista, maravilloso para los actores, muy fiel a las personas con las que trabaja”, dice France. “Me deja trabajar con mucha libertad, me hace inventar sin perder la credibilidad”.
El personaje de Cécile de France está inspirado en una historiadora del arte conocida por publicar videos sobre impresionismo en YouTube. Para evitar una imitación caricaturesca de la figura real, cuya identidad prefiere no revelar, la actriz siguió la única indicación de Klapisch: autenticidad emocional. Se sumergió en libros, revistas e investigaciones sobre el impresionismo y la Belle Époque hasta llegar a creer ella misma en la pasión de su personaje por el tema.
La preparación no era exactamente un territorio desconocido. En 2024, Cécile interpretó a la pintora Marthe de Bonnard en La musa de Bonnard, biografía cinematográfica del artista Pierre Bonnard también ambientada a fines del siglo XIX. Durante el rodaje, la actriz llegó a aprender técnicas de dibujo con pastel para darle mayor veracidad al personaje.
En una de las escenas más excéntricas de Los colores del tiempo, los primos y la historiadora alucinan un viaje al pasado mientras consumen ayahuasca. Los dos espacios temporales de la película se encuentran y el personaje de Cécile se ve en medio de la polémica Primera Exposición Impresionista de 1874, defendiendo a Claude Monet de las críticas. Fue en esa escena cuando la actriz entendió el pedido de Klapisch de sinceridad.
“Cuando la película entra en otra dimensión temporal, la emoción del personaje al darse cuenta de que está frente a aquella época y a aquellos pintores que siempre admiró tenía que ser completamente verdadera”, dice. “Era necesario que realmente me emocionara. Una vez más, Cédric acertó”.
Bajo la superficie de la comedia, Los colores del tiempo propone una discusión sobre la manera en que un país se relaciona con su patrimonio cultural. Mientras los herederos discuten una propuesta para transformar la antigua casa familiar en un estacionamiento, el director contrapone la lógica de la explotación comercial con la idea de un pasado que continúa vivo, capaz de dialogar con el presente en lugar de permanecer congelado en museos o postales.
La reflexión sobre memoria, herencia y transmisión tiene un peso particular en París, una ciudad cuya identidad se construye en torno a la preservación de su historia. Cécile se mudó allí a los 18 años y, más de dos décadas después, todavía se siente una “invitada”, acogida por una gran tradición artística y cultural.
“Siento que tengo mi lugar allí como artista, en una ciudad que reúne a tantos artistas extraordinarios”, dice. “Lo hermoso es que Cédric, siendo un verdadero parisino, transforma ese orgullo en algo positivo. Lo convierte en un mensaje lleno de amor, belleza, poesía y alegría. No adopta una actitud de decir: ‘Fuimos nosotros quienes inventamos todo, quienes revolucionamos la pintura’ Lo hace, como los impresionistas, de una manera humana, mirando la vida cotidiana y a las personas comunes”
Cécile dice ver su vida y su carrera como un tránsito en dos tiempos. A los 51 años recién cumplidos, se ve, como los personajes de la película, en las puertas de un mundo nuevo, al mismo tiempo estimulada y preocupada.
“Siento que llegué a la mitad de la vida”, dice. “Es una nueva energía, un nuevo ciclo, en el que también existe un deseo mayor de transmitir. Vivimos una época de grandes transformaciones y nadie sabe exactamente qué vendrá después. Por eso no quiero ser ni pesimista ni optimista”.